domingo, 10 de julio de 2011

Resumen de cine: Cartelera comercial


Continuando con los resumenes para ponerme al día con mis reseñas, toca el turno a algunas cosas de reciente estreno en la cartelera comercial. Las tres películas reseñadas aquí son de dudosa calidad, véanlas bajo su propio riesgo.


Comienzo con la peor, un auténtico bodrio: Después de la vida (After.Life, Agnieszka Wójtowicz-Vosloo, Estados Unidos, 2009). En mi mente, vi una película bastante decente que no tiene ningún elemento de suspenso ni de horror, simplemente una interesante reflexión que parte de la premisa de un dueño de funeraria que puede hablar con los muertos y les ayuda a prepararse para dejar este mundo. Desafortunadamente, en la realidad la película confunde al espectador introduciendo dichos elementos que no vienen al caso, lo marea con una supuesta vuelta de tuerca que a la mera hora no queda claro si sí era o no, lo aturde con un exceso de elementos rojos para que le quede claro el leit-motif de la sangre e intenta distraerlo con un exceso de desnudez por parte de Christina Ricci para evitar que note los huecotes en el guión escrito por tres (sí, ¡tres!) guionistas. O tal vez mostrar a la actriz en su traje de Eva era una compensación a manera de disculpa por someter al público a tan deplorable obra. Asco total.


También vi El dilema (The Dilemma, Ron Howard, Estados Unidos, 2011). En un principio ni siquiera quería verla, pero supongo que vi el trailer tantas veces que me resultó inevitable (sí, fui víctima de la mercadotecnia). No está tan mal, es justo lo que cabe esperar: una comedia ligera sobre un tipo que descubre a la esposa de su mejor amigo con otro hombre y se ve ante la dificultad de ser quien se lo comunique. Lo que no vemos en los avances y enriquece al menos un poquito a la cinta es la relación entre el protagonista y su novia (la nubilísima Jennifer Connelly), a la cual no se anima a proponerle matrimonio, y el pasado que tiene como apostador compulsivo. Tiene uno que otro momento ligeramente gracioso y bastantes momentos en que abusan de diálogos largos y hartantes, pero hasta ahí. Es una película para machos: enaltece la amistad entre hombres, los coches, los deportes, etcétera. Y así como en las chick flicks existe ese mítico ser llamado el "hombre sensible," aquí tenemos una criatura igualmente imaginaria: la mujer comprensiva.


Para terminar con esta reseña múltiple, les hablaré de Mi otro yo (The Beaver, Jodie Foster, Estados Unidos, 2011). Con un título que podría ser de una película porno (el original, no la horrible traducción) y una absurda premisa que podría pertenecer a una película de serie B, no podía dejar de verla. Me reí casi tanto como con Crepúsculo (Twilight, Catherine Hardwicke, Estados Unidos, 2008), el problema es que ninguna de las dos es comedia. Walter es un cincuentón que está deprimido, tanto que su esposa lo corre de la casa. Va a un hotel, se embiraga e intenta suicidarse; pero un títere de castor que encontró en un basurero (y estaba bastante limpio) le empieza a hablar desde su mano (curiosamente, con un jocoso acento británico). Así es como salva su vida y decide ponerla en orden. Recupera a su esposa (y tienen sexo grupal-zoofílico con el castor, ¡que incluso jadea al terminar el acto!) y también su trabajo (donde todos piensan que se volvió loco pero le dan el avión). Mel Gibson actúa bastante bien, aunque no logra caracterizar la auténtica desesperación de alguien que se odia tanto que ya no quiere ser él mismo. Si no quieren que les arruine el final, no resalten lo siguiente: en un giro final propio de filme de bajo presupuesto, tras una encarnizada pelea entre hombre y castor (no olvidemos que es sólo su mano), ¡Walter decide amputarse el brazo para librarse de la influencia maligna del roedor! Por todos estos motivos, recomiendo la película (aunque sean todos los motivos equivocados).

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