domingo, 5 de junio de 2011

La cruda

(Todd Phillips, Estados Unidos, 2009)

Cuando esta película se estrenó, con el nefasto título de ¿Qué pasó ayer?, fui a verla más que nada por todo el hype y la expectativa que se había generado a su alrededor. La comedia gringa, tras varios años de estar devaluadísima, se ha estado levantando poco a poco y quería ver si este filme formaba parte de esa tendencia. Fui con cierta desconfianza, temiendo que fuera algo muy vulgar pues la premisa daba para justificar excesos de mal gusto de sobra.


La cinta empieza bien, con las contestadoras de varios celulares cuyos dueños no responden. Luego, por fin una respuesta: la ansiosa novia recibe la llamada de uno de los amigos y éste le dice que perdieron a su prometido y que no podrán llegar a la boda. Hacemos un salto a dos días atrás y nos enteramos que un hombre, su futuro cuñado y sus dos mejores amigos decidieron festejar la despedida de soltero en la ciudad del pecado, Las Vegas. Entonces, la noche de su llegada, este grupo de hombres en busca de diversión sube a la azotea del hotel y brinda "por una noche que nunca olvidarán." En lo que probablemente es el mayor acierto de la película, la siguiente toma es una vista aérea de la avenida principal con todos sus hoteles hasta que amanece, evitándonos la noche de atrocidades y desfiguros. A la mañana siguiente, sólo podemos ver las evidencias de una bacanal que incluyen: una gallina, un tigre, cosas inflables, un bebé, un diente ausente, una patrulla robada y una carencia total de memorias. Además de que falta el novio.


A partir de este punto, nuestros protagonistas deben reconstruir poco a poco los eventos de la noche anterior para descubrir el paradero de su amigo perdido y llevarlo a tiempo a su boda. Del mismo modo que Perros de reserva (Reservoir Dogs, Quentin Tarantino, Estados Unidos, 1992), en la que nunca vemos el robo y es a base de diálogos que nos enteramos de lo que sucedió, esta película evita los lugares comunes y de manera bastante sutil nos presenta una historia entretenida y divertida que logra hacernos reír sin tener que recurrir a extremos trillados. Al igual que el resto de las películas comerciales norteamericanas, ésta se encarga de ejemplificar y reforzar el status quo socialmente aceptado en nuestros tiempos. Al final los males se "corrigen" y los bienes se preservan.


Con motivo del estreno en salas de la secuela a esta película, volví a verla en vídeo. Debo admitir que la recordaba mucho más sofisticada y que sí tiene bastantes vulgaridades, pero de cualquier forma es una buena comedia que vale la pena ver.

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