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martes, 29 de noviembre de 2011

Monstruos

(Gareth Edwards, Reino Unido, 2010)

Hace un par de meses leí en una entrevista a Alan Moore que le había gustado esta película, lo cual despertó mi inetrés. Promocionada como " El Sector 9 de este año" (haciendo referencia a la grandiosa District 9, de Neill Blomkamp, Sudáfrica, 2009), lo único que tiene en común es la idea de mostrar un problema de inmigración con el tema de alienígenas, pero hasta ahí. Con personajes más bien planos y un guión muy mal investigado -ubican San José, Centro América en o cerca de México, carecen de una idea clara de las distancias dentro del territorio mexicano, ponen una selva en el norte del país con todo y una pirámide aparentemente maya junto a la frontera con Estados Unidos-, los errores que como mexicano pude notar a leguas me sacaron de la película. Si le agregamos un ritmo lento que se vuelve pesado, el trasfondo de plantear que tal vez los "otros" en verdad no son tan malos se diluye y pierde su importancia.

Actividad paranormal 3


(Henry Joost & Ariel Schulman, Estados Unidos, 2011)

La primera (Oren Peli, Estados Unidos, 2007) me pareció bastante buena. Tiene el acierto de saber que da más miedo aquello que no podemos ver y logra hacer de una residencia suburbana común y corriente un lugar terrorífico. La segunda (Tod Williams, Estados Unidos, 2010) todavía está bien. El aumento en presupuesto solamente lleva a los realizadores a meter más personajes y más cámaras, pero conserva la sutileza de su predecesora. Explica un poco las cosas, pero mantiene el misterio. Hasta hubo una secuela japonesa no oficial, pero esa no la quise ver. Ahora, en la tercera entrega, ya desgastaron la fórmula. Muestran demasiado, abusan del diseño de audio estridente, no manejan bien el ritmo y explican más de lo prudente -cayendo en errores lógicos al tratar de justificar las cosas-. ¿Cultos satánicos que conservan evidencia de sus rituales en video para que, décadas después, un demonio la desaparezca? Por favor.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Detrás de las paredes

(Jim Sheridan, Estados Unidos, 2011)

Tomada de pelo que, contada en orden cronológico, pierde todo el chiste. Para demostrarlo, ahí les va el spoiler (léanlo bajo su propio riesgo): un asesino de poca monta es contratado para matar a la ex esposa de un tipo adinerado, por equivocación entra en la casa de los vecinos y mata a la mujer incorrecta. El marido de la occisa llega tarde para salvarla, recibe un golpe en la cabeza y queda confundido. El malhechor huye y el viudo es culpado por las muertes de su esposa e hija. Para sobreponerse, crea una personalidad alterna y sale del manicomio para regresar a la casa en ruinas de su pasado, pero él la ve entera y resplandeciente. Los hechos se le van revelando hasta que duda de su cordura. El asesino y aquel que lo contrató vuelven para completar su trabajo, matando a la vecina y culpando nuevamente al desafortunado protagonista -quien ahora tiene fama de loco-. Lo que parece ser el espíritu de la difunta interviene para salvar el día. En resumidas cuentas, vueltas de tuerca forzadas, explicaciones excesivas e indesición por el género: nunca supe si en realidad había presencias sobrenaturales o si sólo se trataba de alucinaciones. Tache.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Apollo 18

(Gonzalo López Gallego, Estados Unidos, 2011)

Tomada de pelo que podría definirse como "La bruja de Blair y Actividad paranormal en el espacio." Subiéndose al tren del éxito gozado por Paranormal activity (Oren Peli, Estados Unidos, 2007), este filme explora la premisa de que la misión Apollo 18 no fue cancelada, sino que se llevó a cabo pero lo que descubrió se mantuvo en secreto por ser tan terrible: piedras que se mueven y atacan. Comienza con mucha seriedad, pero conforme avanza se les olvida que se supone se trata de pietaje auténtico y recurre a efectos demasiado retocados y a ángulos muy estéticos. Una auténtica pérdida de tiempo que sólo intenta capitalizar una tendencia de moda.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Cowboys & Aliens

(Fred Van Lente, Andrew Foley & Luciano Lima, Platinum Studios / Jon Favreau, Estados Unidos, 2011)

No hay ni a cual irle: la película es mala, el comic es aún peor. Platinum Studios se ha creado la mala fama de crear comics con el único propósito de vender los derechos para adaptar sus historias a otros medios. Dicho sea de paso, les importa un reverendo pepino la calidad de sus obras con tal de que puedan sacar dinero de ellas.

Las nocivas luces en el cielo.

Lo único que tienen en común la "novela gráfica" y el filme es el título. Vamos, ni siquiera los nombres de los personajes son los mismos. Y debería llamarse Cowboys & Aliens & Indians, de tan absurda y ridícula que es. Sólo faltó que le agregaran zombies y ninjas.

Las naves espaciales.

La "versión" impresa está basada en una idea de Scott Mitchell Rosenberg, fundador de la infame editorial y creador de conceptos tales como Men in Black. La premisa no es del todo mala, se plantea a los alienígenas como conquistadores que sienten tener el derecho de imponer su cultura sobre especies menos desarrolladas tal y como los colonizadores hicieron en América, África y otras partes del mundo. Pero más allá de un mañoso y breve prólogo ilustrado competentemente por Dennis Calero no se desarrolla esta noción.

La persecución obligada.

El resto de las páginas está ocupado por un arte mediocre a cargo de Luciano Lima y una historia a medias con personajes trillados sin desarrollo alguno. Los vaqueros se defienden de los temibles y salvajes pieles rojas cuando cae una nave del cielo. Los extraterrestres (con un aspecto nada imaginativo) deciden apoderarse del planeta así sin más pero algunos terrestres se apoderan de artefactos que les ayudan a defenderse. Uniendo fuerzas, apaches y vaqueros (con ayuda de una esclava de otro planeta) derrotan a los malosos. Fin. En la última página intentan darle un giro que a nadie podría importarle después de haber sufrido de las primeras noventa y nueve páginas.

Los mentados aliens.

La película mejora un poquito las cosas, pero no mucho. En un típico déjà vu de cualquier western, hay un forajido buscado por la ley, un magnate que posee al pueblo y de paso lo aterroriza, y mucha mala voluntad entre todos. No falta el padrecito rudo y el cantinero bienintencionado. En medio de todo eso, luces en el cielo interrumpen la discordia para robar gente. Las criaturas celestiales -o quizá infernales- y sus vehículos resultan ser impenetrables para la artillería terrícola. Los humanos siguen el rastro de los monstruos para recuperar a los suyos y en el camino se encuentran a los indios, los cuales aceptan unírseles. A la mera hora resulta que, inexplicablemente, los "villanos" no son tan invulnerables como parecía. Ah, y vienen a la tierra buscando oro, háganme ustedes el favor.

Los personajes femeninos.

Los dos personajes femeninos del comic -una vaquerita y la "espía" alienígena- se fusionan en uno solo, interpretado por Olivia Wilde (cuyos hermosos ojos constituyen la única razón de peso para ver esta cinta). El guión se esfuerza por intentar dar unos giros a la trama antes del final (aunque yo siempre sospeché que Ella era de otro planeta), algunas cosas que no se ven venir y que evitan la complacencia descarada de la historieta (donde el vaquero se enamora de la marcianita y el apache de la pelirroja). De cualquier forma, la trama tiene huecos que de ninguna manera se pueden justificar. Y ultimadamente, no se trata de un buen western, ni de una buena película de extraterrestres, ni de Ciencia Ficción inteligente, ni de un producto de calidad satisfactoria. Entretiene a medias, a ratos aburre, no aguanta ningún tipo de análisis, pero sigue siendo preferible a su supuesta inspiración en papel y tinta.

Lo único bueno de la película: los ojazos de esta mujer.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Green Lantern

(Martin Campbell, Estados Unidos, 2011)

DC Comics nomás no logra crear franquicias cinematográficas exitosas, con la excepción de Batman (y eso que llegó a tener tropiezos bastante graves, pero ahora está en manos competentes). Con Superman empezaron bien, pero después la regaron. Ahora, viendo que Marvel ha iniciado una época de oro para las películas de superhéroes, quieren subirse al tren y copiar el éxito de sus eternos rivales. Para este fin eligieron a Green Lantern, quien desde hace varios años (como podrán saber los lectores habituales de este blog) se ha vuelto personaje central del Universo DC. Lamentablemente, no cayeron en cuenta de que esa popularidad se limita al público cautivo del subgénero superheróico, y los elementos que le han dado notoriedad no trascienden las barreras del mismo.


La película es más bien aburrida. Centra la narrativa en el origen del héroe y en su forzada transformación de arrogante e irresponsable a héroe ejemplar. Todo ocurre de manera en demasía apresurada, se siente que la acción en el guión está comprimida. Siento que no logran capturar la esencia del personaje, lo que le sucede en el filme podría pasarle a cualquier héroe, todo es demasiado general; podríamos cambiar el disfraz, los nombres y las marcas registradas y el resultado sería el mismo. Otra cosa que me desagradó: el disfraz. Parece body paint, sobretodo el ridículo antifaz (aunque sí enfatizan lo absurdo de que un pequeño trozo de tela -o pintura- evite que la gente lo reconozca). Siento que quisieron copiar la "fórmula" de Iron Man (Jon Favreau, Estados Unidos, 2008) de presentar a un protagonista desmadroso y carismático en una cinta que usa por partes iguales acción y comedia, pero no les salió.


Respecto a los villanos, Parallax es una entidad demasiado importante en los comics pero por lo mismo demasiado complejo como para explicarlo en la película, no obstante lo metieron con calzador creando una amenaza en teoría demasiado grande que sin embargo se soluciona muy fácilmente. Y su versión fílmica se parece demasiado al Galactus de Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (Tim Story, Estados Unidos, 2007). También está Hector Hammod, con una actuación competente de Peter Sarsgaard y motivaciones bastante bien manejadas, pero desperdician su potencial futuro al sacarlo del mapa desde esta primera película. Y no olvidemos a Sinestro. Aquí no aparece como villano sino en su papel previo como el más grande Green Lantern de todos, lo cual considero un error. Funciona mucho mejor presentarlo como villano y explicar por medio de flashbacks que era bueno y se volvió un renegado, y no lo digo sólo porque así pasó en los comics, sino porque para efectos de ritmo y dramatismo tiene más sentido.


Entre las cosas rescatables, la relación con Carol Ferris tiene suficiente complejidad y evita reducirse al cliché (y Blake Lively se ve muy núbil). Me gustaron los Guardianes del Universo, con esas cabezas transparentosas. Y creo que es todo. Oa me pareció sobreproducido y rudimentario a la vez. Hay un exceso de cameos de miembros de las GL Corps, no todos tan relevantes, simplemente trataron de meter demasiado en una sola cinta. En resumen, espero que algún día un remake le haga justicia al personaje.

lunes, 22 de agosto de 2011

Quiero matar a mi jefe

(Seth Gordon, Estados Unidos, 2011)

Supongo que fui una víctima de la mercadotecnia. Tenía ganas de ver esta película sin saber siquiera de qué trataba, al parecer la premisa y los carteles fueron suficientes para despertar mi interés. Soy de la idea de que un filme con semejante título tiene mucho potencial para proporcionar un entretenimiento catártico, por desgracia dichas posibilidades no fueron bien aprovechadas por la cinta aquí reseñada.


Para empezar, me pareció machista. Los tres protagonistas son hombres (bastante estúpidos, por cierto), de modo que la temática es abordada desde una perspectiva exclusivamente masculina. El único personaje femenino es uno de los "villanos," pero el filme se centra en explorar el aspecto sexual del mismo, reduciéndola a un papel menor y acartonado.


Además, toda la idea de "tres tipos que se ven involucrados en aprietos y situaciones absurdas haciendo gala de su incompetencia al enfrentarlas" me suena demasiado similar a la esencia de ¿Qué pasó ayer? (The Hangover, Todd Phillips, Estados Unidos, 2009) y me molesta que sea tan transparente el intento de capitalizar en un éxito probado con cierto público.


Por último, los personajes me parecieron insoportables, las situaciones demasiado inverosímiles, lo "arriesgado" es demasiado conservador, lo "políticamente incorrecto" no llega a ser ofensivo y el humor negro que podrían haber usado se ve reducido a un humor simplón y aburrido, demasiado bien portado. No la recomendaría aún si mi vida dependiera de ello, ni siquiera por la participación de Kevin Spacey (a quien respeto mucho) y de Jennifer Anniston (que se ve súper bien).

sábado, 20 de agosto de 2011

Utopia Ltd.

(Sandra Trostel, Alemania, 2010)

Como parte de la semana de cine alemán en la Cineteca Nacional, la neurobunch acudió a ver este documental sobre el grupo de wave punk (según ellos mismos se autodenominan) 1000 Robota. Tres chavales, dos de ellos aún menores de edad, se meten de lleno al mundo del espectáculo y se enfrentan a sus sinsabores.


A pesar de tener algunas reflexiones interesantes, el documental carece de objetividad pues se centra en uno de los integrantes de la banda y deja a los otros de lado. El frontman es fastidioso sin llegar a ser carismático, lleno de ideales respetables pero fuera de lugar. La estructura del documental padece de un ritmo inconstante, no sabiendo mezclar de manera orgánica las canciones con las entrevistas. Se le perdona a la directora por ser su opera prima, pero ojalá aprenda de sus fallas pues puede desarrollar un gran potencial.


El retrato de la industria musical se siente un poco trillado, abordando las problemáticas que conocemos de sobra: el papel de los medios de comunicación, la manipulación de la información, la sobreexposición de un grupo que apenas comienza, la dicotomía entre grabar y presentar shows en directo, etc. Documental más bien aburrido que gustosamente me hubiera ahorrado.

jueves, 21 de julio de 2011

Cars 2

(John Lasseter & Brad Lewis, Estados Unidos, 2011)

Realmente no se me antojaba gran cosa ver esta película. La primera (John Lasseter & Joe Ranft, Estados Unidos, 2006) no me encantó y no alcanzaba a entender el por qué de hacer una secuela. Peor aún, agregándole espionaje que poco viene al caso. Debí haber hecho caso a mi intuición.

No negaré que entretiene lo suficiente, pero las carreras que muestra me aburrieron (será porque no me gustan las carreras), la historia me pareció innecesaria y flojona, el conflicto me resultó trillado y la transformación de Mater -de un lelo nato a un superespía astuto- es más que inverosímil. Se siente como un montón de fantasías infantiles como pretexto para crear un guión.

Eso sí, los paisajes son impresionantes y, al igual que en la primera entrega, el mundo ficticio en el que la acción se lleva a cabo tiene un montón de detalles ingeniosos. Me gusta que todo sea cochemórfico, que las cosas se adapten a la idea de que las "personas" de esta realidad son vehículos. Pero es lo único que tiene de rescatable. Además, como vivimos en un país tercermundista en que las audiencias no exigen y a muchos les da flojera aprender inglés o leer letreritos, sólo hay versión doblada al español; con esto se pierden los acentos británicos de los espías y las características formas de hablar de los personajes de apoyo.

domingo, 10 de julio de 2011

Resumen de cine: Cartelera comercial


Continuando con los resumenes para ponerme al día con mis reseñas, toca el turno a algunas cosas de reciente estreno en la cartelera comercial. Las tres películas reseñadas aquí son de dudosa calidad, véanlas bajo su propio riesgo.


Comienzo con la peor, un auténtico bodrio: Después de la vida (After.Life, Agnieszka Wójtowicz-Vosloo, Estados Unidos, 2009). En mi mente, vi una película bastante decente que no tiene ningún elemento de suspenso ni de horror, simplemente una interesante reflexión que parte de la premisa de un dueño de funeraria que puede hablar con los muertos y les ayuda a prepararse para dejar este mundo. Desafortunadamente, en la realidad la película confunde al espectador introduciendo dichos elementos que no vienen al caso, lo marea con una supuesta vuelta de tuerca que a la mera hora no queda claro si sí era o no, lo aturde con un exceso de elementos rojos para que le quede claro el leit-motif de la sangre e intenta distraerlo con un exceso de desnudez por parte de Christina Ricci para evitar que note los huecotes en el guión escrito por tres (sí, ¡tres!) guionistas. O tal vez mostrar a la actriz en su traje de Eva era una compensación a manera de disculpa por someter al público a tan deplorable obra. Asco total.


También vi El dilema (The Dilemma, Ron Howard, Estados Unidos, 2011). En un principio ni siquiera quería verla, pero supongo que vi el trailer tantas veces que me resultó inevitable (sí, fui víctima de la mercadotecnia). No está tan mal, es justo lo que cabe esperar: una comedia ligera sobre un tipo que descubre a la esposa de su mejor amigo con otro hombre y se ve ante la dificultad de ser quien se lo comunique. Lo que no vemos en los avances y enriquece al menos un poquito a la cinta es la relación entre el protagonista y su novia (la nubilísima Jennifer Connelly), a la cual no se anima a proponerle matrimonio, y el pasado que tiene como apostador compulsivo. Tiene uno que otro momento ligeramente gracioso y bastantes momentos en que abusan de diálogos largos y hartantes, pero hasta ahí. Es una película para machos: enaltece la amistad entre hombres, los coches, los deportes, etcétera. Y así como en las chick flicks existe ese mítico ser llamado el "hombre sensible," aquí tenemos una criatura igualmente imaginaria: la mujer comprensiva.


Para terminar con esta reseña múltiple, les hablaré de Mi otro yo (The Beaver, Jodie Foster, Estados Unidos, 2011). Con un título que podría ser de una película porno (el original, no la horrible traducción) y una absurda premisa que podría pertenecer a una película de serie B, no podía dejar de verla. Me reí casi tanto como con Crepúsculo (Twilight, Catherine Hardwicke, Estados Unidos, 2008), el problema es que ninguna de las dos es comedia. Walter es un cincuentón que está deprimido, tanto que su esposa lo corre de la casa. Va a un hotel, se embiraga e intenta suicidarse; pero un títere de castor que encontró en un basurero (y estaba bastante limpio) le empieza a hablar desde su mano (curiosamente, con un jocoso acento británico). Así es como salva su vida y decide ponerla en orden. Recupera a su esposa (y tienen sexo grupal-zoofílico con el castor, ¡que incluso jadea al terminar el acto!) y también su trabajo (donde todos piensan que se volvió loco pero le dan el avión). Mel Gibson actúa bastante bien, aunque no logra caracterizar la auténtica desesperación de alguien que se odia tanto que ya no quiere ser él mismo. Si no quieren que les arruine el final, no resalten lo siguiente: en un giro final propio de filme de bajo presupuesto, tras una encarnizada pelea entre hombre y castor (no olvidemos que es sólo su mano), ¡Walter decide amputarse el brazo para librarse de la influencia maligna del roedor! Por todos estos motivos, recomiendo la película (aunque sean todos los motivos equivocados).

miércoles, 6 de julio de 2011

La noche del demonio

(James Wan, Estados Unidos-Canadá, 2010)

De los productores de Actividad paranormal (Oren Peli, Estados Unidos, 2007) y el director de Saw (Australia-Estados Unidos, 2004), nos llega esta película que se cuelga de la fama de dichos proyectos para atraer a espectadores incautos. De la primera, toma el elemento de cimentar una historia de horror sobrenatural en un entorno mundano y cotidiano. Ignoro si copió algo de la segunda pues no he visto ninguna de las películas de esa serie. Pero no termina ahí.

¿Es la Dama de Negro? No, sólo el fantasma de una viejecita.

Robando -digo, tomando prestados- elementos de aquí y de allá, esta película es un pastiche que no termina de cuajar bien. Con un parecido que me cuesta trabajo creer coincidente con La habitación del niño (Álex de la Iglesia, España, 2006), utiliza el recurso del radio monitor para bebés de manera un tanto incompetente e inverosímil.

No, no es la cinta de Álex de la Iglesia.

La idea central de que el niño está "perdido" en una realidad en la que seres malintencionados pueden hacerle daño o atravesar a nuestro lado de la existencia -y que uno de sus padres debe ir a buscarlo- me recuerda demasiado a Poltergeist (Tobe Hooper, Estados Unidos, 1982). Y hasta salen unos imitadores de los Cazafantasmas (Ghostbusters, Ivan Reitman, Estados Unidos, 1984).

Who you gonna call? Well, not them, that's for sure.

Con elementos de fuentes tan diversas, una fotografía demasiado pulida y un guión no tan bien trabajado, la película abunda en situaciones implausibles o que de plano no vienen al caso. Con el afán de dar un giro que tome desprevenido al público, cambia por completo el tono de la historia y se descarrila. Se le olvida el gran acierto de Actividad paranormal, que lo que no vemos es lo que más miedo nos da, y se va por mostrar explícitamente a los demonios y fantasmas que acechan.

¡Mira, mira, Darth Maul! Ah, no, es un "demonio."

No niego que tiene buenos momentos y que lo hace brincar a uno, también logra construir buena tensión pero de manera bastante dispareja. Y en ocasiones cae en situaciones de humor involuntario. Será que iba esperando algo distinto, pero no me gustó nadita. Me pareció ridícula y derivativa. Y, como su título, de manera lenta e insidiosa me aburrió hasta generarme descontento con el final.

¡Vaya! Por fin la adaptación a cine de Sandman. ¿Qué? ¿Insidious? ¿En serio?

miércoles, 15 de junio de 2011

Vete más lejos, Alicia

(Elisa Miller, México, 2010)

Tras haber ganado la Palma de Oro en Cannes por su cortometraje Ver llover en 2007, y contando con el apoyo de Fernando Eimbcke, las expectativas para esta película eran elevadas. Por ende, la decepción fue aún mayor.

El día del estreno, el esposo de la directora hizo una breve presentación en la que comentó que, en cierto momento de la realización, "no sabíamos hacia dónde íbamos con esta película." Y se nota. Recurrir a la improvisación sólo funciona si eres un genio como John Cassavetes (Faces, Estados Unidos, 1968) o si eres un director consagrado que ya domina las técnicas del cine convencional a la perfección como Mike Leigh (Happy-Go-Lucky, Reino Unido, 2008). De lo contrario, sólo te expones a hacer el ridículo.

Alicia, una joven mexicana de diecinueve años, de clase alta y situación familiar estable, decide irse a Argentina por varios meses porque "no conozco la nieve." Estando allá pasea incesantemente, hace amistades, comienza una vida sexual de promiscuidad, se siente sola y desesperada porque extraña a su familia (aunque tiene boleto de regreso y los volverá a ver con toda certeza) y decide, como indica el título, irse más lejos. Pero llega hasta Calafate, no al autoproclamado fin del mundo en Ushuaia.

Siendo el español una lengua con tanta riqueza de palabras, es lamentable cuando para expresar la tristeza, el desamparo, la desolación y la imposibilidad de comunicarse con otras personas se recurre a las infames líneas "está cabrón... está muy cabrón." ¿En serio? ¿No podían esforzarse un poco más? Además, me molestan las películas que muestran a una juventud generalizada que se dedica a tener sexo y consumir drogas, como si no hubieran otras cosas que hacer cuando se es joven.

Si a todo esto le agregamos unas metáforas demasiado a la cara, el resultado es por demás fastidioso. A pesar de durar poco más de una hora, me vi deseando que terminara desde la mitad y hasta me puse a platicar, de tan aburrido y frustrado que me tenía.

jueves, 28 de abril de 2011

La chica de la capa roja

(Red Riding Hood, Catherine Hardwicke, Estados Unidos 2011)

Al parecer, doña Hardwicke ya encontró su nicho y su público: películas bobas, con pésimas actuaciones y efectos especiales deplorables, para jovencitas impresionables que gustan de romances baratos. Aunque su opera prima fue la propositiva y arriesgada Thirteen (Estados Unidos, 2003), el éxito de su anterior película -Twilight (Estados Unidos, 2008)- cambió para siempre su carrera... para mal.

Vi esta película por pura curiosidad malsana, para saber qué tanto apestaba. Ni siquiera se esfuerzan en disimular las similitudes con Twilight, una chica y dos galanes -uno bien portado y otro "peligroso"-, romance prefabricado y comportamientos masculinos altamente idealizados e improbables. Lo malo es que, a diferencia de la saga de vampiros gays que brillan y hombres lobo que se niegan a usar playeras, ésta no llega a ser tan mala que es buena. Con una trama aburridísima que literalmente da sueño, un misterio que sólo marea y no despierta interés auténtico, situaciones absurdas que se toman demasiado en serio (como la parte de "que dientes tan grandes tienes, abue"), personajes planos y una moral más bien simplona, ni siquiera sirve para divertirse al burlarse de ella.


Además de estas fallas, también podemos agregarle huecos injustificables de principio a fin, una total carencia de erotismo explotativo, anacronismos por doquier, un innecesario apego al cuento de Caperucita Roja (con lo de las piedras en el estómago), un soundtrack mediocre y un desenlace que resulta inesperado porque precisamente así está planteado, pero no sorprende a nadie. Y la incorporación de un hombre lobo en lugar del tradicional Lobo Feroz no le agrega nada a la situación.

Me parece triste que dos elementos con tanto potencial sean desperdiciados con tanto descaro. Por una parte, el cuento original. En sus múltiples versiones hay gran riqueza y contenido, además de que el subtexto para advertir a la juventud de los riesgos de la sexualidad da para mucho (en esta versión, el mensaje se vuelve "sé una puta y acuéstate con el lobo, deja que te coma). Incluso una actualización del tema subyacente podría dar mejores resultados. El segundo elemento mal aprovechado es el hombre lobo. Siendo una criatura que puede tener un gran conflicto dramático, siento que nunca se le ha hecho debida justicia en la pantalla de plata. O el acercamiento realista, de los cientos de casos en que hubo confesiones firmadas (bajo tortura) usadas como chivos expiatorios para ocultar a los verdaderos culpables de terribles crímenes, también podría haberle dado riqueza. Pero definitivamente no lo logró.

sábado, 9 de abril de 2011

Salvando al soldado Pe...

(Beto Gomez, México, 2011)

Sinceramente, no pensaba pagar un boleto por ver esta película. Así que, cuando se presentó la ocasión de colarme a verla, decidí hacerlo nomás por quitarme la curiosidad. Puedo decir que tiene valores de producción impresionantes (exagerados, de hecho) y que algunos personajes tienen un potencial que nunca se ve aprovechado. También puedo decir que me parece estúpida la premisa, después de todo ¿que hace un soldado mexicano en Irak si nunca participamos en dicha guerra? Por último, también diré que el ritmo es tan mal manejado y la cinta se vuelve tan aburrida, que me salí de la sala a los cuarenta y cinco minutos para colarme a ver otra película malona que, al menos, contaba con el atractivo de varias núbiles.

Desconocido

(Jaume Collet-Serra, Estados Unidos-Alemania, 2011)

Cuando vi el trailer de una película de acción con Liam Neeson, inmediatamente pensé en lo mucho que disfruté Búsqueda implacable (Taken, Pierre Morel, Francia, 2009). Además, la trama parecía interesante: un científico va a Alemania para un congreso en bioquímica, al tomar un taxi de regreso al aeropuerto para recuperar una maleta sufre un accidente, se golpea la cabeza y despierta horas más tarde en un hospital. Cuando regresa a su hotel otro hombre dice ser él, su esposa parece no reconocerlo y todo está al revés, por lo que debe pelear por recobrar su identidad. Desafortunadamente, esta cinta no cuenta con el excelentemente logrado guión de Luc Besson y es tan efectista que termina decepcionando.


El director solamente ha hecho trabajos por encargo y se nota. Su anterior película, La huérfana (Orphan, Estados Unidos, 2009) se acerca peligrosamente al límite de la verosimilitud pero se mantiene del lado indicado. No se puede decir lo mismo de ésta, su más reciente obra. Desde que una taxista inmigrante es tan increíblemente guapa como Diane Kruger me empezó a costar trabajo creerle lo que me quería contar. El hecho de que, para escapar de un auto caído en un río, pueda romper los cristales con el bastón de seguridad me pareció risible. Detalles similares -como el que Neeson se baje de un taxi en segunda fila, habiendo hecho alto total en plena luz verde sólo para que casi lo atropelle una camioneta misteriosa- reflejan pereza, incompetencia o ambas al trabajar el guión. Recursos como balaceras inverosímiles y camionetas que explotan (qué, ¿los años 90 regresaron y no me dí cuenta?) hicieron que terminara por fastidiarme enteramente.


Ultimadamente, esta cinta es un claro ejemplo de que no existen malas ideas, sólo malos manejos. Lo interesante de la película es la "revelación" de la cuestión de identidad robada, la cual detallo a continuación (en letras blancas para evitar arruinarles la sorpresa, por si mi advertencia no es suficiente para quitarles las ganas de verla): Resulta que Neeson y su fría "esposa" son en realidad asesinos terroristas asumiendo identidades ficticias para poder acercarse a un científico, robarle una investigación importante y asesinarlo, haciéndolo parecer un daño colateral en el asesinato de un prominente líder político de Medio Oriente, quien de por sí es propenso a atentados contra su vida. Al golpearse la cabeza durante el accidente, su memoria se vio afectada y empezó a reconstruir su identidad a partir de los recuerdos que tenía sobre su alter ego fabricado, creyéndose la historia que él mismo inventó. Lo que me resulta ingenuo en exceso es la noción de que un bastardo sin corazón de primera pueda volverse un auténtico héroe sólo por un golpecito en la cabeza, pues aún tras recuperar la memoria "se da cuenta" de lo erróneo de su proceder y decide impedir el crimen.

Además de la propuesta original y creativa para resolver la situación trillada, destaca el rol del enorme Bruno Ganz. Pero fuera de esto, la cinta es aburrida, exasperante y pésimamente mal lograda.

lunes, 14 de marzo de 2011

Una pared para Cecilia

(Hugo Rodríguez, México, 2011)

A pesar de ser el tercer largometraje de este director (En medio de la nada, Nicotina), me dejó con la impresión de que se trataba de un trabajo de principiantes. La película trata sobre la titular Cecilia, una mujer joven que ya no se siente tan joven, escritora y pintora que vive al margen y lleva la contraria a las reglas de la sociedad: no quiere comprometer sus esfuerzos artísticos, no se quiere casar, no quiere tener hijos. Vive en un barrio pobre en Tijuana, hostigada por su madre que le insiste constantemente en que se mude a un lugar "mejor." Podría identificarme fácilmente con un personaje así, pero está escrita de una manera tan simple que no logra sentirse como una persona verdadera.


Una noche, mientras grafitea una pared, un chavito de diez años intenta robarle su mochila pero ella lo corretea y, al atraparlo, sin querer le golpea la cabeza contra el suelo. Como mujer responsable que es, lo lleva al hospital y se hace cargo de él una vez que lo dan de alta. Así se empieza a desarrollar una relación muy inverosímil y bastante fastidiosa. Cecilia es contradictoria y excesivamente ingenua, la película no logra transmitir las emociones que seguramente se insinuaban en el guión. Las actuaciones dejan mucho que desear, hasta el niño actúa mejor que la protagonista. Haciendo uso de la voz en off se nos presentan varias instancias a reflexionar que parecen metidas con calzador en la historia. La música va de agradable a irritantemente bonita.


Para cuando terminó la cinta, Cecilia me había caído tan mal que me puse de malas. El filme peca de ser demasiado ligero, sin abordar a profundidad ninguna de las muchas problemáticas que viven las mujeres, los artistas o la gente en la zona fronteriza. Queda como un ejercicio de blandenguería complaciente.

lunes, 7 de marzo de 2011

El rito

( Mikael Håfström, Estados Unidos, 2011)

Al ver el trailer de esta película quedé lo suficientemente intrigado. Un joven sacerdote es enviado al Vaticano para ser instruido como exorcista y confronta su escepticismo al acompañar a otro cura experimentado en varios rituales de exorcismo. El mismo corto nos sugiere que el hombre mayor, interpretado por Anthony Hopkins, podría resultar poseído él mismo, dejando todo en manos de su colega inexperto y lleno de dudas. Con una estética reminiscente a El exorcista (William Friedkin, Estados Unidos, 1973), prometía buenos momentos de horror.


Oh decepción. La película no aporta nada más que lo que uno puede inferir del corto. El protagonista resulta ser un chavo que, para huir de la funeraria de su padre, opta por el sacerdocio. Escéptico a morir, ni siquiera cree en dios pero uno de sus maestros ve algo en él y lo manda al seminario de exorcismo en el Vaticano. Ahí conoce a una periodista que nomás estorba y acompaña al padre Lucas en varios exorcismos. SPOILER ALERT (si no quieren que les arruine la sorpresa, no resalten el texto del resto del párrafo) El colmo de la ingenuidad y la obstinación en no admitir que algo más allá de lo terrenal está ocurriendo es cuando la chica embarazada vomita clavos (sí, clavos, for fuck's sake) y Michael plantea que pudo habérselos tragado para dañar al infante nonato en su interior.

Además, como que se les olvidó que estaban haciendo una película de horror. Tal vez a algunas personas las haya perturbado, pero para quien está acostumbrado al buen cine de horror ésta cinta quedó a deber. Ni siquiera tiene una cantidad decente de sustos, sólo me hizo brincar una vez y fue sólo por un triste gato. Por otra parte, tal vez no querían hacer una historia de miedo. Quizás su intención era abordar el tema desde una perspectiva seria y propositiva. Si ese era el caso, le hubieran bajado a los efectos y la hubieran promocionado de otra forma (además de que algo similar ya habíamos visto en El exorcismo de Emily Rose, de Scorr Derrickson, Estados Unidos, 2005, que curiosamente es de los mismos productores). Otra cosa que me cayó mal es que el padrecito joven, Michael Kovac, todo el tiempo se ve insoportablemente bien, digamos que metrosexualmente bien. Y los incesantes y repetitivos flashbacks de su infancia me hartaron.


Hopkins da una buena actuación, sin exagerar, pero no lo suficiente como para salvar una cinta que carece de un suspenso constante y llega a volverse aburrida e incluso adormecedora. Ahí les van otros spoilers, resalten el texto bajo su propio riesgo: Eso sí, me encantó la parte en la que el padre Lucas, ya poseído, le suelta un trancazo a una morrita. Diganme cruel, pero me hizo reír. Y bueno, ya para el final, la conclusión de "porque creo en el diablo también creo en dios y te puedo exorcisar" se siente forzadísima y obvia.

Creo que me parece más entretenida la polémica de López Dóriga y "juaiderrito" que la película que la ocasionó. Ni siquiera Alice Braga se ve tan bien como en otras ocasiones.