miércoles, 6 de julio de 2011

The Mask Omnibus vol. 1


Seguramente todos vieron la película de 1994, dirigida por Chuck Russell y protagonizada por Jim Carrey. Lo que tal vez no sabían es que es una adaptación de un comic escrito por John Arcudi y dibujado por Doug Mahnke, publicado en 1989 y que tuvo varias secuelas entre 1991 y el año 2000. Los trades originales eran muy difíciles de conseguir; afortunadamente, Dark Horse lanzó una serie de omnibuses que recopilan muchos de los primeros comics que publicaron, entre ellos éste.


El concepto original, ideado por Mike Richardson, es el de una máscara que le da a quien la porta la capacidad de alterar la realidad a voluntad, junto con una invulnerabilidad que raya en la inmortalidad. El lado negativo del asunto es que el artefacto parece ejercer una influencia maligna en el portador, alterando su percepción de la realidad y dándole tendencias destructivas y homicidas. Es así que, sin importar las buenas intenciones que pueda tener el usuario, cuando la máscara entra en juego el caos y la muerte no están lejos.


Al igual que en la película, la historia inicia con Stanley Ipkiss, un perdedor cualquiera que aprovecha la ocasión para desquitarse de todos los que han hecho su vida miserable. A diferencia de la versión fílmica, aquí Ipkiss lleva a cabo auténticas carnicerías... y muere, pasándole el peso de cargar con la máscara a alguien más. En este primer omnibus (hay dos) se reimprimen las primeras tres miniseries. El nivel de violencia retratado es extremo y al mismo tiempo gracioso. Mientras Dark Horse buscaba su propia voz, no se limitaban en dar rienda suelta a sus impulsos creativos.


Algo que disfruto mucho de este comic es que podemos ver cómo evoluciona el estilo gráfico de Mahnke, desde unos trazos muy burdos al principio hasta llegar al estilo detallado que aún hoy en día maneja, el cual me recuerda a mi favorito Frank Quitely, así como también a Geoff Darrow e incluso a Katsuhiro Otomo. Para la tercera miniserie incluida en el volumen, el tono baja un poco y se vuelve menos hostil y más ligero; también la máscara cambia de portador con mucha mayor frecuencia y se resuelve definitivamente el antagonismo con el personaje de Walter, un gigantón frankensteiniano recurrente en las primeras dos minis. Sean o no conocedores de comics o de la película, vale la pena darle una revisada a este clásico moderno.

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