domingo, 20 de febrero de 2011

Las aventuras de Max y su ojo submarino


El año pasado se reimprimió este libro publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2007, el cual recopila varios poemas infantiles de Luigi Amara con ilustraciones de Jonathan Farr. Los temas y el estilo gráfico me recordaron mucho a La melancólica muerte del chico ostra, aunque estos poemas no comparten el patetismo y la crueldad del libro de Burton.


El libro está dividido en tres partes. La primera, Un ojo demasiado inquieto, nos cuenta como a Max un buen día se le salió el ojo derecho de tanto tallárselo. Afortunadamente, no le resultó doloroso. Sorprendentemente, podía segui viendo con ese ojo, aunque no estuviera en su cabeza. De este modo, su ojo tiene aventuras y Max puede contemplarlas desde la comodidad de su casa.


La segunda parte, Retrato de familia, es una serie de poemas sobre los familiares de Max, incluyendo al abualo calvo y su mundo de cabeza, la tía Lirona y su insomnio crónico, mamá Lucila y su fobia a comer animales, y otros.


La tercera y última parte se titula Los poemas del ojo, y narra lo que éste encontró una vez que se fue al mar. Ballenas, anguilas eléctricas, una morsa vagabunda y otros animales conforman lo que el ojo derecho de Max pudo presenciar en su viaje sin retorno.

Como ya es tradición cuando reseño "palabras," compartiré a continuación parte del libro, mi poema favorito. A leer:

BARTOLO, EL GATO QUE HUÍA DE SÍ MISMO
(Y que alguna vez se llevó muy lejos
el ojo de Max amarrado a su cabeza)

Cansado de ser un gato
-un gato como ya hay tantos-
jugaba que era un perico,
un cuervo o un zopilote...

De tanto pensar en aves,
se relamía los bigotes.

En vez de morder su cola
-y perseguirse a sí mismo-
fingía que un monstruo peludo
quería taparle la boca...

Girando hasta el infinito,
¡la cola se volvió loca!

Su suelo era aquella mosca
que se posa en cualquier parte...
¿cómo dominar el aire,
ser amo y señor del techo?

Torció tanto la cabeza
que ya no andaba derecho.

Los perros y los ratones
huyen de ese gato absurdo,
que gusta del queso rancio
y le ladra a los abismos...

El gato huye de su sombra,
y al alejarse es él mismo.

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