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viernes, 23 de septiembre de 2011

Cowboys & Aliens

(Fred Van Lente, Andrew Foley & Luciano Lima, Platinum Studios / Jon Favreau, Estados Unidos, 2011)

No hay ni a cual irle: la película es mala, el comic es aún peor. Platinum Studios se ha creado la mala fama de crear comics con el único propósito de vender los derechos para adaptar sus historias a otros medios. Dicho sea de paso, les importa un reverendo pepino la calidad de sus obras con tal de que puedan sacar dinero de ellas.

Las nocivas luces en el cielo.

Lo único que tienen en común la "novela gráfica" y el filme es el título. Vamos, ni siquiera los nombres de los personajes son los mismos. Y debería llamarse Cowboys & Aliens & Indians, de tan absurda y ridícula que es. Sólo faltó que le agregaran zombies y ninjas.

Las naves espaciales.

La "versión" impresa está basada en una idea de Scott Mitchell Rosenberg, fundador de la infame editorial y creador de conceptos tales como Men in Black. La premisa no es del todo mala, se plantea a los alienígenas como conquistadores que sienten tener el derecho de imponer su cultura sobre especies menos desarrolladas tal y como los colonizadores hicieron en América, África y otras partes del mundo. Pero más allá de un mañoso y breve prólogo ilustrado competentemente por Dennis Calero no se desarrolla esta noción.

La persecución obligada.

El resto de las páginas está ocupado por un arte mediocre a cargo de Luciano Lima y una historia a medias con personajes trillados sin desarrollo alguno. Los vaqueros se defienden de los temibles y salvajes pieles rojas cuando cae una nave del cielo. Los extraterrestres (con un aspecto nada imaginativo) deciden apoderarse del planeta así sin más pero algunos terrestres se apoderan de artefactos que les ayudan a defenderse. Uniendo fuerzas, apaches y vaqueros (con ayuda de una esclava de otro planeta) derrotan a los malosos. Fin. En la última página intentan darle un giro que a nadie podría importarle después de haber sufrido de las primeras noventa y nueve páginas.

Los mentados aliens.

La película mejora un poquito las cosas, pero no mucho. En un típico déjà vu de cualquier western, hay un forajido buscado por la ley, un magnate que posee al pueblo y de paso lo aterroriza, y mucha mala voluntad entre todos. No falta el padrecito rudo y el cantinero bienintencionado. En medio de todo eso, luces en el cielo interrumpen la discordia para robar gente. Las criaturas celestiales -o quizá infernales- y sus vehículos resultan ser impenetrables para la artillería terrícola. Los humanos siguen el rastro de los monstruos para recuperar a los suyos y en el camino se encuentran a los indios, los cuales aceptan unírseles. A la mera hora resulta que, inexplicablemente, los "villanos" no son tan invulnerables como parecía. Ah, y vienen a la tierra buscando oro, háganme ustedes el favor.

Los personajes femeninos.

Los dos personajes femeninos del comic -una vaquerita y la "espía" alienígena- se fusionan en uno solo, interpretado por Olivia Wilde (cuyos hermosos ojos constituyen la única razón de peso para ver esta cinta). El guión se esfuerza por intentar dar unos giros a la trama antes del final (aunque yo siempre sospeché que Ella era de otro planeta), algunas cosas que no se ven venir y que evitan la complacencia descarada de la historieta (donde el vaquero se enamora de la marcianita y el apache de la pelirroja). De cualquier forma, la trama tiene huecos que de ninguna manera se pueden justificar. Y ultimadamente, no se trata de un buen western, ni de una buena película de extraterrestres, ni de Ciencia Ficción inteligente, ni de un producto de calidad satisfactoria. Entretiene a medias, a ratos aburre, no aguanta ningún tipo de análisis, pero sigue siendo preferible a su supuesta inspiración en papel y tinta.

Lo único bueno de la película: los ojazos de esta mujer.

jueves, 17 de marzo de 2011

Rango

(Gore Verbinski, Estados Unidos, 2011)

Como muchos de los proyectos desarrollados por Nickelodeon, podría decirse que esta película no está por completo dirigida al público infantil. Con mucho humor negro y situaciones un tanto violentas, logra diferenciarse de lo que generalmente se le ofrece a los niños, lo cual es un acierto. Siempre he sido de la idea de que a los pequeños no se les debe tratar como a idiotas, ya que tienen la capacidad de entender y disfrutar mucho más de lo que les damos crédito.


La mejor forma de definir este largometraje animado sería con la etiqueta de "western metafísico." Un camaleón doméstico con una desbordante imaginación vive frustrado en su pecera, acompañado por un pez de cuerda, el torso desnudo de una Barbie, una palmera de hule y un insecto muerto. Este lagarto pasa sus largas y aburridas jornadas refinando sus talentos histriónicos, interpretando fragmentos de obras de Shakespeare ante un público tan imaginario como el resto de su elenco. Durante un recorrido vacacional en el coche de sus dueños, un "bache" trastorna por completo su realidad, arrojándolo por la ventana al desierto de Nevada.


Ahí descubrimos (tras un breve pero inspirado homenaje a Hunter S. Thompson y a la cinta Fear and loathing in Las Vegas, de Terry Gilliam, Estados Unidos, 1998) que el obstáculo que ocasionó su actual predicamento es en realidad un armadillo atropellado (¿que cómo diantres sobrevivió?), quien recorre el desierto en una búsqueda espiritual e inicia a nuestro protagonista en su propio camino hacia el "Espíritu del Oeste." Tras una pesadilla surrealista, conoce a Beans, una campesina que lo conduce al pueblo de Dirt. Todos los residentes de éste son particularmente grotescos y huraños. Una vez que llega a la cantina del lugar, el pequeño camaleón flacucho decide aprovechar la oportunidad para reinventarse, eligiendo para sí el nombre de Rango y dándose la reputación de un temerario imparable.


Y eso es sólo el principio. Una serie de casualidades lo llevan a ser el nuevo sheriff de Dirt, ocupación infame por su baja expectativa de vida. Entre una conspiración que no termina de cuajar, duelos inverosímiles, persecuciones por hordas de topos retrógradas (que seguro se casan entre primos) y la iluminación por medio de alucinaciones en el desierto, la película tiene buenos momentos y otros que lo dejan a uno rascándose la cabeza y preguntándose qué diablos acaba de ocurrir. Rango va de incompetente suertudo a héroe legendario, pasando por cínico fraudulento.


La trama tiene algunos cuantos huecos inexplicables y situaciones que no tienen repercusión (como el ojo gigante bajo la tierra), además de que el final abusa del contrato de credibilidad (hubiera preferido que quedara la duda de qué tanto fue alucinación y qué tanto fue verdad). Independientemente de estas fallas, con tintes de Sergio Leone y de Carlos Castaneda, el largometraje se puede disfrutar lo suficiente pero no llega a ser memorable. Les recomiendo verla con las voces originales en inglés, en particular me encantó en trabajo de Isla Fisher con el acento sureño de Beans.


martes, 15 de febrero de 2011

Temple de acero

(True Grit, Joel & Ethan Coen, 2010)

A lo largo de su carrera, los hermanos Coen han tenido varios aciertos y uno que otro desatino. Desde 2007, con No Country for Old Men, han tenido una racha bastante buena tanto con la crítica como en las nominaciones a premios. Esto nos trae a su décimo quinto largometraje, al cual titularon (no tan desafortunadamente como de costumbre) en nuestro país como Temple de acero.


A pesar de que se pueda pensar que es un remake de la película de 1969, dirigida por Henry Hathaway y estelarizada por John Wayne, se trata más bien de la segunda adaptación cinematográfica de la novela de 1968 de Charles Portis. No he tenido ocasión de ver la primera versión ni de leer la novela, pero se supone que esta nueva cinta es más cercana en tono y en desarrollo al libro y no lo dudo, pues la antes mencionada No Country for Old Men es prácticamente idéntica a su contraparte de papel y tinta. Los Coen parecen enorgullecerse de ser extremadamente fieles a su material fuente.


Esa misma fidelidad a las historias originales puede ser el mayor "defecto" de la película aquí reseñada, pues al final no le hubiera caído mal una pequeña actualización. Supongo que visto en el contexto de 1968 podría ser apropiado, pero hoy en día se siente un poco flojón e insatisfactorio. Además, también se aleja de los característicos finales irónicos en la filmografía de los Coen, sin su casi tradicional comentario sobre lo azaroso y aparentemente injusto y cruel de la realidad en que vivimos.


De igual modo, la realización de la película es bastante tradicionalista. Se apega por completo a los lineamientos del western, sin variar ni actualizar nada. Vamos, no intenta descubrir el hilo negro ni reinventar el género; después de todo, es la primera vez que estos cineastas hacen una cinta completamente de género y se dedicaron a ello con amor a los clásicos más que ninguna otra cosa. Las actuaciones son bastante competentes, en particular las de Josh Brolin como el asesino bruto, Hailee Steinfield como la insoportable adolescente testaruda que busca justicia o venganza y Jeff Bridges, quien se lleva la película como el vaquero curtido, borracho y experto que todo lo puede. Matt Damon se siente medio fuera de su elemento, no entiendo qué hacía en esta película.


Algo que definitivamente NO me gustó fue el uso de la música. Me pareció demasiado redundante, además de que resulta excesiva. Siento que se abusa de la música incidental en muchas escenas y un soundtrack más austero podría haber creado un tono mucho más sobrio y oscuro. Eso sí, los Coen conservan su manera cruda de mostrar la muerte y la violencia, y muchas de las secuencias cuentan con su innegable sentido de coreografía escenográfica. En general es una película bastante disfrutable, nada espectacular, y con una especie de epílogo que tal vez hoy en día no era necesario incluir.


¿Que de qué se trata? Ah, cierto, es la historia de una niña ruda de catorce años que contrata al alguacil Reuben J. "Rooster" Cogburn para dar caza al asesino de su padre. Se les une un Texas ranger que persigue al mismo hombre y se sucede una serie de muertes típica de la vida en el Salvaje Oeste.