martes, 15 de febrero de 2011

Temple de acero

(True Grit, Joel & Ethan Coen, 2010)

A lo largo de su carrera, los hermanos Coen han tenido varios aciertos y uno que otro desatino. Desde 2007, con No Country for Old Men, han tenido una racha bastante buena tanto con la crítica como en las nominaciones a premios. Esto nos trae a su décimo quinto largometraje, al cual titularon (no tan desafortunadamente como de costumbre) en nuestro país como Temple de acero.


A pesar de que se pueda pensar que es un remake de la película de 1969, dirigida por Henry Hathaway y estelarizada por John Wayne, se trata más bien de la segunda adaptación cinematográfica de la novela de 1968 de Charles Portis. No he tenido ocasión de ver la primera versión ni de leer la novela, pero se supone que esta nueva cinta es más cercana en tono y en desarrollo al libro y no lo dudo, pues la antes mencionada No Country for Old Men es prácticamente idéntica a su contraparte de papel y tinta. Los Coen parecen enorgullecerse de ser extremadamente fieles a su material fuente.


Esa misma fidelidad a las historias originales puede ser el mayor "defecto" de la película aquí reseñada, pues al final no le hubiera caído mal una pequeña actualización. Supongo que visto en el contexto de 1968 podría ser apropiado, pero hoy en día se siente un poco flojón e insatisfactorio. Además, también se aleja de los característicos finales irónicos en la filmografía de los Coen, sin su casi tradicional comentario sobre lo azaroso y aparentemente injusto y cruel de la realidad en que vivimos.


De igual modo, la realización de la película es bastante tradicionalista. Se apega por completo a los lineamientos del western, sin variar ni actualizar nada. Vamos, no intenta descubrir el hilo negro ni reinventar el género; después de todo, es la primera vez que estos cineastas hacen una cinta completamente de género y se dedicaron a ello con amor a los clásicos más que ninguna otra cosa. Las actuaciones son bastante competentes, en particular las de Josh Brolin como el asesino bruto, Hailee Steinfield como la insoportable adolescente testaruda que busca justicia o venganza y Jeff Bridges, quien se lleva la película como el vaquero curtido, borracho y experto que todo lo puede. Matt Damon se siente medio fuera de su elemento, no entiendo qué hacía en esta película.


Algo que definitivamente NO me gustó fue el uso de la música. Me pareció demasiado redundante, además de que resulta excesiva. Siento que se abusa de la música incidental en muchas escenas y un soundtrack más austero podría haber creado un tono mucho más sobrio y oscuro. Eso sí, los Coen conservan su manera cruda de mostrar la muerte y la violencia, y muchas de las secuencias cuentan con su innegable sentido de coreografía escenográfica. En general es una película bastante disfrutable, nada espectacular, y con una especie de epílogo que tal vez hoy en día no era necesario incluir.


¿Que de qué se trata? Ah, cierto, es la historia de una niña ruda de catorce años que contrata al alguacil Reuben J. "Rooster" Cogburn para dar caza al asesino de su padre. Se les une un Texas ranger que persigue al mismo hombre y se sucede una serie de muertes típica de la vida en el Salvaje Oeste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario