sábado, 11 de junio de 2011

Función doble de villanos: Megamind y Despicable me


El pasado fin de semana decidí ver dos películas que se estrenaron el año pasado pero, dadas las deficiencias de la distribución en nuestro país, no pude ver en su versión original hablada en inglés. Gracias a la magia de las ediciones en dvd por fin pude disfrutar de estas dos cintas animadas.


Megamente (Megamind, Tom McGrath, Estados Unidos, 2010) es una película bastante disfrutable. Por no estar dirigida específicamente al público infantil, siento que su alcance es mucho mayor. Tomando muchos elementos de la "mitología" de Superman, se nos presenta al personaje titular, el cual es arrojado de su planeta condenado (con todo y su secuaz, Minion) en una cápsula de escape. Tal vez su destino hubiera sido uno de grandeza, de no haber sido por un bebé del planeta vecino al cual le tocaron las cosas buenas en la vida y creció para convertirse en el hijo predilecto de Metrocity, Metroman. Habiendo caído en la cárcel en lugar de en una mansión lujosa, Megamind crece con una visión muy distinta de la vida.


Con el tiempo, ambos personajes -héroe y villano- desarrollan una enemistad típica en la cual Megamind planea acabar con su némesis para terminar siendo derrotado por este, sólo para escapar de la cárcel para intentarlo una vez más, llegando al extremo de lo monótono y lo predecible. Es así que, cuando logra su cometido, su vida pierde tanto objetivo como sentido. Entonces se plantea la necesidad de un campeón para hacerle frente a su acto de villanía, ya que hacer el mal no es tan divertido si no tienes a alguien que intente (y generalmente logre) frustrar tus planes.

Simplemente AMO esta parodia de Obama...

Pero las cosas no son tan sencillas en la realidad. A la vuelta del tiempo, Megamind se encuentra cuestionando su papel como villano en un mundo que no parece necesitar de uno. Más que nada, la película se trata de cómo uno tiende a hacer lo que el resto de la gente espera, independientemente de si es lo que quiere o no. Con varios giros que resultan francamente inesperados, le da la vuelta al subgénero de superhéroes y nos da una historia fresca, divertida y a la vez emocionante. También el soundtrack rockero es digno de mención.


Mi villano favorito (Despicable me, Pierre Coffin & Chris Renaud, Estados Unidos, 2010) es, más que una película de supervillanos, una de espías malvados. Gru, el protagonista, es un tipo antisocial que se divierte haciendo el mal porque le da la gana. Los villanos en este mundo se dedican a cometer proezas de maldad dudosa, como robar monumentos y cosas similares. Para hacerse de gran fama y renombre, Gru decide robar la luna, crimen que opacará al resto de la comunidad maligna.


Pero Gru tiene un pequeño problema: una nueva generación de villanos con juventud y nuevas ideas está acaparando la escena. El Banco del Mal (reí sin parar con este concepto) se muestra renuente a otorgarle un préstamo para llevar a cabo sus planes, con justificaciones que hablan de eficiencia y oportunidades en el mundo competitivo de hoy en día. Así las cosas, debe enfrentarse a Vector, quien es a Gru lo que la Mac es a la PC (al igual que el binomio Eva/WALL-E). Para este fin, incluye como parte de su plan adoptar a tres adorables huérfanas para infiltrarlas en la guarida de su enemigo.


Con lo que no contaba era que los encantos de las niñas probarían ser demasiado para su corazón de piedra. Sus actividades paternales empiezan a interferir con su plan, por lo que el Doctor Nefario las quita del camino. En una lección que nos enseña que el triunfo no es nada sin seres queridos con los cuales compartirlo, la película nos muestra una transformación en el personaje principal que en realidad no lo es: en lugar de hacer una transición de malo a bueno, en realidad pasa más bien de incomprendido a aceptado. Gru en ningún momento deja de ser un malhechor, simplemente se da cuenta de que se divierte más haciendo sus "travesuras" acompañado. Al igual que la otra película aquí reseñada, las expectativas de otros juegan un papel muy importante en el comportamiento de los personajes.

Esta pivellina es Miranda Cosgrove, quien prestó su voz a la pequeña Margo.

También la música de esta película es notable, a cargo de Pharrell Williams de los Neptunes. La canción del inicio, con el mismo nombre de la película, es muy agradable con su mezcla de elementos del sonido del cine de espías, el R&B y el hip hop contemporáneo. Y los minions, esas extrañas criaturas amarillas que cumplen las órdenes de Gru, se llevan la película y ocasionan más de una carcajada. Y debo agregar que la versión en español, con el talento de Andrés Bustamante, no está nada mal... pero siempre preferiré ver las películas en su idioma original.

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