Hace varios meses volví a ver la adaptación fílmica que hizo Wes Anderson a este libro y por fin pude leer la versión original. No hay gran cosa que decir, tratándose de un álbum infantil la historia es muy breve y sencilla, de pocas páginas y muchas imágenes (aunque la edición que leí prescinde de las ilustraciones y recurre a fotos de la película, lo cual se me hace un tanto barato). Curiosamente, la versión literaria glorifica al ladrón con buenos motivos, mientras que condena y ridiculiza a los empresarios avariciosos. Esperaba más del libro, estoy acostumbrado a leer cosas un tanto más oscuras de Roald Dahl.
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sábado, 24 de diciembre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
El diablo me obligó
Si hemos de creerle al texto al final de la novela, este libro -que recién vio la luz este año dentro del sello Suma de Letras, de la editorial Santillana- surgió de manera similar al Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) de Mary Shelley y El vampiro (1819) de John William Polidori. Tras una noche en Monterrey, en la cual tuvo lugar una charla sobre cazadores de demonios, Edgar Clement, Francisco Ruiz Velasco y el autor de la novela aquí reseñada, Francisco G. Haghenbeck, se propusieron escribir sus propias versiones del mismo tema. Haghenbeck ya antes había utilizado algunos de estos conceptos en el comic Crimson, del sello Cliffhanger y posteriormente de Wildstorm, que fue publicado a finales de los años 90. Clement los incorporó en sus novelas gráficas Operación Bolívar (Editorial Palneta, 1995) y Kerubim (Caligrama, 2007). Se supone que Ruiz Velasco está trabajando en un largometraje inspirado en las mismas ideas.
Elvis Infante, un chicano bastante entrañable, es un diablero: se dedica a capturar ángeles y demonios para su posterior venta a diversos interesados que los emplean para muchas cosas, que van desde la elaboración de drogas y bebidas alcohólicas (el infame chínguere) hasta su esclavización y uso en círculos de peleas clandestinas y apuestas estratosféricas. A él se unen el padre Benjamín -un sacerdote sin fe y con mucha suerte con las mujeres-, la Curlys -una prostituta que "vende" su cuerpo para ser poseída por demonios que son subsecuentemente capturados-, el capitán Potocky -un militar de ascendencia polaca que introduce a Infante a su verdadera vocación-, Trou Macaq -un negro del bayou con falso acento y más falsas lealtades- y muchos otros personajes igual de pintorescos en una historia de conspiraciones y realidades ocultas. Utilizando artículos ficticios, noticias y correspondencia entre altos mandos se construye una realidad parecida a la nuestra, pero mucho más siniestra.
Como ya antes ha hecho en otras de sus obras, Haghenbeck nos presenta un desarrollo que no es estrictamente cronológico, empezando en el presente para ir saltando hacia atrás y adelante, construyendo dos narrativas principales: una de hace un año en Los Ángeles y otra de cinco años atrás en las cuevas de Afganistán. A pesar de que dichos saltos temporales no crean confusión, tampoco aportan gran cosa a la trama, pues la información revelada en posteriores entregas de una línea temporal no afecta de ninguna manera a las otras. De igual manera, siento que me quedó a deber pues esperaba un desenlace en el cual convergieran las tramas pero cada cual tiene su conclusión por separado. Lo cual no es malo, pero siento que tenía potencial para más. También siento que el final deja demasiados cabos sin atar, deja las puertas muy abiertas como para una serie de secuelas. Eso me gustaría, pero hubiera preferido una obra autocontenida en sí misma. Otra queja es la muy deficiente edición, con muchos acentos que sobran o faltan y nombres que van perdiendo o ganando letras, como Von Raylond, que se vuelve Von Rayond e incluso en algunos pasajes llega a ser Von Rayon. Si bien esto no es defecto de la historia, este tipo de fallas rompen la magia de la narrativa al sacar al lector del trance.
Como ya antes ha hecho en otras de sus obras, Haghenbeck nos presenta un desarrollo que no es estrictamente cronológico, empezando en el presente para ir saltando hacia atrás y adelante, construyendo dos narrativas principales: una de hace un año en Los Ángeles y otra de cinco años atrás en las cuevas de Afganistán. A pesar de que dichos saltos temporales no crean confusión, tampoco aportan gran cosa a la trama, pues la información revelada en posteriores entregas de una línea temporal no afecta de ninguna manera a las otras. De igual manera, siento que me quedó a deber pues esperaba un desenlace en el cual convergieran las tramas pero cada cual tiene su conclusión por separado. Lo cual no es malo, pero siento que tenía potencial para más. También siento que el final deja demasiados cabos sin atar, deja las puertas muy abiertas como para una serie de secuelas. Eso me gustaría, pero hubiera preferido una obra autocontenida en sí misma. Otra queja es la muy deficiente edición, con muchos acentos que sobran o faltan y nombres que van perdiendo o ganando letras, como Von Raylond, que se vuelve Von Rayond e incluso en algunos pasajes llega a ser Von Rayon. Si bien esto no es defecto de la historia, este tipo de fallas rompen la magia de la narrativa al sacar al lector del trance.
Con una clara influencia de Clive Barker (de la cual me percaté), un humor reminiscente a Robert Rodríguez y un gusto por las historias de Alan Moore (los cuales no hubiera notado de no ser por la nota del autor), este libro tiene pasajes de auténtico horror y es bastante divertido, con varios personajes memorables y un ritmo ligero que facilita su lectura. Pero me siguen gustando más las novelas históricas de Haghenbeck, como El código nazi (Editorial Planeta, 2008) y, mi favorita, Trago amargo (Editorial Planeta, 2006).
Para no perder la costumbre, transcribiré mis fragmentos favoritos de la obra:
-Sólo son criaturas, como los dinosaurios. Existieron y funcionaron. Nosotros los humanos los adorábamos por no comprenderlos, como hacíamos con la tormenta o con un volcán. Los olvidamos y se convirtieron en adversarios de los cristianos -explicó el capitán sin dejar si sonrisa. Continuó su monólogo mientras guardaba algunos libros-: Debes entender algo, cabo Infante, este mundo ya no es el mismo que creó Dios. Ya no necesitamos ni ángeles, ni demonios. Son piezas de decoración obsoletas. ¿Quién se preocupa porque los atrapemos? ¿Qué persona se inquieta por los muebles usados?
-Si lo vas a hacer, hazlo bien, Infante. Recuerda que el mundo está lleno de demonios traicioneros y mujeres dolidas.
Pero era demasiado simple. Las cosas oscuras nunca son así, sino complicadas como la forma de pensar de una mujer, como las sospechas de una amante, como las envidias de una niña. El destino era femenino, por lo tanto, incomprensible.
El padre Benjamín salió de la mansión Von Rayond. Iba arrastrando las piernas. Se percibía vencido, apaleado por cada mala decisión tomada en su vida. Se sentó en las escaleras y comenzó a llorar. Las lágrimas fácilmente brotaron de sus ojos. No eran las muertes, ni la locura que dejaba atrás. Ésa ya estaba en sus venas nadando sin tapujos para nunca más dejarlo. Lo que más le dolía era que Schmitz se había ido creyendo que realmente él era un exorcista, que su cliente era un paranoico y debería agradecerle el haber salvado a su hijo. Lloró porque comprobó que el pecado sí paga, que los pecadores pueden salirse con la suya y ser perdonados por el destino. No había razones para continuar profesando una de en la que Dios era condescendiente con sus feligreses, e inclusive hasta cómplice de éstos.
-¿Por qué renunció?
-Porque me di cuenta de que la maldad humana no se ve. Está en nosotros como un órgano. Igual que el corazón o los pulmones. Los viejos dicen que no se puede engañar al Diablo, pero es mentira. Al que no se puede engañar es a Dios -comenzó a narrar bajándose de la comodidad del asiento. Se plantó junto al cabo Infante, Le sacó de su bolsillo un cigarro y lo prendió. Dejó que el tabaco se tornara en color atardecer-. Dios dejó libre a Satanás pues supuestamente iba a tentar a la humanidad. Sería el gran juego: Dios contra el Diablo. Pero lo que nadie sabía es que poseía el partido amañado. Había comprado desde mucho antes a los jugadores, a los hombres: cuando creó a la humanidad, le otorgó maldad, mucha, inclusive mayor que la del Diablo. Volvió así inservibles a los demonios que los tentarían, incluso a los ángeles que pregonarían su bondad. Con el pretexto del libre albedrío, se cargó todas las instituciones espirituales. Dios fue el primer anarquista de la historia.
-¿Por qué renunció?
-Porque me di cuenta de que la maldad humana no se ve. Está en nosotros como un órgano. Igual que el corazón o los pulmones. Los viejos dicen que no se puede engañar al Diablo, pero es mentira. Al que no se puede engañar es a Dios -comenzó a narrar bajándose de la comodidad del asiento. Se plantó junto al cabo Infante, Le sacó de su bolsillo un cigarro y lo prendió. Dejó que el tabaco se tornara en color atardecer-. Dios dejó libre a Satanás pues supuestamente iba a tentar a la humanidad. Sería el gran juego: Dios contra el Diablo. Pero lo que nadie sabía es que poseía el partido amañado. Había comprado desde mucho antes a los jugadores, a los hombres: cuando creó a la humanidad, le otorgó maldad, mucha, inclusive mayor que la del Diablo. Volvió así inservibles a los demonios que los tentarían, incluso a los ángeles que pregonarían su bondad. Con el pretexto del libre albedrío, se cargó todas las instituciones espirituales. Dios fue el primer anarquista de la historia.
domingo, 18 de septiembre de 2011
El vino del estío
En definitiva, Bradbury es ahora uno de mis autores favoritos. Este libro, publicado en 1957, es simple y sencillamente mágico. Por varios motivos. Para empezar, es sobre la magia de la infancia, sobre esa etapa en que todo está cubierto por un hálito de misterio y descubrimiento, cuando todo es posible y maravilloso. También habla sobre la magia en la que creen los niños, cuya imaginación otorga verdad a las supersticiones, a lo fantástico. Además, de alguna forma -seguramente no planeada- también aborda el tema de la magia verdadera, la que está al alcance de cada uno de nosotros: esa magia que consiste en rituales, en crear la realidad día a día, colectiva o individualmente. Por último, y tal vez de mayor importancia, está la magia del autor, quien es creador y re-creador de su mundo ficticio y sus memorias respectivamente, y de este modo también altera su realidad.
La novela da inicio con Douglas Spaulding, de doce años, en el amanecer del primer día del verano de 1928. Por medio de un rito hace que su pueblo cobre vida, ordenándoles levantarse y proceder a sus correspondientes actividades. A su vez, el final cierra cíclicamente con Doug mandando a todo mundo a dormir cuando la estación termina, dictando su final definitivo. Pero durante esos tres meses muchas cosas pasan: se da cuenta, cabalmente, de que está vivo y, por ende, de que algún día habrá de morir; se ve confrontado al temor a la muerte, a la pérdida de amigos, familiares y conocidos, a la decepción del mundo y la tecnología, al desamor ajeno; pero también aprende sobre el valor de las cosas pequeñas, lo interminable de lo cíclico, la existencia infinita de la vida a través de la memoria y el heroísmo. Ultimadamente, decide seguir viviendo, pero aceptando los aspectos negativos también.
Como otras de sus obras, este libro está compuesto por varios relatos que se entrelazan en una narrativa mayor. La novela abunda con descripciones hermosas, añoranza por el pasado y un ligero desprecio a la modernidad, reivindicando el valor de las tradiciones sin negar el progreso. A pesar de ser ligeramente autobiográfica, no está exenta de tener tintes fantásticos y hasta de horror, con todo y un asesino serial y un temor sobrenatural a la muerte.
Para celebrar que esta es mi reseña número doscientos, ahora compartiré con ustedes una cantidad de fragmentos mucho mayor que lo acostumbrado. Espero lo disfruten. Los comentarios entre paréntesis son míos, para darles una idea del contexto.
(Una mañana, Doug, su padre y su hermano Tom salen a cosechar fresas. Douglas despertó presintiendo que ese día ocurriría algo importante y, tras una breve pelea amistosa con su hermano, tumbado en el piso, tiene una revelación:)
El mundo, como el iris gigante de un mundo aún más gigantesco, que también acababa de abrirse, agrandándose para abarcarlo todo, le devolvía la mirada. Douglas supo que había saltado sobre él y ya no se iría.
Estoy vivo, pensó.
Le temblaron los dedos, brillantes de sangre, como los jirones de una extraña bandera, recién encontrada y nunca vista, y se preguntó a qué país debería agradecer el homenaje. Reteniendo a Tom, pero sin saber que estaba allí, se tocó esa sangre como si pudiera pelarla, sostenerla, darla vuelta. Luego soltó a Tom u se acostó de espaldas con la mano en alto, y en su cabeza los ojos miraron como centinelas por las troneras de un raro castillo a lo largo de un puente, su brazo, los dedos donde el brillante penacho de sangre temblaba a la luz.
-¿Estás bien, Douglas? -preguntó Tom.
La voz venía de un pozo de moho verde, de algún lugar sumergido, secreto, alejado.
La hierba murmuraba bajo el cuerpo de Douglas. Bajó el brazo, con su vaina de pelusa, y sintió, muy lejos, allá, los dedos que crujían en los zapatos. El viento suspiró en los caracoles de las orejas. El mundo se deslizó brillantemente por la superficie vidriosa de los ojos, como imágenes centelleantes en una esfera de cristal. Las flores eran de sol y encendidos puntos celestes, esparcidas por el bosque. Los pájaros aleteaban como piedras que golpeasen la superficie del vasto e invertido estanque del cielo. El aire pasaba con violencia entre los dientes, entrando como hielo, saliendo como llamas. Los insectos conmovían el aire con una claridad eléctrica. Diez mil cabellos crecieron un millonésimo de centímetro en la cabeza de Douglas. Oyó los corazones gemelos que le golpeaban los oídos, el tercer corazón que le golpeaba la garganta, los dos corazones que latían en las muñecas, el corazón real en el pecho. La piel se le abrió en un millón de poros.
¡Estoy realmente vivo!, pensó. ¡Nunca lo supe, y si lo supe no recuerdo!
(Como Douglas no regresa a casa y ya es de noche, Tom y su madre salen a buscarlo. Se detienen a la orilla de la siniestra cañada:)
Aquí y ahora, abajo, en aquel pozo de salvaje negrura había algo que Tom nunca conocería o entendería. Criaturas anónimas que vivían a la sombra de los árboles, en el olor de la podredumbre.
Y él y su madre estaban solos.
La mano de su madre tembló.
Tom sintió el temblor... ¿Por qué? Ella era más grande, más fuerte, más inteligente que él, ¿no? ¿Sentía ella, también, aquella amenaza intangible, aquello que asomaba en la sombra, aquella malignidad agazapada? Entonces, ¿no traían fuerzas los años? ¿No había un refugio seguro en la vida? ¿No había ciudadela carnal capaz de resistir los confusos asaltos de las medianoches? Las dudas asaltaron a Tom. Sintió otra vez el helado en la garganta, el estómago, la espalda y los miembros. Se sintió de pronto tan frío como un viento escapado del mes de diciembre.
Comprendió que todos los hombres eran así, que todos eran seres únicos y solitarios. Una unidad, una unidad entre otros, siempre con miedo. Como aquí, ahora. ¿Si gritara, si aullara pidiendo auxilio, importaría realmente?
La negrura podía alcanzarlos rápidamente, una negrura devoradora. En un titánico y helado momento todo habría terminado. Mucho antes del alba, mucho antes que la policía sondeara con sus linternas el oscuro y perturbado sendero, mucho antes que los hombres de mentes temblorosas pudieran arrojar una piedra. Aunque estuvieran a menos de quinientos metros, y pudiera contar realmente con ellos, en tres segundos una oscura marea se alzaría para arrancarle diez años y...
El impacto esencial de la soledad de la vida sacudió el cuerpo de Tom. Mamá estaba sola, también. Ella no contaba con la santidad del matrimonio, la protección del amor familiar, la Constitución de Estados Unidos o la policía del pueblo. No contaba con nada, en ese instante, sino con su propio corazón. Y allí nada encontraría, sólo una repugnancia indomable, y miedo. En ese instante su problema era un problema individual. Debía aceptar su soledad, y aceptarla además como punto de partida.
(Leo Auffman, un hombre del pueblo, se obsesiona creando una Máquina de la Felicidad y descuida a su familia al hacerlo. Su esposa, quien amenaza dejarlo, cede a la petición de su marido y usa la máquina antes de tomar su decisión. Tras utilizarla, es embargada por una gran tristeza:)
-Leo, cometiste un error. Olvidaste que en algún momento, algún día, uno tendría que salir de aquí e ir a lavar platos y hacer camas. Cuando estás adentro, sí, la puesta de sol parece ser eterna, el aire huele bien, la temperatura es agradable. Todo lo que quieres que dure, dura. Pero afuera, los chicos esperan el almuerzo, las ropas necesitan botones. Y seamos francos, Leo. ¿Cuánto tiempo puedes mirar una puesta de sol? ¿Quién quiere que una puesta de sol no acabe nunca? ¿Quién desea una temperatura perfecta? ¿Quién desea que el aire huela siempre bien? Al cabo de un tiempo, ¿quién lo notará? Si la puesta de sol dura un minuto o dos, mejor. Luego, pasemos a otra cosa. La gente es así, Leo. ¿Cómo has podido olvidarlo?
(Tras enterarse de que su mejor amigo se muda a otro estado, Doug se siente desamparado. Va con su hermano y le dice:)
-Tom -dijo Douglas-, prométeme algo, ¿sí?
-Prometido, ¿qué es?
-Eres mi hermano y te odio a veces, pero no te separes de mí, ¿eh?
-¿Me dejarás entonces que ande contigo y los mayores?
-Bueno... sí.... aun eso. Quiero decirte que no desaparezcas, ¿eh? No dejes que te atropelle un coche y no te caigas en algún precipicio.
-¡Claro que no! ¿Por quién me tomas?
-Y si ocurre lo peor, y los dos llegamos a ser realmente viejos, de cuarenta o cuarenta y cinco años, podemos comprar una mina de oro en el Oeste, y quedarnos allí, y fumar y tener barba.
-¡Tener barba, Dios!
-Como te digo. No te separes y que no te pase nada.
-Confía en mí.
-No me preocupas tú -dijo Douglas-, sino el modo como Dios gobierna el mundo.
Tom pensó un momento.
-Bueno, Doug -dijo-, hace lo que puede.
(Bill Forrester, un periodista de treinta y un años, conoce a la señorita Loomis, de noventa y cinco. Un extraño romance surge entre ellos:)
-¿Cree entonces que yo era bonita?
Bill asintió de buen humor.
-Pero ¿cómo puede saberse? -preguntó la mujer-. Cuando uno se encuentra con el dragón que se ha comido al cisne, ¿se guía uno por las pocas plumas que han quedado en las fauces? Un cuerpo como este es un dragón, todo escamas y pliegues. Así que el dragón se comió al cisne blanco. No lo veo desde hace mucho. Ni siquiera recuerdo cómo era. Pero está ahí, a salvo, adentro, todavía vivo. El cisne esencial no ha cambiado una pluma. ¿Sabe usted ?; algunas mañanas de primavera y otoño salgo a caminar y pienso: ¡correré por la hierba, me internaré en el bosque, y comeré moras! ¡O nadaré en el lago, o bailaré hasta el alba! Y en seguida descubro, con furia, que soy este viejo y arruinado dragón. Soy la princesa de la torre, que aún espera al príncipe.
(Bill le cuenta a la señorita Loomis que alguna vez vio una foto de ella a los veinte años y quedó prendado. Describe la imagen en la foto:)
Era el rostro de la primavera, era el rostro del verano, era la calidez del trébol. Las granadas le brillaban en los labios y el cielo lunar en los ojos. Tocar aquel rostro sería como esa experiencia siempre nueva de abrir la ventana una mañana de diciembre, temprano y sacar la mano a la nieve blanca y fría que había caído en silencio, sin anunciarse, de noche. Y la frescura y la ternura del rostro estaban ahí para siempre, por un milagro de la química fotográfica, y los vientos del tiempo no podrían cambiar ni una hora ni un segundo. Esa primera y fresca nieve blanca, nunca se fundiría, en mil veranos.
(Conversación entre los hermanos Spaulding tras la muerte de la señorita Loomis:)
-Tom, dime la verdad.
-¿Qué verdad?
-¿Qué ha ocurrido con los finales felices?
-Puedes verlos en el cine, los sábados a la tarde.
-Sí, pero ¿y en la vida real?
-Sólo sé decirte que cuando me acuesto de noche me siento muy bien. Es el final feliz del día. A la mañana siguiente me levanto y quizá las cosas anden mal. Pero me basta recordar que esa noche me iré a la cama, y que estar acostado un rato arregla las cosas.
-Hablo del señor Forrester y la señorita Loomis.
-Nada podemos hacer. Ella ha muerto.
-¡Ya sé! Pero ¿no te parece que alguien se equivocó en este asunto?
-¿Te refieres a que él pensaba que ella tenía la edad del retrato, y ella un trillón de años? No, señor, pienso que fue magnífico.
-¿Magnífico?
-Los últimos días cuando el señor Forrester me contó un poco una vez y otro poco otra, y yo al fin junté los pedazos, lloré mucho. No sé por qué. Yo no hubiese cambiado nada. Si no, ¿de qué hablaríamos? Además, me gusta llorar. Luego de llorar es como si fuera otra vez la mañana, y empezara el día.
-Te oí.
-No admites que a ti también te gusta llorar. Lloras un tiempo y todo está bien. Y ahí tienes el final feliz. Y estás listo para salir otra vez y andar con los muchachos. ¡Todo empieza de nuevo! En cualquier momento el señor Forrester pensará un poco y verá que es la única salida, y entonces llorará, y luego mirará alrededor y verá que es otra vez la mañana, aunque sean las cinco de la tarde.
-No me parece un final feliz.
-Un buen sueño o diez minutos de lágrimas o un poco de helado de chocolate, o todo junto es la mejor medicina, Doug. Te lo dice el doctor Tom Spaulding.
(La bisabuela se encuentra en su lecho de muerte:)
Hace muchos años, pensó, tuve un sueño y disfrutaba de él realmente cuando alguien me despertó. Ese día nací. ¿Y ahora? Ahora, veamos... Lanzó su mente hacia atrás. ¿Dónde estaba? Noventa años... ¿Cómo tomar el hilo de aquel sueño perdido? Extendió una manita. Allí... Sí, eso era. Sonrió. Volvió la cabeza sobre la almohada hundiéndose más en la cálida duna de nieve. Así era mejor. Ahora, sí, ahora veía cómo el sueño se formaba poco a poco en la mente, con la serenidad de un mar que se mueve a lo largo de una costa interminable y siempre fresca. Dejó ahora que el viejo sueño la rozara y la levantara de la nieve, y la hiciese flotar sobre la cama ya apenas recordada.
(Jonas, el trapero, visita a Douglas mientras está enfermo e inconsciente. Le dice:)
-Algunas personas se vuelven tristes cuando son aún terriblemente jóvenes. Sin motivo especial,parece. Casi como si hubiesen nacido así. Se lastiman más fácilmente, se cansan más pronto, lloran más, y recuerdan más. Y, como digo, se vuelven tristes antes que nadie en el mundo. Lo sé, pues soy uno de ellos.
Si les gustaron estos fragmentos, no duden en leer el libro completo. Vale muchísimo la pena.
martes, 12 de julio de 2011
The Dangerous Alphabet
Neil Gaiman, uno de mis escritores favoritos, nos trae este álbum infantil que nos enseña el abecedario de una forma un tanto siniestra. Un poema en trece ingeniosos pareados nos cuenta la aventura de dos niños y su valiente gacela que buscan un tesoro pero encuentran en su lugar a monstruos y piratas, que ponen en riesgo sus vidas.
Ilustrado por Gris Grimly, su estilo contribuye al toque macabro de los versos. Lo que me encantó es que en cada página dibuja objetos cuyo nombre empieza con la misma letra, por ejemplo la S de shrunken head, scaphander, sewer, spear, snake, starfish y skull.
Me encantaría traducir este librito, tal vez lo intente un día de estos. Mientras tanto, les recomiendo lo consigan y le echen un ojo, no se arrepentirán.
The Walking Dead vol. 14: No Way Out
Ya salió el más reciente volumen de esta serie que sigo con fervor. Es difícil reseñarlo sin arruinarle la historia a quien no la ha leído, así que sólo les diré que tiene un momento "oh shit!" cerca del final y que, como de costumbre con el trabajo de Robert Kirkman, hay muchas muertes y mucha angustia. Uno como lector siempre se preocupa por los personajes de este hombre, pues sabe que ninguno tiene la supervivencia garantizada.
Para compensar la falta de contenido en esta anti-reseña, les pongo los teasers con los que se promocionó:
miércoles, 6 de julio de 2011
El país de los hablistas
Amma, Primera Mujer, Madre de Cuantos Son y Cuantos serán, despertó en la oscuridad, cuando nada más existía, pero no le tuvo miedo y trató de tocarla. Y la oscuridad, complacida, engendró al mundo para las manos de Amma, para que sus ojos pudieran ver y sus pies anduvieran. Y cuando Amma dio su primer paso hubo la distancia; cuando dio el segundo, el tiempo, y cuando dio el tercero, y vio que todo alrededor era hermoso y nuevo, hubo en ella el deseo: el ansia de lo que está lejos.
Así comienza el cuento La verdad, primero de los diez que conforman este libro de Alberto Chimal publicado por Libros del Umbral en 2001. Este mismo fragmento también apareció como un pie de página al final de Vecinos de la Tierra, libro que ya fue reseñado en este, su blog de confianza. Al igual que en dicho libro, en El país de los hablistas se pueden distinguir los inicios del estilo de Chimal aunque aquí ya está más cimentado y su capacidad para construir realidades dentro del género de lo fantástico e imaginativo.
Los relatos incluidos giran en torno a un mismo tema: las historias. La importancia de las mismas, el papel que juegan a lo largo de la existencia de la humanidad, su capacidad de prefigurar y reconfigurar la realidad. O al menos esa impresión me dio.
El mencionado La verdad nos cuenta un mito de la creación, el cómo el mundo empezó y cómo los humanos empezaron a creer más en la ficción que en la realidad evidenciada por sus sentidos. Historia del plato de sopa nos cuenta la disputa alrededor de una dudosa transacción comercial. En La vida perdurable, dos pícaros entrañables se encuentran atrapados en un predicamento por su infamia, pero recurren al ingenio que los hizo notables en el primer lugar para salir de su presente aprieto. Unos vampiros -o algo parecido- hacen su aparición bajo el nombre de worgoi en El ejército de la luna, cuyo final inevitablemente me recordó al comic dentro del comic de Watchmen, The Black Freighter. El juego más antiguo relata un duelo entre dos brujas, reminiscente al duelo en el infierno librado por Morpheus en el primer volumen de Sandman pero yendo aún más lejos. Fortuna nos cuenta una breve historia de destinos adversos y decisiones amargas. El siguiente relato muestra la inflexibilidad de Los justos, quienes se muestran implacables ante faltas que a su parecer son objetivas. La Historia del Congreso, la desesperada y el ave fabulosa versa sobre la importancia de los sueños. Una maldición antigua se cierne sobre el joven vigía que divisó y amó a La distante, arrastrándolo a la desesperación que eventualmente resulta ser su salvación. Y para terminar, transcribiré el relato final para que puedan disfrutar del mismo:
La partida
Una madre vio morir a su pequeño hijo en aquel temblor espantoso, el que destruyó la ciudad de Appa, pero no pudo resignarse a su muerte y rogó a los dioses que se lo devolvieran. Los dioses, compadecidos, no dejaron que el alma del pequeño entrase en el Otro Mundo y la devolvieron a su cuerpo. Pero ya saben cómo son los dioses: el cuerpo no dejó de estar muerto, no se aliviaron sus múltiples heridas, así que el corazón de la madre pasó de la dicha de tener a su hijo, de no haberlo perdido, al horror de ver sufrir a la pobre criatura, prisionera de su carne lastimada. Y luego vino el asco, sí, el asco, porque el niño comenzó a pudrirse, y los gusanos lo devoraban, y gritaba llamando a la muerte pero, como he dicho, ya estaba muerto. La madre, enloquecida, lo apuñaló una vez, dos, tres, muchas; luego lo apedreó, lo envenenó, lo estranguló... Pero el niño sólo gritaba, sólo sufría. Al fin ella lo tomó entre sus brazos, piel rasgada, huesos rotos, sangre negra, y lo arrojó a las llamas de una hoguera. Y el desdichado ardió, y fue humo y ceniza, y el viento lo dispersó y lo confundió con el aire, y entonces la madre se consoló bien o mal. Pero no debió hacerlo porque en esos restos impalpables estaba aún el alma doliente, y esa alma sigue hoy en el mundo, dispersa pero viva, como lo sabe todo aquel que respira, que abre la boca y siente de pronto la tristeza.
miércoles, 29 de junio de 2011
Vecinos de la Tierra
Este es uno de los primeros libros de Alberto Chimal, por ende un tanto difícil de conseguir. Yo tuve la fortuna de poder tomarlo en prenda de la biblioteca de mis amigos Ana Paula y Miguel. Se nota su pertenencia a la etapa temprana de sus escritos pues la prosa no es tan pulida como en obras más recientes y resulta un poco pesado, pero ya se ve desde aquí el potencial del autor para crear mundos fantásticos sólidos y completos.
El libro es uno de esos que pretenden ser volúmenes antiguos y apócrifos, creando la impresión de estar leyendo un documento histórico de otro mundo o de un tiempo remoto y hace mucho desaparecido, con todo y referencias a otros tomos ficticios. Consiste en un listado incompleto que describe cincuenta de los dos mil trescientos setenta y cinco pueblos que conforman a la gente del mundo. Se nos cuentan sus rituales y tradiciones, lo que los hace diferentes de los demás y similares al resto de nosotros. Para terminar esta breve reseña, transcribiré mi pueblo favorito:
Odio
Los birrah* creen que el mundo es hostil a la vida de los hombres; que contra ellos, para destruirlos, todas las cosas, todos los seres, aun los cielos y cuanto está sobre los cielos libran una guerra sorda y constante. Por eso, dicen, cae el rayo. Por eso pican las abejas, muerden los perros, albergan veneno las setas y los tallos de macuz. Por eso se rompen los cántaros, arden las casas, se quiebran los mástiles, rugen las aguas cuando el mar sepulta a las embarcaciones. Por eso el deterioro y la muerte. (Duermen poco durante la infancia, pues tardan en comprender que el infortunio llega a pesar de la vigilia.)
Pero ninguno de ellos se resigna a su hado. Cada dolor, accidente o desgracia les parece una afrenta que ha de vengarse. Así, tienen por ley no poseer objeto alguno y destruir los de otros; dar muerte a todo animal, tronchar y quemar toda planta que encuentren; derramar venenos en las aguas, echar sal en la tierra, dispersar en el aire polvos infectos y humos pestilentes...
Vagan desnudos por Yermo Sin Sol y esperan que un día, como sus profetas les han presagiado, nazca entre ellos un campeón que se levante y destruya al universo.
* "Los Que Nos Vengamos"
La isla de las 100,000 tumbas
En su más reciente obra, el artista noruego Jason une esfuerzos con Fabien Vehlmann, quien se hace cargo del guión. De este modo, es refrescante poder disfrutar del característico estilo gráfico de Jason pero en una historia que, a pesar de ser tan oscura y violenta como lo que acostumbra escribir él mismo, se enriquece por la aportación de elementos ajenos a sus temas recurrentes.
Gwenny, una niña cuyo padre desapareció tras embarcarse en una búsqueda de tesoro, encuentra un mapa que conduce a la ominosa isla titular con las mismas promesas que le hicieron perder a su progenitor. Con la intención de encontrarlo o al menos descubrir cuál fue su destino, consigue la ayuda de un grupo de piratas, uno en particular con un terrible secreto.
Al llegar a la isla, descubren una escuela secreta de torturadores y verdugos, donde varios niños estudian para ser los mejores en dichas profesiones. Haciendo frente a la muerte misma y con alianzas inesperadas, la búsqueda de nuestra protagonista llega en medio de una auténtica masacre. A pesar de lo sórdido que pueda sonar, Jason no se aleja de su tono humorístico. Los momentos de comicidad lacónica no faltan, ni tampoco echaremos de menos las reflexiones introspectivas.
Por otra parte, Hubert, el colorista de cabecera del artista, también va más allá de su terreno acostumbrado y amplía su paleta de colores, incorporando tonos más claros. Otra diferencia con el resto de la obra jasoniana es la longitud: tal vez precisamente por contar con la colaboración de un escritor, la historia es más extensa de lo que estamos acostumbrados y esto se agradece. No sé ustedes, pero yo no me canso de Jason y su trabajo más reciente es una valiosa adición a mi biblioteca personal.
Gwenny, una niña cuyo padre desapareció tras embarcarse en una búsqueda de tesoro, encuentra un mapa que conduce a la ominosa isla titular con las mismas promesas que le hicieron perder a su progenitor. Con la intención de encontrarlo o al menos descubrir cuál fue su destino, consigue la ayuda de un grupo de piratas, uno en particular con un terrible secreto.
Al llegar a la isla, descubren una escuela secreta de torturadores y verdugos, donde varios niños estudian para ser los mejores en dichas profesiones. Haciendo frente a la muerte misma y con alianzas inesperadas, la búsqueda de nuestra protagonista llega en medio de una auténtica masacre. A pesar de lo sórdido que pueda sonar, Jason no se aleja de su tono humorístico. Los momentos de comicidad lacónica no faltan, ni tampoco echaremos de menos las reflexiones introspectivas.
Por otra parte, Hubert, el colorista de cabecera del artista, también va más allá de su terreno acostumbrado y amplía su paleta de colores, incorporando tonos más claros. Otra diferencia con el resto de la obra jasoniana es la longitud: tal vez precisamente por contar con la colaboración de un escritor, la historia es más extensa de lo que estamos acostumbrados y esto se agradece. No sé ustedes, pero yo no me canso de Jason y su trabajo más reciente es una valiosa adición a mi biblioteca personal.
lunes, 20 de junio de 2011
DMZ
Estados Unidos se caracteriza por ser un país que se beneficia enormemente de la llamada economía de guerra. Tal vez por esta razón se han entrometido en tantos conflictos armados por todo el mundo a lo largo de varias décadas. Pero la política belicosa ya no es tan popular con los habitantes, cada vez hay más disidentes que se manifiestan en contra de dichas intervenciones. Ahora imaginemos lo siguiente: ¿qué pasaría si la tendencia pro-guerra por parte del gobierno aumentara? ¿Si enviaran fuerzas armadas a varios países simultáneamente, digamos unos tres o cuatro? ¿Y si esto se mantuviera durante un largo período de tiempo, más o menos una década? Obvio la guerra tendría que financiarse de algún modo y los que pagarían el pato serían los ciudadanos comunes y corrientes. ¿Por cuánto tiempo aguantarían?
Matty disfrutando de la comida china local.
Este título, que vio la luz por primera vez a finales de 2005, nos plantea que una situación similar desencadenaría protestas y que éstas, a su vez, se volverían cada vez más organizadas. La conclusión lógica sería una revuelta que desembocara en una segunda guerra civil. Es así como se forma el Free States Army, el cual se contrapone a los planes de los Estados Unidos. Avanzando hacia la costa este, donde se encuentran tanto la capital política (DC) como la cultural (Nueva York) van acumulando victorias hasta llegar a un punto muerto en la isla de Manhattan.
Mapa que muestra la división del territorio.
La ciudad de Nueva York es demasiado grande como para ser ocupada, pero también presenta la misma dificultad para ser defendida. De este modo, se convierte en una zona desmilitarizada (DMZ significa de-militarized zone), una tierra de nadie en donde ninguna de las dos facciones tiene dominio y la gente que se vio atrapada en ella -o bien, que se negó a dejarla- vive día a día con la incierta realidad de la guerra.
En lo personal, me encantan las historias distópicas y/o post-apocalípticas, todas esas de zombies o post-guerra nuclear o post-algún cataclismo natural en las que la humanidad se ve reducida a un estado casi barbárico y de supervivencia casi animal. Este comic me hizo ver que ese tipo de realidades no pertenecen exclusivamente a futuros posibles, sino que se viven a diario en diversas partes del globo terráqueo. La guerra tiene este efecto, la población que se ve en medio del fuego cruzado entre facciones encontradas enfrentan las mismas dificultades para conseguir alimento o refugio. Pero la vida no se detiene nunca, ni siquiera en estas condiciones.
Así es como el ejército "limpia" sus errores.
Trasladando a Vertigo el mundo que ha creado en sus obras independientes (Channel Zero, Jennie One, The Couriers), Brian Wood nos muestra a una juventud rebelde y creativa que no reconoce límites. En la que promete ser su obra más importante, este artista radicado en NY se dedica a explorar también las actividades de los refugiados: la vida nocturna, la creación artística, la música, los restaurantes. No todo es pelear o hacerse la víctima, los jóvenes siempre tendrán alguna forma de manifestarse que no implique llenar de balas al otro.
Cuando Matty conoció a Zee.
El protagonista es Matty Roth, estudiante de periodismo que se ve atrapado en la isla sin quererlo, pero con todo el equipo necesario para reportar noticias de verdad. Tiene la oportunidad de contarle al mundo la realidad de la gente que vive ahí, más allá de las mentiras que comparte el canal oficial o los mitos que se propagan sin fundamento. También puede conocer la perspectiva del otro bando, de las milicias locales que luchan por defender su territorio, de los ambientalistas que protegen Central Park, de las etnias residentes y de las víctimas de la violencia que se ha vuelto cotidiana para ellos a la vuelta de los años.
Con una estética que mezcla el diseño publicitario con el arte callejero, Wood también se hace cargo de las portadas de la serie y de algunos interiores a modo de collage, aportando una especie de intermedios que se encargan de describir más el entorno que a los personajes.
El derruido panorama de Manhattan.
El artista principal de la serie es el italiano Riccardo Burchielli quien, a pesar de nunca haber puesto pie en la ciudad de Nueva York, ilustra lugares que han aparecido en tantos otros comics y películas que nos resulta familiar. Aunque aquí vemos ese terreno transformado por la ruina y la devastación, no deja de ser reconocible. El estilo de Burchielli me recuerda a otros grandes dibujantes de comics: sus caras -en particular los ojos- me hacen pensar en Joe Quesada; su uso de sombras -complementado por los colores de Jeromy Cox- se parece al de Eduardo Risso; y sus cuerpos alargados con perspectivas deformantes hacen que venga a mi mente el diseño de personajes de Peter Chung (Aeon Flux). También a ratos me hace pensar en la familia Kubert: Andy, Adam e incluso Joe. Tendré que analizar más su estilo para encontrar su "voz" propia, supongo que conforme avance la serie podrá desarrollarlo sobradamente.
El primer trade, On the ground, nos narra la llegada de Matty a la isla, donde se enfrenta a una realidad que ni siquiera imaginaba y conoce a Zee, una practicante de medicina que decidió quedarse para ayudar a quien lo necesite. El nuevo reportero sabe cómo jugar sus cartas y logra quedarse como corresponsal oficial.
La historia continúa en Body of a journalist. Aquí se expone el papel que juegan los medios en la "guerra de la percepción." En toda cobertura de noticias, es inevitable sospechar que no se nos está contando todo lo que ocurre. Si las cosas son realmente como en este volumen, sabemos mucho menos de lo que imaginamos.
Public works aborda el tema de las polémicas "reconstrucciones," esos contratos multimillonarios que son otorgados con exclusividad a compañías que sólo se involucran en el conflicto aportando sus propias fuerzas de seguridad. Matty se infiltra como trabajador indocumentado para descubrir una conspiración contra la ONU mucho más grande de lo que esperaba.
A la fecha se han publicado diez trades, pero desafortunadamente no han contado con una buena distribución en la tienda de siempre. Por eso mismo tendré que conseguir el resto de la serie conforme la vayan resurtiendo. Pero si pueden, échenle un ojo. Si les gustan los comics realistas, complejos e inteligentes, se sentirán en casa con DMZ.
viernes, 17 de junio de 2011
Empowered Special # 2: Ten Questions for the Maidman
A manera de tenetempié en lo que sale el séptimo volumen de la serie (anunciado para la primavera del próximo año, tan lejana todavía...), Adam Warren une esfuerzos con Emily Warren (dicen no estar relacionados) para brindarnos un breve capítulo en la vida de la que debería ser la superheroína favorita de todos. A pesar de que sigue terminando atada y amordazada con frecuencia, se ve que también ha aprendido a defenderse mejor. Además de que a veces cuenta con la ayuda de Maidman, superhéroe trasvesti que se viste como mucama francesa e intimida a los villanos con su corta y reveladora minifalda. También podemos ver que Emp sigue demostrando tendencias sexuales exploratorias.
Intercalando páginas en blanco y negro (a cargo de Adam) y a todo color (por Emily), se entrelazan dos historias: una sobre la influencia de Maidman en la vida de Emp y otra protagonizada por él mismo. Si quieren ver un avance del comic, píquenle aquí. Si aún no conocen a la grandiosa Empowered, lean mi reseña acá.
jueves, 16 de junio de 2011
In the Shadow of No Towers
Lo hemos visto/escuchado/leído hasta el cansancio: el once de septiembre de 2001, dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York como parte de un ataque terrorista de Al-Qaeda contra los Estados Unidos. Entonces, ¿por qué hacer un comic al respecto? Y más importante aún, ¿por qué leerlo?
La primera lámina completa.
La respuesta sencilla al segundo cuestionamiento es: porque el artista responsable de este trabajo es nada menos que Art Spiegelman, quien ganó notoriedad (y el premio Pulitzer en 1992) por Maus, el comic semi-autobiográfico que relata la relación con su padre Vladek y las vivencias de éste durante la Segunda Guerra Mundial. Como un artista serio y con experiencia en retratar temas profundos con una gran humanidad, es una garantía de calidad.
Detalle de la primera lámina, explicando el temor de un ataque posterior.
La primera pregunta la responde Spiegelman: la idea era plasmar el suceso a través de su perspectiva personal, sin repetir las imágenes vistas ad infinitum sino mostrando las captadas por sus propios ojos, al nivel de la calle, rodeado de gente corriendo. También retrata sus pensamientos, los intentos frenéticos de Art y su esposa por encontrar a su hija en la escuela para ponerla a salvo, las reacciones disímiles entre el público de a pie: algunos solamente se quedaban mirando, cual turistas; el director de la escuela anunció que, debido a las "condiciones inusuales del día," ningún alumno podría salir a lunch; algunos jóvenes comentaban emocionados los sucesos; un artista en la calle intentaba capturar los hechos sobre su lienzo. Más que nada, de manera subyacente refleja la inquietud e incertidumbre sufrida por los neoyorquinos, los cuales sólo estaban a la espera de otro ataque.
El autor, atrapado entre dos frentes que no lo representan.
Una de las imágenes más poderosas plasmadas por el autor es la del "esqueleto" de una de las Torres, una especie de imagen parpadeante, como el fantasma que permanece de una visión tras su desaparición. Él mismo dice que la vista era algo awesome, es decir, algo asombroso, maravilloso incluso, pero que genera en el espectador un temor reverente. Personalmente puedo decir que experimenté lo mismo cuando, a través de la ventana de mi oficina, pude ver hace casi tres años la explosión del avionazo en que perdió la vida Mouriño: a pesar de la tragedia, el fuego glorioso no dejaba de tener cierta belleza.
Crítica anti-guerra.
Pero no sólo se queda en esto el comic, conforme avanza empieza a cuestionar la manera en que el gobierno de George W. Bush usó el ataque como pretexto para arrancar su guerra del petróleo, la falta de atención a los neoyorquinos damnificados que tenían que respirar un aire de alta toxicidad y a cambio solamente les ponían leyes anti-tabaco, las posibles conspiraciones, la incompetencia de los medios de comunicación. Y todo esto mucho antes del descontento generalizado contra el gobierno, antes de que se pusiera "de moda" criticar a Bush.
El artista, exasperándose ante los trucos de los medios
El libro consta de una serie de diez "tiras" a la manera en que se publicaban los comics en sus inicios. Cada "tira," o más bien lámina, tiene un tamaño de aproximadamente cincuenta centímetros de alto por veintiséis de ancho, como las que se publicaban en los periódicos a principios del siglo pasado. Con esto en mente, Spiegelman rinde homenaje a varios de los personajes de esas tiras primigenias, como los Katzenjammer Kids, el infame Yelow Kid y Krazy Kat & Ignatz, entre otros. De igual modo, el libro reimprime algunas de estas tiras clásicas, las cuales aún tienen vigencia y que incluso tienen una resonancia especial con el atentado del 9/11.
La portada del comic usa el arte que Spiegelman aportó al número veinticuatro de la revista The New Yorker, su edición posterior al ataque en 2001. Con un par de torres negras sobre fondo negro, puede leerse de diversas formas.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Batman and Robin vol. 3: Batman and Robin Must Die!
Continuando con uno de los mejores comics que leí el año pasado, salió el tercer y último libro de Grant Morrison en Batman and Robin. Con éste termina de atar varios cabos sueltos de Batman R.I.P. y culmina con el regreso de Bruce Wayne, el Batman original, presentando su nueva postura para el lanzamiento del nuevo título Batman Inc.
Como siempre ocurre con Morrison, la trama está plagada de simbolismos que pueden pasar desapercibidos. Los títulos de cada capítulo corresponden a nombres de pinturas que giran en torno a la Muerte. La intención era llevar el ambiente gótico al extremo de la farsa, a niveles ultra-violetas según palabras del autor. Aquí también regresa Simon Hurt/Thomas Wayne, principal antagonista de R.I.P. y elemento que representa al diablo. El Joker también vuelve, pero en un papel distinto a los que ha tenido hasta ahora. Por fin nos queda claro qué tanto había de verdad en el escándalo sobre los padres de Bruce Wayne.
El arte corre a cargo de Frazer Irving, quien colaboró con Morrison en Seven Soldiers: Klarion the Witch Boy. Su estilo se caracteriza por el uso de colores muy vivos y líneas gruesas, además de muchas sombras y pocos detalles, reduciendo las imágenes a sus elementos básicos. Para el capítulo final, el one-shot Batman: The Return, las labores artísticas corren a cargo de David Finch, cuyo estilo hiperrealista y oscuro me recuerda tal vez demasiado a Jim Lee o a Marc Silvestri. También participan, aunque en menor medida, Cameron Stewart y Chris Burnham. Las portadas, como en toda la corrida del título, fueron hechas por el grandioso Frank Quitely. Creo que nunca me cansaré de elogiarlo, definitivamente es mi artista favorito. Aunque las portadas variantes de Irving, Ethan Van Sciver y la de Finch no están nada mal.
Con los comics de superhéroes mainstream, a veces llega a ser un poco frustrante que las historias nunca terminen y que siempre haya una continuación, haciendo difícil seguir los títulos por un largo período de tiempo. Pero mientras Morrison siga escribiendo Batman, yo seguiré leyéndolo. Eso sí, en cuanto deje el título, me voy con él.
martes, 24 de mayo de 2011
Batman: The Return of Bruce Wayne
Esta miniserie de seis números, definida por su escritor como "psico-ciencia-ficción sobrenatural," nos cuenta las aventuras de Batman desde su aparente muerte en Final Crisis hasta su regreso para Batman Incorporated. Desafortunadamente, es bastante necesario leer todo lo que ha venido escribiendo Grant Morrison en el Universo DC, o al menos su temporada en los títulos de Batman, Batman and Robin y el mencionado evento del 2008.
Las portadas originales por Andy Kubert. Si se fijan con atención en la "línea" del horizonte en todas, descubrirán un detalle curioso.
Al final de este evento, Batman se enfrenta a Darkseid y le dispara con una bala especial capaz de matar a un Nuevo Dios (rompiendo su juramento de nunca usar armas de fuego). En represalia, el villano cósmico lo ataca con el Efecto Omega pero en vez de matarlo, lo desplaza temporalmente a la Edad de Piedra. Un Bruce Wayne amnésico luchará por regresar a su tiempo, sin saber que al acercarse al presente se cargará de radiación Omega y, si tiene éxito, traerá consigo el fin del mundo.
Las portadas variantes, a cargo de los artistas interiores (excepto la cuarta, dibujada por quien se suponía haría también el interior).
Más que comics temáticos que juegan con los subgéneros (como las portadas podrían hacernos pensar), se trata de una serie compleja que maneja esoterismo, paradojas temporales, acción y un misterio que debe ser resuelto por el más grande detective del mundo (al menos en los comics). Batman logra descifrar lo que está pasando y encuentra la manera de burlar su destino y salvar al mundo (¿acaso lo dudaban?)
Batman cavernícola.
Como ya es costumbre, Morrison utiliza elementos pertenecientes a la continuidad oficial desde décadas atrás, dándoles un giro moderno e incorporándolos a las historias y conceptos que ha creado él mismo. En esta miniserie se resuelven líneas argumentales que fueron sembradas desde años atrás en otros títulos que ha escrito.
Batman vaquero.
Cada número se desarrolla en una etapa de la historia y es dibujado por un artista distinto: la Edad de Piedra (por Chris Sprouse), la etapa Puritana de los peregrinos (por Frazer Irving), el final de la edad de oro de los piratas (por Yanick Paquette), el viejo Oeste (por Georges Jeanty), un pastiche del género noir actualizado (por Ryan Sook y Pere Perez) y la época actual (por Lee Garbett). Si bien también hay avistamientos del fin del tiempo, la mayor parte de la acción se desarrolla en las épocas mencionadas. Todos los artistas hacen un trabajo notable, con la excepción de Jeanty que se queda corto comparado con el resto. No me sorprende, ya que fue un artista de relleno de último minuto, reemplazando a Cameron Stewart; me hubiera gustado ver cómo lo hubiera hecho éste, lo peor del caso es que de todos modos la serie terminó de publicarse con atrasos. El capítulo de piratas incluye, en sus interludios en la época actual, a varios elementos femeninos de la JLA (pues sería un desperdicio tener a Paquette y no ponerlo a dibujar mujeres hermosas).
Batman noir.
En general, la historia es bastante buena, con riesgos reales para los personajes involucrados, mucha muerte y oscuridad por todos lados. El mito del origen de Batman se repite a lo largo de la historia, tanto de los antepasados de Bruce Wayne como de Ciudad Gotham misma. Eventualmente conseguiré la edición en hardcover, ya que quiero incorporarla a mi colección y me gustaría saber qué extras incluye.
lunes, 23 de mayo de 2011
Hielo negro
La más reciente novela de Bernardo Fernández, Bef, es una especie de secuela a su primera novela publicada, Tiempo de alacranes (reseñada con anterioridad en éste, su blog de confianza). Regresa Lizzy Zubiaga, heredera del cártel de Constanza, y su ahora antagonista, la agente Andrea Mijangos de la Policía Judicial (quien fuera un personaje más bien fugaz en su primera aparición). También vuelve el otrora Lic. Gómez Darkseid (ahora capitán de la AFI) y Pancho, el fiel asistente del Señor ahora a las órdenes de su hija.
Sin negar sus raíces como escritor de ciencia ficción o, mejor dicho, de literatura especulativa, Bef nos presenta una historia cyberpunk disfrazada de novela negra: en ella hay drogas de diseño y una solidez en el aspecto químico de la creación de las mismas que revela la rigurosa investigación propia de la CF "dura."
Algo que me gustó mucho de la novela es que, a pesar de tratar sobre narcotráfico y crimen organizado, logra zafarse de los estereotipos de este subgénero. La nueva dirigente del cártel lo convierte en una corporación, modernizando su papel en la sociedad. Reniega de todo lo que tenga que ver con el prefijo "narco-" y no sólo mata por matar, sino que va más allá para hacer de sus crímenes instalaciones artísticas sofisticadas.
Por otra parte, la perspectiva de los agentes de la ley es este libro nos hace preguntarnos si habrá algún elemento realmente honesto e incorruptible, mostrándonos los distintos tipos de tranzas que se antojan generalizados en todos los niveles de la lucha contra el crimen. También refleja de buena manera la competitividad y falta de cooperación entre los diversos órganos de protección civil.
Bef continúa con su tendencia de escribir capítulos breves que obligan al lector a no parar de leer, aunque se agradece que esta novela, al igual que la anterior (Ojos de lagarto, 2009), no sea tan corta como sus primeras obras. Los mundos construidos por el autor se asemejan demasiado al nuestro, haciéndonos confrontar aspectos de nuestra realidad que tal vez no nos gusten tanto. Lo único que siento va en detrimento de Hielo negro es la (a mi parecer) excesiva cantidad de referencias a libros, películas, actores, directores, grupos de rock, canciones, comics, escritores, etc, etc, etc. que parece más una lista de recomendaciones personales (que no dudo que lo sea) y diluye un poco la contundencia narrativa de la trama. Pero fuera de eso, esta novela les brindará un trepidante recorrido por los bajos mundos de los narcóticos lleno de violencia, sangre, arte, sexo y estados alterados de la consciencia.
Por si fuera poco, el final del libro parece anticipar una serie de novelas con los mismos personajes. No puedo esperar a ver qué se le ocurre a éste, mi escritor mexicano favorito, para la siguiente entrega.
El autor, orgulloso de su más recietne obra.
domingo, 22 de mayo de 2011
Tiempo de alacranes
Con motivo de la salida de la más reciente novela de Bernardo Fernández, Bef (mi escritor mexicano favorito), decidí releer su primera novela publicada. Esto se debe a que la nueva, Hielo Negro, es una especie de secuela a Tiempo de alacranes. Bueno, más que nada retoma a algunos de los personajes y hace referencia a varias de las situaciones ocurridas en ella.
La primera vez que la leí, me tardé dos horas y media. Su agilísima prosa hace que sea muy fluída la lectura, además de que Bef es todo un experto en la economía de las palabras: sus capítulos son breves y concisos, lo cual facilita el continuar leyendo pues nunca se avecina un largo y pesado capítulo.
El "Güero," un sicario para el cártel de Constanza pensando en retirarse pues ya se siente viejo (apodado así por ser tan despiadado como los alacranes güeros), acepta un último trabajo: matar al testigo protegido que puso a su patrón tras las rejas. Sin embargo, una crisis existencial le lleva a cuestionarse su papel como matón y le dificulta las cosas. Al mismo tiempo, tres jóvenes que residen en Canadá (dos de ellos mexicanos y uno proveniente de Latveria, salido del universo Marvel, al parecer) deciden recorrer los Estados Unidos con rumbo a México robando tiendas y bancos (y Obrad, el europeo, cada vez disfruta más de matar a los empleados). También hay un par de matones y estafadores de poca monta, Tamés y "el gordo," que van de trabajito en trabajito intentando conseguir unos cuantos pesos.
Los caminos de estos personajes, el líder del cártel de Constanza y un escuadrón anti-asaltos de la policía convergen en un violento encuentro del que pocos saldrán con vida. Se revelan lazos familiares y varios testimoniales nos hacen conocer al "Güero" a profundidad. Con referencias a comics, caricaturas, música y películas, esta corta y entretenida novela con "estructura" de lucha libre (pues es presentada en tres "caídas") es a la vez emocionante y divertida. Mi capítulo favorito se titula "Aquí la víctima soy yo" y termina con dos matones y una jovencita abrazados y llorando en medio del desierto, al lado de un Impala 70 negro con llamas pintadas a los costados. Ampliamente recomendable, una novela que no deben perderse por nada del mundo.
lunes, 16 de mayo de 2011
Los viajeros: 25 años de ciencia ficción mexicana
Desde hace unos cuantos años soy fan de Bef, así que cuando el año pasado me enteré que saldría una antología de ciencia ficción con cuentos elegidos por él, supe que definitivamente pasaría a formar parte de mi colección. La antología se publicó hace ya varios meses pero no ha tenido su presentación en el D.F. Yo la busqué constantemente en varias librerías y nomás no la tenían. En la FIL de Guadalajara, Gru consiguió la única copia que tenían pero yo no alcancé. Tras una ardua búsqueda, por fin logré hacerme de un ejemplar... y lo devoré en sólo tres días.
Mis expectativas eran altas: me gusta la CF (aunque no soy fan acérrimo), confío plenamente en el buen gusto de Bef y conozco el trabajo de varios de los autores incluidos. Para mi grata sorpresa, la lectura de este libro excedió mis expectativas. Una de las cosas muy bonitas de éste es que cada cuento incluye una pequeña biografía del autor antes del texto y un comentario a cargo del mismo después del final. La antología abre con el cuento que ganó el primer Premio Puebla de Cuento de Ciencia Ficción en 1984 y de ahí nos presenta relatos de otros autores, presentados en el mismo orden que sus fechas de nacimiento. De esta forma podemos hacernos una idea de cómo ha evolucionado el género en nuestro país a través de los últimos 25+ años. A continuación enlisto (y describo brevemente) cada cuento:
ADVERTENCIA: Algunas descripciones revelan puntos importantes de las tramas, léanlas bajo su propio riesgo.
- La pequeña guerra, de Mauricio-José Schwarz. En un futuro no muy lejano, para solucionar el problema de sobrepoblación y ahorrar recursos invertidos en gente improductiva, al cumplir diez años todos los ciudadanos son sometidos a combates a muerte. Una familia presencia el desempeño de la hija mayor en sus peleas "gladiatorales".
- Un hombre es un hombre, de Gabriel Trujillo Muñoz. Un grupo de máquinas pasa su tiempo contemplando simulacros de hombres tras la extinción de éstos... ¿o acaso se han topado con el último? Una conmovedora reflexión sobre lo que nos hace especiales.
- Los motivos de Medusa, de Gerardo Horacio Porcayo. Tras despertar de la criogenia, un hombre debe hacer frente a su presente, que tal vez augure el fin de la humanidad... o de la existencia completa.
- El viajero, de José Luis Zárate. Un detective privado es contratado por un hombre que viene del pasado, pues fue asesinado dos años atrás. Para intentar evitar este crimen debe descubrir al culpable, basándose solamente en inexplicables circunstancias y enfrentando las sutiles alteraciones ocasionadas por los viajes en el tiempo.
- ...Y el ovni cayó, o el Evento Ros. Huelitlán, de F.G. Haghenbeck. Jocosa narración de las repercusiones de la caída de una nave espacial en medio del México rural.
- Un regalo para Justine, de Antonio Malpica. Brevísimo cuento escrito específicamente para esta colección que nos muestra los extremos a los que un hombre puede llegar para hacer feliz a su nieta en un futuro distópico.
- El año de los gatos amurallados, de Ignacio Padilla. Relato inspirado por el terremoto del 85, nos muestra la sordidez y la crueldad propias del ser humano exacerbadas por una situación de supervivencia.
- Ruido gris, de Pepe Rojo. El relato más extenso del libro y mi favorito en lo personal, narrado por un reportero que se implanta cámaras de vídeo en los ojos en un mundo gris donde las noticias (y el amarillismo) son mero entretenimiento... casi como lo que vivimos día a día.
- El ascenso, de Cecilia Eudave. Dos hombres escalan hacia la cima de una montaña nevada, pero uno sospecha que el otro es un robot. La revelación sobre la naturaleza de ambos viajeros es interesante, pero se queda corta comparada con la ternura y emotividad del final.
- Se ha perdido una niña, de Alberto Chimal. Divertidísimo cuento en que una niña recibe un libro infantil soviético en su cumpleaños y comienza a intercambiar correspondencia con la URSS... a pesar de llevar siete años disuelta. Cuando gana un viaje a la URSS y se va sola sus familiares temen lo peor, mas la perplejidad ocasionada por sus fotos y relatos a su regreso los dejan aún más confundidos.
- La hora de las luciérnagas, de Karen Chacek. Con una prosa un tanto pesada, la protagonista contestataria de este relato busca confrontar a la sociedad en que vive, tratando de reivindicar la verdad sobre sus antepasados.
- Las últimas horas de los últimos días, de Bernardo Fernández, Bef. Una joven pareja recorre Reforma y el Periférico con rumbo a Satélite, en espera del meteorito que impactará con el planeta y acabará con la civilización moderna. Comparten su pasado, contemplan las posibilidades infinitas que ya nunca podrán aprovechar y conocen la forma más sincera del amor.
- Radiotekhnika cantina, de Gerardo Sifuentes. En un futuro desolado (pero muy mexicano), un par de jóvenes llegan al final de su camino en la búsqueda de la interfaz física de una entidad cuasi divina en la red para comunicarse con ella y pedirle uno que otro favor.
- El duelo, de Rodolfo JM. Este cuento nihilista nos presenta un mundo patético y sin sentido cuyos habitantes circulan intrascendentemente. Con un final que me recordó un poco a The Fight Club, me impactó lo plausible y cercana a la realidad que es la noción de un mundo que terminó hace tiempo sin que nadie lo notara.
- Instantáneas F&D, de Édgar Omar Avilés. Con una estructura experimental y una corta extensión, esta serie de oraciones nos cuentan de manera ingeniosa la trayectoria de dos seres desde su nacimiento, con un inesperado giro al final.
- Futura Nereida, de Gabriela Damián Miravete. Un romance que atraviesa los siglos, un amor por la literatura, la búsqueda incansable de volúmenes viejos, la magia y el desplazamiento temporal. Todos estos elementos se unen elegantemente en este maravilloso recorrido por los pensamientos y sentimientos de una mujer.
- Paralaje, de Rafael Villegas. Inspirado en los escritos de Francisco Bulnes, científico de fines del siglo XIX, este cuento nos muestra realidades paralelas, presentes y futuras. Me gustó más la explicación de su origen que el relato mismo, pero de todas formas es interesante.
- La otra orilla, de Orlando Guzmán. Para compensar la melancolía que permea casi todas las historias previas, esta pieza es escrita por un auténtico científico. Habiendo estudiado Física, el autor rinde homenaje a sus escritores favoritos al presentar un relato de CF "dura" que no obstante desborda humanidad.
Una presentación a cargo de Bef y un epílogo por Alberto Chimal completan esta excelente colección, imperdible para los fans del género o de la buena literatura en general. Podría seguir escribiendo al respecto y nunca terminaría de recomendarla. Mejor consígansela y pónganse a leer.
Bef, el antologador, presumiéndonos su libro.
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