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jueves, 21 de junio de 2012

Santa


En 1903, Federico Gamboa escribió esta novela que se convirtió en un clásico de la literatura mexicana. Transgresora en su momento, atrevida en su manera de retratar el lado oscuro de la Ciudad de México: las prostitutas, las peleas, las infidelidades, la doble moral.

El personaje titular es una joven núbil de belleza excepcional que, una vez mancillada su honra, no le queda otro remedio que recurrir a la prostitución para sobrevivir. Independientemente del debate acerca de las causas del llamado "empleo más antiguo del mundo" y de sus implicaciones morales, es un hecho que en esa época -la novela da inicio en la última década del siglo XIX- no había más opciones para una mujer embaucada. Así las cosas, la novela narra el descenso de Santa en una espiral vertiginosa de autodestrucción que parece no conocer fondo. En un principio es la favorita de todos, tanto clientes como colegas, pero ella abusa de su "suerte" y desperdicia todo. Desde el inicio se nos plantea que la cosa acabará mal, pero se pone tan fea que el capítulo final, en su patetismo, es enternecedor a la vez que desgarrador, pero hasta cierto punto reconfortante.


En lo personal, me disgusta un poco el estilo de la época consistente en recurrir a descripciones detalladas en exceso, supongo que es un gusto que aún no he adquirido por mi costumbre a leer cosas más bien contemporáneas. Y el melodrama llega a ser demasiado, pero dentro de la medida apropiada. Lo mejor de la novela es su manera de retratar las distintas formas que tienen los sexos para relacionarse entre sí. A continuación, ejemplifico con extractos del texto. Tras una "transacción" con un cliente cualquiera, la mañana siguiente muestra la verdad de su interacción:

Hablábanse poco, sólo lo indispensable para zaherirse con pullas o embozadas injurias, como si después de una noche de compradas caricias hubiesen recordado de súbito que, exceptuando la lujuria apaciguada de él, no existía entre ellos más que el eterno odio que, en el fondo, separa a los sexos.


Uno de los enamorados de Santa, el Jarameño, desea de manera egoísta ser el único poseedor de su belleza y, al no poder monopolizarla, la deja. Otro de ellos, Rubio, en cambio, al no poder usarla para escapar de su matrimonio miserable, decide minarla, menoscabarla, en un intento de destruir su hermosura:

Luego que las entrañas del amor las informa el odio, el asco; no asco instantáneo que a las veces tradúcese en la tortura de palabra y aún en la de obra, y a las veces, domeñado por la autosugestión, se traducen en reposo y mutismo, en una nueva embestida que no intentamos por volver a poseer a la persona amada, sino para convencernos de que de veras amamos. La voluptuosidad confina con el cansancio y el hastío y el acto carnal con el crimen -aunque la mayoría, por fortuna, no perpetre este último-; pero, sin excepción, no hay hombre, por enamorado que esté, que no sufra de instantes de repugnancia hacia el espíritu que venera y la carne que adora. Esto, no obstante, con pocos, poquísimos, los que lo mismo que los grandes carniceros en el cubil y en la gruta -nidos de los amores libres-, en el museo y en el jardín zoológico -nidos de sus amores conyugales-, no defiendan hasta el homicidio la carne yacente a sus pies y destrozada con sus zarpas de que ya comieron y de que ya están hartos.


Y luego, un encuentro casual con un estudiante. Quizá la forma más auténtica y pura del amor carnal, el que no pretende ser nada más que eso. Al terminar la aventura:

Entristeciéndose ambos, al ponerse a la luz, olvidados de que en esta pícara vida todo concluye, todo, aun ella misma. Nada se habían prometido ni nada habían recordado, por lo que su junta resultó encantadora. A causa de la falta de promesas, no tuvieron que engañarse ni se adelantaron las desazones que ya el prometer trae consigo; y a causa de la falta de recuerdos, no resucitaron penas ni amarguras, las que, parecidas al polvo de lo que se tiene arrumbado en los arcones de las casas o en los armarios de las memorias, salen revueltas con las reminiscencias placenteras cuando manoseamos los días viejos o cuando oreamos las momias de las épocas difuntas. Ellos no, celebraron y festejaron su imprevista conjunción, sin enconos por el pasado ni aprensiones por lo porvenir. Se besaron, vivieron largos años en fugaces minutos, y al separarse por corporal cansancio, se sonrieron satisfechos, plácidos, agradecidos mutuamente de no haberse escatimado voluntades no caricias.

El último capítulo me deja con una reflexión que usaré para terminar este texto: ¿es amor realmente lo que sienten Hipólito y Santa? No dudo de su autenticidad ni de su sinceridad, sino de su naturaleza. ¿No será más bien obstinación por parte de uno, gratitud por parte de la otra? Es difícil saber si uno mismo ama, sólo nos queda la fe, que parece certidumbre, que depositamos en nuestros sentimientos.

lunes, 4 de junio de 2012

Mi semana con Marilyn

(Simon Curtis, Reino Unido, 2011)

Marilyn Monroe era un monstruo. Y no lo digo como algo negativo, solamente como un hecho. Era más que humana. Era una criatura poderosa. Resultaba imposible decirle que no. Tenía un carisma sobrenatural, que rayaba en una forma de control mental. Marilyn, así como algunas otras contadas personas excepcionales en la historia de la humanidad, trascendía la esfera de lo humano para ubicarse en la de los dioses y los monstruos.


Ahora bien, para la mayor parte del mundo, ella era en definitiva una diosa: inalcanzable, inspiradora, inverosímil. Pero para aquellos pocos desdichados a quienes les tocaba experimentarla de cerca, el resultado era distinto. Ella no podía ser feliz, mucho menos podía hacer feliz a alguien más. Como una fuerza de la naturaleza, arrasaba con todo a su paso. No podía llevar una vida común y corriente, tampoco una vida tranquila. Y sufría por esto, pero no podía evitarlo: era parte de su naturaleza.


O al menos esta fue la impresión que me llevé al ver esta cinta de Simon Curtis, basada en las memorias de Colin Clark, quien fuera el tercer asistente de dirección durante el rodaje de The Prince and the Showgirl (Laurence Olivier, Estados Unidos, 1957). Un joven que apenas empezaba en la industria cinematográfica a quien le tocó padecer a Monroe. Lo digo como si fuera algo malo, aunque pienso que cualquiera accedería más que gustoso.


Michelle Williams interpreta el papel protagónico bastante bien, haciéndonos olvidar que Marilyn lleva décadas muerta y dándole la complejidad y profundidad necesarias. Conmovedora, bien realizada e interesante como curiosidad, no obstante bastante prescindible más allá de la reflexión que provocó en mí.

El cielo protector


No sé qué es lo que tiene África, pero ejerce una extraña atracción sobre mi. Desde que vi En algún lugar de África (Nirgendwo in Afrika, Caroline Link, Alemania, 2001) me hice de la extraña idea de que debo morir en ese continente. Otras películas, como La princesa Masai (Die Weisse Massai, Hermine Huntgeburth, Alemania, 2005), me fascinaron con detalles de lo radicalmente distintas que son las culturas africanas a la nuestra. Dicho lo anterior, cuando Ana Paula me recomendó este libro no dudé ni por un instante que lo disfrutaría enormemente.

Tres norteamericanos, un matrimonio y un amigo de ellos, deciden viajar por varios poblados de África con el afán de dejar atrás la civilización occidental. Esto ocurre poco después de que la Segunda Guerra Mundial causó estragos en el panorama europeo y en la mentalidad americana. Port, el "líder" del grupo, es un escritor acaudalado que busca huir de su aburrimiento, al tiempo que desea reencontrarse con su esposa -aunque se dedica a ponerse a sí mismo obstáculos para ésto último. Kit, su mujer, es una persona insegura que cree supersticiosamente en presagios esquizoides y es incapaz de tomar control de su propia vida. Tunner, el invitado, es precisamente el obstáculo que Port se pone, ya que se propone seducir a la fémina. En medio de este turbulento panorama, con el desierto y la pobreza como escenario, los tres se embarcan en un viaje que los cambiará de formas distintas.

No tiene caso contarles más de la trama, ya que como las mejores novelas es difícil de resumir ya que abarca mucho. En lugar de eso, compartiré con ustedes mis fragmentos favoritos, en lo que consigo la adaptación filmográfica de Bernardo Bertolucci para poder hacer la comparación.


Esa noche se despertó sollozando. Su ser era un pozo de mil metros de profundidad; subía de las regiones interiores con una sensación de infinita tristeza y de descanso, pero no recordaba ningún sueño, como no fuera la voz sin cara que había susurrado: "El alma es la parte más cansada del cuerpo." La noche era silenciosa, salvo un vientecito que soplaba a través de la higuera y movía los aros de alambre colgados de las ramas. Se rozaban al balancearse, chirriando apenas. Escuchó un rato y se quedó dormido.

Tuvo un estremecimiento súbito de autocompasión casi agradable, tan bien expresaba su estado de ánimo. Era un estremecimiento físico; estaba solo, abandonado, perdido, sin esperanza, con frío. Especialmente con frío, un frío interior, profundo, que nada podía cambiar. Aunque esa glacial ausencia de vida era la base de su infelicidad, se aferraría siempre a ella porque era también el centro mismo de su ser, en torno al cual se había construido.

(Advertencia: la siguiente cita contiene un spoiler, así que si quieren leerla tendrán que seleccionar el texto. De lo contrario, se reservan la sorpresa para cuando lean la novela)

Afuera, la pared a medida que el sol bajaba, se iba poniendo rosada; el rosa llenó la habitación. En todo el tiempo que dedicó al equipaje no había echado una sola mirada al rincón. Ahora se arrodilló y miró la cara de Port de muy cerca, como si nunca la hubiera visto. Rozando apenas la piel, pasó la mano por la frente con infinita delicadeza. Se inclinó y apoyó los labios. Se quedó así un rato. El cuarto se pudo rojo. Suavemente apoyó su mejilla en la almohada y acarició el pelo de Port. No derramó una lágrima; era una despedida silenciosa. Un zumbido de rara intensidad le hizo abrir los ojos. Contempló fascinada dos moscas entregadas a un amor breve y frenético en el labio inferior de Port.

Pero otros días, cuando estaba menos nervioso,se sentaba a contemplar la calma con que los viejos atravesaban lentamente el mercado, y se decía que si la edad le daba tanta dignidad, consideraría que no había perdido su vida. Porque el porte de esos viejos era simplemente la expresión natural del bienestar y la satisfacción interiores, Sin pensarlo demasiado, llegó a la conclusión de que sus existencias habrían valido la pena de ser vividas.

El súbito rugido del motor derrumbó las paredes del cuarto donde estaba acostada. Tenía adelante de los ojos el cielo azul violento, nada más. Durante un tiempo interminable lo miró. Como un ruido todopoderoso,lo destruía todo en su cerebro, la paralizaba. Alguien le había dicho alguna vez que el cielo esconde detrás la noche; que protege al que está debajo del horror de lo que hay arriba. Miraba sin pestañear el sólido vacío y empezó la angustia. En cualquier momento podía producirse el desgarrón, separarse los bordes, abrirse las entrañas de abismo insondable.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

53 Muestra Internacional de la Cineteca - Las razones del corazón

(Arturo Ripstein, México-España, 2011)

Inspirada en Madame Bovary, la cual no he leído, esta cinta explora las desavenencias en la vida de una mujer adúltera. Desde su papel como madre negligente e hija resentida, Emilia busca deshacerse de sí misma al entregarse a alguien más. Y si éste no la acepta, siempre puede buscar cambiar los roles y volverse la persona protectora. O ser cómplice. O la que manda. Emilia no sabe cómo comportarse en el amor y se vuelve un desastre, su personalidad se diluye a la par que su vida en este filme cuya puesta en escena es más teatral que cinematográfica y cuya fotografía en blanco y negro otorga sobriedad a un drama cotidiano y a veces desesperante.

53 Muestra Internacional de la Cineteca - El caballo de Turín

(A torinói ló, Béla Tarr, Hungría, 2011)

Comienza con una anécdota sobre un caballo, el cual presenció el descenso a la locura de Nietzsche. Uno piensa que la cosa se pondrá interesante, pero el filme poco tiene que ver con el filósofo alemán y más bien sigue al equino. Se trata de un ensayo sobre la repetición, sobre la monotonía de tener que trabajar para vivir, sobre las dificultades que presentan a la supervivencia la entropía y la vejez. Pero eso lo veo en mi vida diaria, no me hace falta atestiguarlo en una película también. La fotografía en blanco y negro es hermosa, los complicados movimientos de cámara y planos secuencia son magistrales, el leit motif musical crea la atmósfera adecuada de desesperanza y perdición. Incluso la extensa duración ayuda a crear el efecto deseado en el espectador. Pero no me pareció una experiencia del todo disfrutable. Es, más que nada, estímulo para cinéfilos adolescentes o hipsters (si es que no son lo mismo), que se desvivirán elogiándola aunque no les haya gustado o no le hayan entendido.

53 Muestra Internacional de la Cineteca - En un mundo mejor

(Hævnen, Susanne Bier, Dinamarca-Suecia, 2010)

Bier es una de mis directoras favoritas. Si me preguntan, es quien mejor sabe hacer drama hoy en día. Ya antes había utilizado una mezcla de temática social y conflictos familiares, pero aquí lo hace de mejor manera. Haciendo una reflexión sobre el papel de la violencia como origen, solución y consecuencia de los problemas, no hay respuestas fáciles en esta cinta. Un hombre quiere demostrarle a su hijo y a un amigo de éste que la violencia no resuleve nada y que no hay que temerle, pero su voz carece de resonancia cuando él mismo está ausente la mayoría del tiempo y cuando el otro chico, hijo de alguien más, alberga un rencor que no escucha razones. La pérdida de un ser querido puede cambiarlo todo y sólo un roce más con la muerte puede ayudarnos a entender un poco mejor las cosas. Lamentablemente, cuesta trabajo creerle a los adultos (o a los artistas) cuando pretenden decirnos que todo va a estar bien.

martes, 29 de noviembre de 2011

Contagio

(Steven Soderbergh, Estados Unidos, 2011)

Esta es una película de acción, pero no tiene balazos ni explosiones. La acción ocurre en laboratorios y salas de junta, donde hombres y mujeres trabajan sin descanso para descifrar el funcionamiento de un nuevo virus, localizar al paciente cero y encontrar una cura antes de que la pandemia deje a la humanidad diezmada. Soderbergh es un cineasta competente (y caigo en cuenta de que he visto muy pocas de sus películas, error que deberé corregir a la brevedad) que, no obstante, spielberguea hacia el final al ser demasiado complaciente. Pero la cinta no deja de ser absorbente y angustiante, con muchos personajes que demuestran el potencial del ser humano, desde el que menos puede ayudar hasta el que más, e incluso también para manipular y perjudicar.

El juego de la fortuna

(Bennett Miller, Estados Unidos, 2011)

Al parecer Miller tiene predilección por adaptar libros basados en historias reales. Después del éxtio obtenido con Capote (Canadá-Estados Unidos, 2005), nos trae esta historia sobre cómo Billy Beane, un jugador de baseball que prometía mucho en su juventud pero nunca logró despegar, cambió la manera de armar equipos al ser el manager de los Athletics de Oakland. Escogiendo a los jugadores en base a sus estadísticas de juego en lugar de su carisma, tendencia, trayectoria y su relevancia como estrellas, logra que un equipo con un presupuesto limitado rompa el record de más juegos ganados de manera consecutiva. Una lección sobre el valor que erróneamente puede dársele al dinero y sobre la imprtancia de pensar de manera diferente, la película es emocionante, entretenida y conmovedora a la vez. Recomendable para pasar un buen rato, pero no indispensable.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El árbol de la vida


(Terrence Malik, Estados Unidos, 2011)

Gracia y Naturaleza. Sacrificio y apetito. Voluntad e instinto. El Dios del Nuevo Testamento y el del Antiguo. Perdón y castigo. Bien y Mal. Son algunos de los absolutos en medio de los cuales el Hombre se encuentra siempre atrapado, nunca por completo libre del influjo de ellos. En su camino de bifurcaciones múltiples, el ser humano debe decidir qué rumbo tomar. Por más que aspira a renunciar a su naturaleza, ésta nunca lo deja en paz y, al seguirla, se aleja de la Gracia Divina. Una vez dañado el lazo con ésta, la reparación es imposible. El hombre se parece más a su especie que a su Creador, muy a su pesar. No obstante, debe continuar protagonizando el breve capítulo que le corresponde interpretar en la historia de la Creación. Estas son las reflexiones que despertó en mí la más reciente cinta de Malik, legendario realizador que se vio favorecido al recibir la Palma de Oro en Cannes con ella. Según yo, es una película sobre Dios y sobre la vida. Me hizo recordar la conexión que sentía tener con el Divino durante mi infancia, así como los motivos por los cuales dejé de creer en Él. Este hermoso filme es ampliamente recomendable, pero con reservas: puede resultar pesado para quien no acostumbre ver cine contemplativo. Es como 2001: A space odissey (Stanley Kubrick, Reino Unido-Estados Unidos, 1968) en cuanto a su belleza, que va a la par de las dificultades que presenta al espectador, pero nunca se vuelve pretenciosa ni pedante. Su escala simplemente corresponde a la magnitud de los temas que aborda.

martes, 25 de octubre de 2011

El día que vi tu corazón

(Jennifer Devoldère, Francia, 2011)

Quise ver esta cinta francesa, la cual formó parte del 15° Tour de Cine Francés, por la participación de la actriz Mélanie Laurent. La había visto con anterioridad en el drama romántico Beginners (Mike Mills, Estados Unidos, 2010), el cual disfruté enormemente. Me resultó curioso que ambas películas comparten algunos temas: relaciones amorosas difíciles, el papel cuasi omnipresente de la figura paterna en la vida del protagonista, la muerte.


La cinta comienza de manera ligera, haciendo críticas jocosas a Starbucks y otras nimiedades contemporáneas. Justine, el personaje de Laurent, trabaja en una clínica de rayos x, vive temporalmente con su hermana menor tras su más reciente rompimiento amoroso, saca radiografías a diversos objetos como parte de un proyecto artístico e interactúa con muchas dificultades con su padre, el cual tendrá un nuevo hijo con su nueva esposa. Dada la inconstante e imprudente relación que han llevado a lo largo de toda su vida, Justine no considera a su progenitor como la persona ideal para traer otra criatura al mundo. Lo que ella no sabe es que su padre, como le resultaba difícil relacionarse con ella por ser mujer, intentaba acercársele a través de sus novios, con los cuales ha mantenido contacto aún después de los respectivos rompimientos, llegando al grado de darles empleo y convertirse en amigo y confidente de ellos.


Conforme el filme avanza, poco a poco va haciéndose de una carga emocional impresionante que estalla al momento de la conclusión. Muy emotiva y con un guión discreto mas poderoso, vale mucho la pena ver esta película. Si les hacen falta razones, la belleza de Laurent y la originalidad de su arte por medio de radiografías deberían bastar.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Miss Bala

(Gerardo Naranjo, México, 2011)

Gerardo Naranjo es muy bueno retratando la realidad social de nuestro país. En Drama/Mex (México, 2006) nos muestra a la juventud del Acapulco contemporáneo; los personajes son detestables, pero realistas y humanos. No he visto Voy a explotar (México, 2008), pero tengo entendido que es bastante buena al presentar a adolescentes confundidos -y pretendo verla pronto-. En este, su más reciente largo, le toca el turno a la realidad mexicana contemporánea: el narco.


Laura Zúñiga era una chica normal. Bueno, quizá más guapa que la norma, pero era una joven sencilla, estudiosa, de familia, vamos. Decidió participar en concursos de belleza y ganó varios certámenes importantes. Pero su temporada en la cima fue breve: en diciembre de 2008 fue arrestada junto con otros siete individuos en posesión de armas y muchos dólares. No, no me equivoqué de apellido ni de historia, sólo estoy citando la historia real en la cual se basa ligeramente la película.

La mirada de este tipo es auténticamente maligna...

La Laura ficticia se apellida Guerrero y quiere participar por primera vez en Miss Baja; es ingenua e idealista, trabajadora y cariñosa con su hermanito. Pero todo se va al diablo cuando el narco se involucra. Envuelta en situaciones más allá de su control, pasa de ser simple testigo a pieza sometida por ambos bandos en la "guerra" a cómplice reticente impulsada por el temor y la necesidad de proteger a otros, para por último convertirse en víctima resignada de su propia impotencia.


Más de una vez intenta hacer lo que considera correcto, seguir sus valores, pero siempre aprende la misma lección de la manera difícil: una vez que el crimen organizado llegó a tu vida, le perteneces en cuerpo y alma, quieras o no. No es sino hasta que te entregas voluntariamente cuando crees que nada puede empeorar... pero aún quedan sorpresas desagradables en espera.


La secuencia final hace uso de escenas muy similares a las vistas en los medios cuando se dio el arresto de Laura Zúñiga en 2008, creando una resonancia y un sentido de realismo implacables. Además, la trama hace un sutil comentario sobre la cultura que engrandece la belleza femenina a un aspecto sobredimensionado que puede ser fácilmente manipulado, comprado y traficado como otros bienes, se puede utilizar como un arma, un instrumento de poder y de sometimiento.


La violencia utilizada en el filme no es nunca explotativa, sino brutal y franca. La constante tensión a la cual es sometida el personaje principal es un claro reflejo del ambiente que se vive en ciertas partes de nuestro país hoy en día. Por lo general no me gustan las historias sobre el tema, siento que a veces se aprovechan de la relevancia del mismo para escandalizar, pero en este caso me parece que el resultado nos hace reflexionar de la manera dura (como debe ser con el arte) sobre un tema ineludible y la propensión que tienen los inocentes a pagar por los auténticos culpables. Todo es un circo, un espectáculo montado y planeado y a nosotros sólo nos queda especular y esperar que nunca estemos en medio.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Beginners

(Mike Mills, Estados Unidos, 2010)

Con el horrible subtítulo de Así se siente el amor, esta película llegó a una muy reducida cantidad de salas en nuestro país. Como un comentario aparte, quisiera mencionar que me molesta aún más esta nueva tendencia de dejar el título en inglés de una película pero agregándole un subtítulo para que nos quede claro de qué va la cosa (como si fuéramos idiotas) que la tradición milenaria de poner pésimas traducciones a los títulos de las películas. Pero eso es tema aparte.


A sus setenta y cuatro años de edad, tras la muerte de su esposa, Hal (Christopher Plummer) decide revelarle a su hijo Oliver (Ewan McGregor) su homosexualidad. Posteriormente, pasa los últimos cuatro años de su vida explorando este aspecto de su sexualidad que siempre reprimió. La cinta comienza con Oliver vaciando la casa de su padre tras la muerte de éste, ocasionada por un cáncer terminal, y desarrolla dos historias: la de Hal y su búsqueda de pareja dentro de la comunidad gay -por medio de flashbacks- y la de Oliver, su duelo tras el fallecimiento y su encuentro y posterior involucramiento romántico con Anna (Mélanie Laurent).


El filme posee un gran poder emocional, es generalmente triste y conmovedor pero para el final logra levantar los ánimos, a pesar de no dar garantías. Tiene grandes aciertos, como un perro que se niega a estar solo y se comunica telepáticamente con su amo (para beneficio del público se recurre al subtitulaje de sus pensamientos) y el uso repetitivo de varios leitmotifs tanto gráficos como narrativos: este es el sol en 1955, este es el presidente en 1955, etcétera. Desafortunadamente, el perro pierde relevancia demasiado pronto.


En cuanto a ritmo, la película cojea un poco por las múltiples narrativas. La historia en el presente, la de Oliver tras la muerte de su padre, es narrada de manera lineal; pero la historia de Hal se cuenta en un orden cronológico menos estricto, lo cual puede llegar a ser un poquito incómodo. Poquito, no mucho. Aunque no es requerida, cierta interrelación entre los saltos temporales quedaría bastante bien. Además de todo esto, ambas líneas narrativas se ven interrumpidas frecuentemente por fragmentos de un pasado previo a ambas historias, ya sea la niñez de Oliver o la historia de sus padres. Si bien esto no genera confusión, sí crea cierto sentido de desorden.


Dejando a un lado estas "fallas" menores, la obra es grande. Si de por sí es difícil abordar el tema del amor, incorporar temas fuertes como la muerte, los derechos de la población gay y la depresión hacen de esto una labor titánica que no obstante logra llegar a buen puerto gracias a lo competente que es Mills como cineasta. Las actuaciones son de primer nivel, en particular disfruté del veterano Plummer. Y en cuanto a la historia, lo que más resonancia tuvo en mí fue la clara y honesta manera de mostrar que en la búsqueda del amor, nuestros padres siempre están presentes: a través de las ideas que nos dieron, las carencias afectivas que nos llevaron a buscar cariño en otras partes, los condicionamientos involuntarios, la historia familiar... Qué complicado es esto de las relaciones humanas, caray.

jueves, 11 de agosto de 2011

Camino a la libertad

(Peter Weir, Estados Unidos, 2010)

Independientemente de si los supuestos hechos reales en que se basa fueron de hecho reales o no, la historia es bastante buena. Un grupo de prisioneros en Siberia se fugan del gulag y enfrentan al clima, a los animales salvajes, a la noche, al hambre, a los mosquitos y al cansancio extremo para recorrer a pie la distancia que los separa de India. Al igual que cuando vi 127 Horas (Danny Boyle, Reino Unido-Estados Unidos, 2010), me sorprende lo bien preparadas que están ciertas personas para enfrentar a la naturaleza en sus aspectos más implacables. Si yo me viera en medio de una situación como las aquí retratadas, seguro me muero a los cinco minutos (ahora bien, dado mi sedentario estilo de vida, difícilmente podría verme envuelto en un dilema similar).

Porque uno siempre encuentra jovencitas atractivas en medio de áreas despobladas...

Para ser una película estadounidense, no se le da tanto peso al único personaje gringo. A pesar de que la mayoría de los actores son sajones, sus convincentes acentos europeos nos mantienen dentro de la realidad planteada por el filme. Las mínimas probabilidades de sobrevivir hacen que la tensión se mantenga de manera constante. El final evita las trilladas pantallas en negro con bloques de texto para informarnos del destino de cada personaje y en lugar de ellas utiliza un montaje que culmina en un momento bastante conmovedor. Y tiene un gran momento que podría usarse de argumento contra el suicidio, cuando Janusz le pregunta a Mister por qué no se ha quitado la vida, éste simplemente le contesta: "Sobrevivir es una forma de protesta. Y estar vivo es mi castigo."

Enseñanza de vida

(Lone Scherfig, Reino Unido, 2009)

¿Cuál es el verdadero valor de la educación? ¿En dónde se aprenden las cosas realmente útiles? Más o menos de eso trata esta cinta, basada en un artículo autobiográfico de Lynn Barber. Ubicada a principios de los años 60, relata la historia de Jenny (interpretada por la multi-nominada Carey Mulligan), jovencita de dieciséis años con deseos de ingresar a la Universidad. Todo cambia cuando conoce a David, un hombre mayor que ella pero aún joven, quien estudió en la aclamada escuela de la vida y le enseña otra perspectiva.

Núbiles de los años 60.

Cuando vi el poster, juraba que el protagónico masculino corría a cargo de Ewan McGregor, pero resulta que se trata de Peter Sarsgaard. Tanto él como Mulligan presentan sólidas actuaciones en una cinta que depende por completo de ellas. Me pareció que el giro hacia el final resulta un tanto inesperado por falta de indicios durante el desarrollo, pero no lo suficiente como para arruinar la película y sí como para evitar que sea por completo predecible. Ultimadamente, el mayor peso lo tiene la reflexión sobre lo importante del equilibrio entre el estudio y la vida práctica.

lunes, 1 de agosto de 2011

La trilogía de Apu

(Satyajit Ray, India, 1955-1956-1959)

Dentro de las proyecciones de El Observatorio, espacio que la Cineteca dedica en su programación a películas de larga duración, se proyectó durante los sábados del mes pasado esta terna de filmes bengalís que es considerada por muchos una de las mejores trilogías de todos los tiempos. Basada en las novelas semi-autobiográficas de Bibhutihushan Bandopahyay, narran no sólo la vida del personaje titular sino la de toda su familia y de paso sirven como un retrato de las distintas realidades cotidianas vividas por la gente de la India durante la primera mitad del siglo pasado.


La primera película, Pather Panchali (La canción del camino) comienza con quienes se convertirán en los progenitores de Apu. En una humilde casa rural vive Sarbajaya acompañada por su hija Durga y su suegra Thakrun, con quienes pelea constantemente. Su marido Harihar Ray, un sacerdote viajero, pasa largas temporadas lejos de casa. La familia vive sumergida en deudas y constantemente se enfrenta a dificultades morales y económicas. Es en medio de esta situación que nace Apu, un niño que vive una infancia feliz a pesar de que la muerte acecha en cada rincón. Tras una cruenta desgracia, Apu hace un descubrimiento que lo hace tomar la decisión de proteger la integridad moral de los difuntos, aprendiendo así a cargar con secretos de por vida. Al finalizar esta primera parte, lo que queda de la familia Ray se muda a la ciudad.


En Aparajito (El invencible), los Ray viven en Benarés, a orillas del sagrado río Ganges. La dura vida de las clases bajas hacen sentir sus secuelas y merman una vez más a la golpeada familia. No obstante, Apu logra entrar a la escuela y descubre que es un alumno brillante. Con el paso de los años, consigue una beca pero es necesario que viaje a Calcuta para continuar con sus estudios, alejándose de sus raíces. Es así que, mientras está lejos de casa, ocurre una desgracia más en la vida de Apu; pero ésta lo ayuda a reafirmar su decisión de permanecer en la ciudad.


La última parte en la trilogía se titula Apur Sansar (El mundo de Apu), en la que nuestro protagonista ya terminó sus estudios y busca trabajo como maestro, al tiempo que se dedica a escribir una novela épica y ambiciosa. Un amigo de la escuela le pide que lo acompañe a la boda de su prima y, en un giro bastante jocoso y conmovedor, el que iba como invitado regresa como el esposo. Entonces surge el romance y la felicidad, por breve que esta sea. Como ya es costumbre, la desgracia y la muerte vuelven a atacar. En esta ocasión, Apu abandona todo y se dedica a vagar por el país durante cinco años, renegando de su novela, de su futuro y de su descendencia. Pero el azar lo pone en el camino de sus responsabilidades, lo cual lo lleva a un desenlace duro pero esperanzador.


Influenciada por los filmes del neorrealismo italiano y los de Jean Cocteau, esta trilogía es brutalmente honesta en su manera de asomarse a la realidad, ya sea rural o urbana. A pesar de todas las tragedias que vive el personaje, no cae en el melodrama y contiene una gran cantidad de escenas poderosísimas. La música original del aclamado Ravi Shankar crea la atmósfera adecuada para las cintas. Y es un deleite percibir el evidente desarrollo de Ray como director, comenzando como un aficionado hasta alcanzar la maestría de un genio nato. Indiscutiblemente una obra maestra, conviene ver esta serie de filmes como un conjunto. Las más de cinco horas y media de duración se sienten un poco pesadas al principio pero conforme avanzan, la historia es tan absorbente que captura al espectador por completo.

domingo, 31 de julio de 2011

Ay, dolor, ya me traes de encargo


Para el maratón casero de películas de este mes que termina, decidimos hacer una selección de historias de amor y dolor para llorar a moco tendido toda la noche. Revivimos malos momentos, exorcisamos demonios personales y, aunque suene a masoquismo, en verdad pasamos de un buen rato.


La noche arrancó con Annie Hall (Woody Allen, Estados Unidos, 1977), conocida en nuestro país bajo el improbable título de Dos extraños amantes. Esta obra maestra retrata con gran honestidad las dificultades de una relación amorosa, desde el momento en que dos personas se conocen, pasando por todos los momentos buenos y malos, hasta llegar al inevitable final. Como atractivo adicional, el personaje principal es un cinéfilo neurótico con quien algunas personas (no me imagino quién) se pueden identificar.


Continuamos con Tiempo de volver (Garden State, Zach Braff, Estados Unidos, 2004). Esta es una película que se aproxima más bien a la comedia romántica y tiene un final feliz, pero es dolorosa para mí por motivos personales. Viéndola nuevamente le encontré sus detallitos negativos, pero dentro de todo sigo considerándola una buena película. Aunque debo admitir que pudo más que yo y me dejó en un estado un tanto deplorable. Un joven regresa a su ciudad natal para el funeral de su madre, se reencuentra con viejas amistades, confronta a su distante padre e incluso encuentra el amor. Suena simple, pero lo bonito está en los detalles.


Posteriormente siguió ¿Quién le teme a Virginia Woolfe? (Who's afraid of Virginia Woolfe?, Mike Nichols, Estados Unidos, 1966), basada en la obra teatral del mismo nombre. La adaptación no es tan buena, pues se nota que viene de teatro por la falta de movimiento de sus personajes y la reducida cantidad de locaciones. No obstante, la historia es brutalmente buena: una pareja con varios años de matrimonio reciben en su casa a otra pareja más joven tras una fiesta. En medio del jolgorio y la convivencia amigable, el barniz de la cortesía se empieza a descarapelar para dejar expuestas las fallas de los involucrados. Matrimonios por conveniencia, parejas que se dedican a hacerse la vida miserable el uno al otro, errores del pasado que atormentan a quienes los cometieron, sueños frustrados y un rencor que perdura a través de los años nos muestran la dolorosa decadencia de los matrimonios. Honesta y atroz, como debe ser una obra de arte.


Después fue el turno de Lágrimas del Tigre Negro (Fa Thalai Chon, Wisit Sasanatieng, Tailandia, 2000), aportación de nuestros nuevos asistentes Azul y Bastardo. Curioso western que oscila entre el melodrama al estilo de los hermanos Almada y la acción violenta del cine de Tarantino, nos cuenta la historia de un amor prohibido entre una joven de la alta sociedad y un forajido. Los principales puntos fuertes del filme son su uso estilizado de los colores sobresaturados y la violencia muy bien coreografiada. Pero las actuaciones acartonadas y el ritmo un tanto pesado me resultaron poco gratas. Eso sí, tiene un par de momentos excelentes y el final escapa por completo de lo convencional, muy satisfactorio.


Como el sol ya estaba por salir, decidimos ver un cortometraje. Como no encontramos I'm Here (Spike Jonze, Estados Unidos, 2010) escogimos uno que no viene al caso con la temática del maratón: The Amazing Screw-on Head (Chris Prynoski, Estados Unidos, 2006). Basado en un comic de Mike Mignola -creador de Hellboy,- este corto animado fue realizado como un piloto para una posible serie televisiva. Mucho humor negro, narra las aventuras de un defensor de los Estados Unidos que enfrenta a zombies, vampiros, hombres lobo y otras abominaciones, auxiliado por un perro disecado, su fiel sirviente (bueno, el más reciente, pues siempre mueren) y una serie de cuerpos intercambiables a los cuales se ajusta su cabeza.


Ahí terminó el maratón oficialmente, sin embargo yo lo continué en casa viendo This Movie Is Broken (Bruce McDonald, Canadá, 2010). Cuando estuvo en la Cineteca no pude verla y se me antojaba bastante. Participa en ella el grupo Broken Social Scene pues la trama gira en torno a un concierto que dan en Toronto. Un chico tiene un crush por una chica desde hace quince años y por fin se acostó con ella. Lo malo es que en dos días parte con rumbo a París para estudiar una maestría o algo así. A continuación el spolier en letras blancas, resalten el texto si quieren leerlo: para quedar bien con ella, consigue pases para el backstage del concierto, durante el cual discuten y se separan. El chico sufre por haber perdido a la chica. Ingiere grandes cantidades de bebidas alcohólicas. Regresa a su casa acompañado por su mejor amigo, todavía sufriendo por haber perdido a la chica. Pero a la mera hora, su amigo lo besa y ya no le importa haberla perdido. Luego la chica llega a su casa, no le incomoda ver que los chicos fornicaron gustosos y se besa con el chico, el cual consideradamente grabó la parte del concierto de la cual ella se perdió. ¿Cómo? Por eso desconfío de la mayoría de los cineastas canadienses, si no es Cronenberg lo más seguro es que apeste. Pero las partes del concierto están chidas.


Y para no quedarme con las ganas, busqué en internet el corto de Spike Jonze. No me encantó la historia, aunque la melancolía que evoca y los vestuarios de los personajes están de lujo. En lugar de reseñarlo, compartiré con ustedes la liga. Véanlo y fórmense su propia opinión.

Al otro lado del corazón

(Rabbit Hole, John Cameron Mitchell, Estados Unidos, 2010)

¿Al otro lado del corazón? ¿En serio? ¿Qué clase de traducción es esa? Pero bueno, el chiste es hablar de la película, no de la pésima elección del título en español. Adaptada de una obra de teatro de David Lindsay-Abaire, la transición al lenguaje de cine se hace muy bien. Se agregan personajes, se le da movimiento a las situaciones y a los lugares. Vamos, no se siente como una obra de teatro filmada, sino como lo que es: una película.

Becca y Howie pasan por tiempos difíciles. Gradualmente se nos va develando el hecho de que su hijo de cuatro años murió meses atrás. La cinta nos muestra las distintas formas de enfrentar la muerte de un ser querido: algunos se aferran a sus recuerdos como lo único que los une al fallecido, otros prefieren deshacerse de las cosas que les hacen pensar en el mismo, algunos más se ausentan por no saber qué decir, hay quienes pierden la perspectiva tras los años y quienes se cruzan de brazos y se consuelan pensando ingenuamente que una indescifrable voluntad tiene un plan para todos. Me gustó el tono antirreligioso de la película, la cual opta por abordar temas pseudo-científicos que igualmente pueden ayudarnos a aceptar las cosas.


El título viene de un comic realizado por un personaje. No les diré quién es éste para no revelarles la trama, simplemente compartiré con ustedes que su historieta es sobre el hijo de un científico que, tras la muerte de su padre, atraviesa los "agujeros de conejo" que el mismo descubrió para buscar a su progenitor en dimensiones paralelas. El arte del comic estuvo a cargo de Dash Shaw, artista indie cuyos trabajos han sido publicados por Fantagraphics Books principalmente (también colaboró en ambos volúmenes de Strange Tales para Marvel Comics). Otro aspecto relacionado con el mundo de las viñetas es la playera que luce el mismo personaje, con la imagen de una de las creaciones de Fletcher Hanks, Stardust (mostrado en la foto).


Tiene sus aciertos, maneja bien el drama sin llegar al exceso, si me preguntaran yo le cambiaría un par de detallitos cerca del final, pero me pareció bastante buena. Lo que sí es que me dejó pensando. En las películas, o más bien en la ficción en general, los personajes pasan por cosas amargas pero eventualmente las superan. En la vida real, me parece que hay cosas que nunca dejamos atrás. Para no dejarlos con esa nota tan, no sé, ¿pesimista?, prefiero compartir con ustedes un dibujo de Stardust realizado por uno de mis dibujantes favoritos, Mike Allred.