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lunes, 28 de noviembre de 2011

Primeras partes (casi) siempre fueron buenas


El pasado mes de octubre, como es costumbre, la Neurobunch y allegados nos reunimos en la afamada KGB para llevar a cabo nuestro maratón casero de cine. Esta vez decidimos revisitar aquellas primeras partes de sagas que poco a poco fueron desvirtuándose o mutando hasta convertirse en algo que casi nada tiene que ver con sus orígenes.


Antes de arrancar, tuvimos una pequeña función especial. Nuestro querido Carlos Meléndez, director estrella, proyectó para nuestro beneficio el primer capítulo de la serie Herida abierta, titulado El huésped. Pudimos disfrutar de dicho trabajo antes que nadie, pero lo reseñaré con mayor detenimiento cuando hable de su proyección dentro de Noctambulante.


Ya entrados en gastos, vimos otro trabajo de Carlos: Foco rojo. Este cortometraje fue realizado como parte del 48 hour film project México, el cual reunió a catorce grupos de participantes y, sorteando géneros, dio ciertos lineamientos para realizar filmes de máximo siete minutos. Cabe mencionar que el resultado de los esfuerzos de Mr. Blue (la productora de Carlos) fue merecedor del premio del público, entre otros. Sigan esta liga si quieren verlo ustedes mismos.


Para entrar en materia con el tema del maratón, arrancamos con Viernes 13 (Friday 13th, Sean S. Cunningham, Estados Unidos, 1980). Como con casi todas las slasher films, es interesante ver la postura moralista que condena el sexo entre adolescentes. Debido a un descuido de jóvenes consumidos por la calentura de sus hormonas, un jovencito murió ahogado. Desde entonces, una presencia vengativa se dedica a exterminar a quienes dan rienda suelta a sus pasiones carnales. Y a los que no también. Curiosamente, esta primera entrega no recurre a elementos sobrenaturales y forma parte más bien del género de terror, el cual fue abandonado por el horror desde la segunda parte.


Luego tocó su turno a Pesadilla en la calle del infierno (A nightmare on Elm street, Wes Craven, Estados Unidos, 1984), la cual cuenta con la primera actuación de un Johnny Depp muy chavito. La primera vez que vi este filme, el año pasado, tenía tanto sueño que me sentía como los personajes, pensando "no te quedes dormido, no te quedes dormido." Esta vez pude disfrutar mucho más de la magia de Craven, el cual se ha convertido en principal portavoz del subgénero slasher desde hace varios años. De nuevo son adolescentes calenturientos quienes se ven acosados, pero esta vez la amenaza es de origen sobrenatural y busca vengar un crimen de los padres al invadir el espacio onírico de sus víctimas. Lo mejor de la película es el planteamiento de que un sueño nunca es sólo eso.


Continuamos con The Texas Chain Saw Massacre (Tobe Hooper, Estados Unidos, 1974), quizá la primera película en la cual un demente armado con una sierra eléctrica corretea a una chica que grita desaforada a través de un bosque. "Inspirada" en el caso real de Ed Gain, lo impactante de este filme es su nivel de realismo casi documental, el cual convenció a muchos espectadores en su época de que estaban presenciando algo verídico. Si bien no me encanta pues considero que le falta historia -se limita a presentar a un grupo de personajes que nunca se desarrollan y mueren rápida y brutalmente-, su importancia histórica es innegable.


Para terminar, vimos la primera de Chucky, el muñeco diabólico (Child's play, Tom Holland, Estados Unidos, 1988). Ignoro si ese era su título en español, pero así es como todos la conocemos. Holland, de quien también conozco Fright Night (Estados Unidos, 1985), hace un excelente trabajo experimentando con una cámara en primera persona desde la perspectiva del diminuto asesino. Un criminal de la peor calaña es herido mortalmente y, para preservarse, transfiere su esencia a un muñeco. Posteriormente, intentará hacerse con un cuerpo nuevo, eligiendo al niño que dichoso recibió al malhabido juguete como obsequio. En general, las siguientes dos secuelas me parecían bastante buenas también, pero esta primera parte es excelente y autocontenida. Me recordó esas tardes cuando la pasaban en el canal 5 y no podía evitar quedarme pegado al televisor.

jueves, 29 de septiembre de 2011

No temas a la oscuridad (ayer y hoy)

(John Newland, Estados Unidos, 1973/Troy Nixey, Estados Unidos, 2011)

El pasado domingo, los miembros de la Neurobunch nos reunimos para hacer nuestro propio programa doble de cine: vimos la versión original de esta película en DVD para después ir al cine a ver el remake. Como todos somos seguidores acérrimos de todo lo que haga Guillermo del Toro (sí, todos), queríamos ver la versión de los 70 para saber qué llevó a Memo a coescribir y producir la nueva.

Este gato de los créditos iniciales ni siquiera viene al caso...

La primera película ya tiene status de culto y no es por nada: cuenta la historia de una mujer que se muda con su marido a la antigua casa de sus abuelos, donde inadvertida e imprudentemente libera unas presencias malignas que no descansarán hasta acabar con ella. No obstante, tiene sus fallas. Las criaturas no pasan de ser una amenaza menor y demasiado contenida, además de ser sólo tres. Una vez que aparecen a cuadro se pierde el encanto, la verdad no han envejecido nada bien. Incluso hay graves errores de producción, con escenas de noche filmadas a plena luz del sol. Interesante como curiosidad, pero definitivamente no tan memorable como era de esperarse.

Como que tres monstuitos no daban tanto miedo... ¿qué tal cientos de ellos?

En cambio, el remake... Es un claro ejemplo de por qué se deben hacer remakes y cómo. Respeta profundamente todos los elementos del material fuente sin necesidad de copiarlos cuadro por cuadro. Y más allá de solamente acercarla a nuevas generaciones, corrige y aumenta la historia, dándole más cuerpo, más "carnita." Se explican y justifican a la perfección los aparentes huecos narrativos. Se rinde homenaje explícito a Arthur Machen, así como otros de manera velada a otros muchos autores de la literatura de horror: Algernon Blackwood, H. P. Lovecraft, Edgar Allan Poe y Peter Straub.

Y también el aspecto de las "hadas" es más temible ahora.

Las criaturas se vuelven una amenaza real, tanto en número como en peligrosidad. Además, se les inscribe firmemente dentro de la corriente en la cual las hadas son auténticos monstruos y no los seres inofensivos en los cuales se han convertido dentro del imaginario colectivo, al igual que en la obra de Neil Gaiman y en otra obra de del Toro, El laberinto del fauno (México-España, 2006). Hablando de Gaiman, varios elementos me recordaron a Coraline: la casa "nueva" con la "puerta" misteriosa, la niña que debe valerse por sí misma al enfrentar la oscuridad fantástica.

La misteriosa puerta tras la cual acecha el horror.

Entre las adiciones, se decidió de manera bastante acertada hacer a la protagonista una niña, cambiando la "obstinación femenina" que desencadena el problema en la original (mostrada bajo una luz un tanto misógina) por una auténtica curiosidad infantil que responde a necesidades afectivas. Para actualizar la trama no hace falta poner elementos sórdidos o extremos, basta con introducir una familia dividida, una búsqueda profesional comprensible y las dificultades de criar niños hoy en día, en particular si son ajenos.

Katie Holmes, engalanando la pantalla.

Gran tensión -dramática y hasta física-, buenos sustos que hasta lo hacen brincar a uno, un gran guión -se nota la mano de Memo en el mismo-, buenos efectos visuales y actuaciones sólidas hacen de esta cinta quizás una de las mejores del año, indispensable verla.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Something blue...


Con motivo de la próxima boda de mis queridos amigos Ana Paula y Miguel, la Neurobunch decidió dedicar el maratón del mes que termina a películas que giran en torno a uniones matrimoniales. O algo parecido. Podrían imaginarse que vimos pura comedia romántica pésima (sólo vimos una), pero es un hecho que hay bastante buenas películas del tema. Entre las que a la mera hora no entraron a la programación pero valen la pena está El hijo de la novia (Juan José Campanella, Argentina, 2001). También nos quedamos con las ganas de ver la versión original de El padre de la novia (Father of the bride, Vincente Minelli, Estados Unidos, 1950) y Matrimonio por conveniencia (Green card, Peter Weir, Estados Unidos-Francia-Australia, 1990).


Dimos por comenzada la noche viendo Conversando con la otra (Conversation(s) with other women, Hans Canosa, Estados Unidos, 2005), quizás la mejor película de toda la noche. Para empezar, tiene su lado experimental pues durante todo el metraje se recurre a la split-screen de una manera bastante inteligente: por lo general un lado de la pantalla la muestra a ella y el otro a él, aún si están juntos, creando una sensación de soledad y aislamiento además de reforzar las perspectivas que pueden ser prácticamente idénticas o radicalmente distintas; en otros momentos se usa una mitad de la pantalla para reflejar lo que alguno de los personajes piensa, imagina o recuerda. La película nos presenta a una dama de honor "de emergencia" invitada de último momento a una boda a la cual no quería ir, en la cual empieza a interactuar con un hombre que aparentemente quiere ligársela... ¿o será que se conocen de antes? Poco a poco la historia nos va revelando los papeles que juega cada uno hasta llegar a un clímax con mucha carga emocional, pasando por profundas reflexiones sobre el amor, el matrimonio, la infidelidad, las posibilidades futuras y las oportunidades desperdiciadas.


La segunda función fue de mi favorita Susanne Bier, Después de la boda (Efter brylluppet, Dinamarca-Suecia, 2006). Como todo en la filmografía de Bier, es todo un dramononón. Un hombre que dirige un orfanato en India que está a punto de quebrar es invitado a su natal Dinamarca para intentar conseguir un donador para apoyar a la institución. Ya estando ahí, el benefactor en potencia decide invitarlo a la boda de su hija el fin de semana, en lo que toma una decisión. Reencuentros amargos, secretos revelados, paternidad inesperada y mucho llanto es lo que les espera en esta cinta que reflexiona sobre el temor a la muerte, la humildad, la prepotencia y la compasión. Buenísima.


Luego continuamos con Viaje sin boda (Sveitabrúðkaup, Valdís Óskarsdóttir, Islandia, 2008) que, debo admitir, la recordaba mejor. Una pareja decide casarse en una iglesia rural en medio de la nada, para lo cual contratan dos camiones de pasajeros: en uno va la novia, en otro el novio y los invitados se reparten entre los dos. Llegan personas non gratas, se revelan indiscreciones, se desatan peleas, los anillos no aparecen y todo es un caos bastante interesante... si no son las tres de la mañana y hace un calor del demonio. Creo que todos nos quedamos dormidos en esta. La recomiendo solamente como una curiosidad y para verla sin sueño.


Para finalizar nuestra jornada cinéfaga vimos La mejor de mis bodas (The wedding singer, Frank Coraci, Estados Unidos, 1998). Nunca la había visto completa, solo algunos cachitos. Debo admitir que me hizo reír en algunas partes, me encantó el personaje del viejito borracho y me quitó el sueño. Pero también hay que admitir que es pésima, que Adam Sandler no sabe actuar y que perpetúa todos los clichés del amor romántico. Nunca en la vida volveré a verla.

domingo, 31 de julio de 2011

Ay, dolor, ya me traes de encargo


Para el maratón casero de películas de este mes que termina, decidimos hacer una selección de historias de amor y dolor para llorar a moco tendido toda la noche. Revivimos malos momentos, exorcisamos demonios personales y, aunque suene a masoquismo, en verdad pasamos de un buen rato.


La noche arrancó con Annie Hall (Woody Allen, Estados Unidos, 1977), conocida en nuestro país bajo el improbable título de Dos extraños amantes. Esta obra maestra retrata con gran honestidad las dificultades de una relación amorosa, desde el momento en que dos personas se conocen, pasando por todos los momentos buenos y malos, hasta llegar al inevitable final. Como atractivo adicional, el personaje principal es un cinéfilo neurótico con quien algunas personas (no me imagino quién) se pueden identificar.


Continuamos con Tiempo de volver (Garden State, Zach Braff, Estados Unidos, 2004). Esta es una película que se aproxima más bien a la comedia romántica y tiene un final feliz, pero es dolorosa para mí por motivos personales. Viéndola nuevamente le encontré sus detallitos negativos, pero dentro de todo sigo considerándola una buena película. Aunque debo admitir que pudo más que yo y me dejó en un estado un tanto deplorable. Un joven regresa a su ciudad natal para el funeral de su madre, se reencuentra con viejas amistades, confronta a su distante padre e incluso encuentra el amor. Suena simple, pero lo bonito está en los detalles.


Posteriormente siguió ¿Quién le teme a Virginia Woolfe? (Who's afraid of Virginia Woolfe?, Mike Nichols, Estados Unidos, 1966), basada en la obra teatral del mismo nombre. La adaptación no es tan buena, pues se nota que viene de teatro por la falta de movimiento de sus personajes y la reducida cantidad de locaciones. No obstante, la historia es brutalmente buena: una pareja con varios años de matrimonio reciben en su casa a otra pareja más joven tras una fiesta. En medio del jolgorio y la convivencia amigable, el barniz de la cortesía se empieza a descarapelar para dejar expuestas las fallas de los involucrados. Matrimonios por conveniencia, parejas que se dedican a hacerse la vida miserable el uno al otro, errores del pasado que atormentan a quienes los cometieron, sueños frustrados y un rencor que perdura a través de los años nos muestran la dolorosa decadencia de los matrimonios. Honesta y atroz, como debe ser una obra de arte.


Después fue el turno de Lágrimas del Tigre Negro (Fa Thalai Chon, Wisit Sasanatieng, Tailandia, 2000), aportación de nuestros nuevos asistentes Azul y Bastardo. Curioso western que oscila entre el melodrama al estilo de los hermanos Almada y la acción violenta del cine de Tarantino, nos cuenta la historia de un amor prohibido entre una joven de la alta sociedad y un forajido. Los principales puntos fuertes del filme son su uso estilizado de los colores sobresaturados y la violencia muy bien coreografiada. Pero las actuaciones acartonadas y el ritmo un tanto pesado me resultaron poco gratas. Eso sí, tiene un par de momentos excelentes y el final escapa por completo de lo convencional, muy satisfactorio.


Como el sol ya estaba por salir, decidimos ver un cortometraje. Como no encontramos I'm Here (Spike Jonze, Estados Unidos, 2010) escogimos uno que no viene al caso con la temática del maratón: The Amazing Screw-on Head (Chris Prynoski, Estados Unidos, 2006). Basado en un comic de Mike Mignola -creador de Hellboy,- este corto animado fue realizado como un piloto para una posible serie televisiva. Mucho humor negro, narra las aventuras de un defensor de los Estados Unidos que enfrenta a zombies, vampiros, hombres lobo y otras abominaciones, auxiliado por un perro disecado, su fiel sirviente (bueno, el más reciente, pues siempre mueren) y una serie de cuerpos intercambiables a los cuales se ajusta su cabeza.


Ahí terminó el maratón oficialmente, sin embargo yo lo continué en casa viendo This Movie Is Broken (Bruce McDonald, Canadá, 2010). Cuando estuvo en la Cineteca no pude verla y se me antojaba bastante. Participa en ella el grupo Broken Social Scene pues la trama gira en torno a un concierto que dan en Toronto. Un chico tiene un crush por una chica desde hace quince años y por fin se acostó con ella. Lo malo es que en dos días parte con rumbo a París para estudiar una maestría o algo así. A continuación el spolier en letras blancas, resalten el texto si quieren leerlo: para quedar bien con ella, consigue pases para el backstage del concierto, durante el cual discuten y se separan. El chico sufre por haber perdido a la chica. Ingiere grandes cantidades de bebidas alcohólicas. Regresa a su casa acompañado por su mejor amigo, todavía sufriendo por haber perdido a la chica. Pero a la mera hora, su amigo lo besa y ya no le importa haberla perdido. Luego la chica llega a su casa, no le incomoda ver que los chicos fornicaron gustosos y se besa con el chico, el cual consideradamente grabó la parte del concierto de la cual ella se perdió. ¿Cómo? Por eso desconfío de la mayoría de los cineastas canadienses, si no es Cronenberg lo más seguro es que apeste. Pero las partes del concierto están chidas.


Y para no quedarme con las ganas, busqué en internet el corto de Spike Jonze. No me encantó la historia, aunque la melancolía que evoca y los vestuarios de los personajes están de lujo. En lugar de reseñarlo, compartiré con ustedes la liga. Véanlo y fórmense su propia opinión.

lunes, 20 de junio de 2011

Livin' la vida loca


En esta ocasión, el tema del neuro-maratón para el mes de julio fue la locura. De una lista de cerca de veinte distintas películas, hicimos una selección para pasar la noche viendo manicomios, alucinaciones y demencia. (Para quienes no sepan de qué hablo, les comento de volada que entre un grupo de amigos autodenominado la Neurobunch organizamos una vez al mes un maratón nocturno de cine; hay buena compañía, buena charla, buenas películas, pizzas caseras, café, refresco, etc.; si se les antoja asistir, no duden en hacérmelo saber.)


Para empezar, vimos Equus (Sidney Lumet, Reino Unido-Estados Unidos, 1977), basada en la obra de teatro del mismo nombre que fue centro de una reciente polémica por la participación de Daniel "Harry Potter" Radcliffe como el protagonista. La historia es narrada por un psicólogo cuya visión del mundo -y de la utilidad de su profesión- se han visto destruidas tras su encuentro con el joven Alan Strang, quien fue puesto bajo su cuidado tras dejar ciegos a seis caballos con una hoz. Una historia en la que la represión sexual se une a la culpa católica para trastornar la auténtica pasión y convertirla en algo dañino que necesita ser eliminado. No dudo que Alan Moore se haya inspirado en esta obra para la secuencia en que Rorsarch le revela su origen al psicoanalista, derrumbando así su mundito de orden y pulcritud.


Proseguimos con Crónicas de un asesino en serie (también conocida como Memories of murder o bien Salinui chueok, Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2003), la cual fue la excepción de la noche pues no se trataba de un retrato de la locura... pero teníamos muchas ganas de verla. Un grupo de policías provincianos se ven incapaces de resolver una serie de crímenes debido a sus limitados recursos. Al igual que (como se rumora) ocurre en México, estos "detectives" recurren a golpear a un sospechoso hasta que éste admita culpabilidad. Las cosas cambian cuando envían a un policía de Seúl para ayudar con la investigación. Basada en el primer caso conocido de asesinos seriales en ese país, también adapta el guión de una obra teatral inspirada en los mismos hechos.


La siguiente función fue Atrapado sin salida (One flew over the cuckoo's nest, Milos Forman, Estados Unidos, 1975), con la que quizás sea la mejor actuación de Jack Nicholson. Basada en la novela del mismo nombre, nos cuenta la historia de un criminal de poca monta al cual internan en un psiquiátrico para ver si su agresividad es ocasionada por un desequilibrio mental. Viéndose en relativa libertad, McMurphy se la pasa de lo lindo confrontando con su caos al orden encarnado en la enfermera principal, Mildred Ratched. Un montón de locos que más bien necesitan comprensión, un intento de fuga, una fiesta nocturna, los métodos inhumanos con que se acostumbraba "curar" los malestares mentales y un personajazo increíble -el Chief- se van entrelazando hasta culminar en un confrontamiento con la vida misma en riesgo. Todas las actuaciones son estupendas, es una de esas películas obligatorias para todo buen cinéfago.


Como empezamos tarde y las tres películas duran poco más de dos horas cada una, el sol nos sorprendió al salir antes de lo que hubiéramos deseado, impidiéndonos ver más. Fue por eso que pedí algunas "para llevar" y continué en casa tras unas cuantas horas de sueño. Continué con Jacob's Ladder (Adrian Lyne, Estados Unidos, 1990), thriller psicológico sobre un veterano de Vietnam que regresa de la guerra para descubrir que su hijo menor falleció durante su ausencia. Esto lo lleva a abandonar a su esposa y a sus otros dos hijos, dejar su prominente carrera para trabajar como cartero y a vivir sumido entre la depresión, la paranoia y visiones demoníacas. Mezclando una conspiración militar con drogas experimentales y flashbacks sobre la guerra, la película es memorable por el final "inesperado" que, al menos yo, vi venir desde el principio.


La última función en mi segunda parte al maratón fue Lunacy (ŠíleníJan Švankmajer, República Checa-Eslovaquia, 2005). Adaptando libremente un par de cuentos de Edgar Alan  Poe y tomando elementos de la literatura del Marqués de Sade, el director checo hace uso de algunas herramientas del cine de terror para reflexionar sobre la locura y las formas de tratarla. La blasfemia y el libertinaje, ¿son síntomas de desequilibrio? Después de todo, ¿qué es normal y quién lo decide? Tal vez la aparente cordura es sólo otra forma de insania, quizás todos en el mundo estamos locos.

Para terminar esta reseña, compartiré con ustedes un cortometraje de Švankmajer que viene como extra en el dvd. Tampoco tiene que ver con la locura, pero está muy divertido.

martes, 17 de mayo de 2011

¡Por mi madre, bohemios!


Con motivo del reciente festejo de día de las madres, la Neurobunch decidió hacer el maratón de este mes dedicado a las progenitoras. Como dijo Ana Paula en la invitación: "Porque pueden enseñarnos desde cómo amarrarnos las agujetas hasta cómo deshacernos de un cadáver, porque con ellas aprendimos a querer y a sentir culpa, no hay mejor ocasión que esta para festejarles."


La noche arrancó con Madre e Hijo (Мать и сын en el alfabeto cirílico, o bien Mat i syn, Aleksandr Sokurov, Rusia-Alemania, 1997), película muy "de arte," muy bonita, sobre los últimos momentos compartidos por una madre moribunda con su hijo ya adulto. Una buena reflexión sobre la inversión de papeles, sobre cómo los hijos toman el papel de protectores cuando sus padres ya no pueden valerse por sí mismos. Muy en la escuela de Tarkovsky, Sokurov recurre a tomas largas (con todo y el pasto siendo agitado por la brisa otoñal). Advertencia: no la vean si a) no les gustan esas películas en las que "no pasa nada" o b) si tienen mucho sueño y hace harto calor.


La segunda función fue mi favorita de la noche, Carrie (Brian De Palma, Estados Unidos, 1976). La historia creo que ya todos la conocemos: una jovencita tiene su primera menstruación pero ésta resulta traumática pues su madre fundamentalista nunca le habló del tema. La gran tensión psicológica a la que se enfrenta Carrie hace que se manifiesten en ella poderes telequinéticos. La chica popular planea ridiculizarla en público. En la tradicional noche de graduación, lo que parecía ser un sueño hecho realidad se convierte en una auténtica pesadilla... para Carrie y para todos los que la rodean. Basada en la primera novela de Stephen King, reafirma el lugar de De Palma como el gran maestro del cine enimentemente visual: su sentido de la narrativa sin palabras es incomparable.


Luego tocó el turno a Mother (마더 o, transcrito a nuesto alfabeto, Madeo, Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2009). Ya antes habíamos visto otra película de este director, la maravillosa The Host (괴물 o Coemul, Corea del Sur, 2006), la cual mezclaba descaradamente el drama, la acción, la comedia, la sátira y la crítica anti-yanqui en una película de mosntruos. Para ésta, su siguiente película, deja a un lado la mezcla de géneros y aborda la trama con gran sobriedad. Una viuda es madre de un perfecto inútil y, cuando este es acusado de asesinato, hace hasta lo imposible por limpiar su nombre. Secretos y revelaciones tienen lugar.


Ya para terminar, vimos Animal Kingdom (David Michôd, Australia, 2010). Esta cinta nos narra la historia de J, un joven que tras perder a su madre por una sobredosis se va a vivir con su abuela. Ésta es la matriarca de una prominente familia de criminales y narcotraficantes. J se ve envuelto en medio de una guerra entre sus tíos y un grupo de policías fuera de control, su vida y la de su novia corren peligro y entre tantas facciones (policías honestos, policías asesinos, policías comprados, narcos, familiares y adictos) no sabe para dónde moverse. El ritmo de la película es un poco tedioso y plano, además de que se tarda mucho en llegar a un final que no me gustó del todo, pero es bastante buena.

Cada vez platicamos más y vemos menos películas, pero las veladas son siempre igual de gratas. Entre el intercambio de libros, las botanas, la conversación y las deliciosas Sierpizzas, los neuro-maratones son un evento al cual nunca faltaré.

lunes, 25 de abril de 2011

Mi casa es su casa (sobretodo si está embrujada)


Para dar inicio al segundo año de maratones caseros de la Neurobunch y compañía, esta vez cambiamos de sede a la nueva casa de Ana Paula y Miguel, también conocida como la KGB (Kitty & Gruñis Beach, o si lo prefieren, Kitty & Gruñis, Bitch!). Y qué mejor manera de estrenar departamento que viendo películas de casas embrujadas, ¿no creen? Luego dicen que somos extraños...


Bien, pues la acción empezó con un clásico, The Amityville Horror (Stuart Rosenberg, Estados Unidos, 1979). Supuestamente basada en hechos reales, cuenta la historia de la familia Lutz: una joven madre de tres, Kathy, recién casada con su nuevo marido George. Éstos compran una enorme casa que cubre sus necesidades y además la consiguen barata por su mala fama, ya que un año atrás los anteriores ocupantes fueron masacrados en ella.


Renventando el cliché de la casa embrujada, esta película se mantiene vigente gracias a su maravilloso soundtrack y a una buena tensión dramática que logra cautivar el interés del espectador mientras se desenvuelve el misterio. Sin gran despliegue de efectos especiales, se apoya más en la bien desarrollada trama. Y la guapísima Margot Kidder nos hizo sudar en más de una ocasión.


Después tocó su turno a House on Haunted Hill (William Castle, Estados Unidos, 1959), en la que un excéntrico millonario decide hacer la fiesta de cumpleaños de su cuarta esposa en una mansión embrujada. Para incentivar a los asistentes, ofrece diez mil dólares a cada uno de los que pasen la noche completa en el lugar... o a sus herederos, si es que no sobreviven. Una serie de intrigas y una muy mala relación con su nada amorosa esposa llevan a la historia por lugares inesperados, con uno que otro susto.


La película es francamente malona, con unos huecotes en la trama imposibles de justificar, pero entretiene. Y vale la pena verla, si no por otra cosa, por la presencia de Vincent Price como el organizador del evento. Se le hizo un remake en 1999, pero ni por equivocación lo vería.


La cinta que se robó la noche fue Wait Until Dark (Terence Young, Estados Unidos, 1967), aunque esta no es de fantasmas sino la excepción a la regla. Trata sobre unos narcotraficantes que quieren recuperar un envío de heroína oculto en una muñeca, la cual fue a parar al departamento de una mujer ciega y su esposo. Haciendo que el marido se ausente, tres rufianes deben engañar a Susy para que les ayude a encontrar a la muñeca, mas ella empieza a sospechar y con ayuda de una vecinita se da cuenta del peligro que corre.


Basada en una obra de teatro pero bien adaptada al lenguaje cinematográfico, la historia está cimentada en sólidas actuaciones y en un ritmo implacable que no da descanso al espectador mientras se angustia por el destino de Audrey Hepburn.


Para aguantar el sueño en la hora más difícil de la madrugada, escogimos una película ligerita. Carlos insistía en que Casper (Brad Silberling, Estados Unidos, 1995) era una joya incomprendida y menospreciada. Yo no tenía recuerdos gratos de ella, además de que nunca me cayó bien el personaje, pero dada la insistencia de mi amigo (y que, de no ser en un maratón, sé que nunca la habría vuelto a ver) decidimos incorporarla a la programación.


Admito que es bastante divertida y tiene algunas situaciones graciosas que me hicieron reír. Varios de los personajes tienen bastante riqueza, Bill Pullman es un actorazo y la joven Christina Ricci se ve muy linda. Lo único malo es que la mayoría de las escenas en las que sale el personaje titular apestan, y es difícil ignorar al protagonista al evaluar una película. Mas fuera del final excesivamente cursi y meloso, no me arrepiento de haberla visto.


Para cerrar con broche de oro, vimos Poltergeist (Tobe Hooper, Estados Unidos, 1982). Nunca antes la había visto y sentía mucha curiosidad por ella. Con la icónica imagen de una niña güerita frente a una televisión con estática, empieza la historia de la mencionada cría que puede escuchar las voces de fantasmas a través de la televisión. A través de fenómenos sobrenaturales, estos entes se manifiestan y se apoderan de la infante, dejando a su familia desesperada y buscando formas de recuperarla.


Producida por Steven Spielberg, hay que reconocer que ese hombre sabe cómo hacer cine y cuándo dejarle el mando a alguien más adecuado. La cinta muestra claramente la influencia de este productor así como del director. En un momento, la historia se asemeja a Close encounters of the third kind (Steven Spielberg, Estados Unidos, 1977) pero con espíritus en lugar de alienígenas. Aunque también hay una presencia auténticamente maligna que no tiene buenas intenciones para con la pequeña. Con buenos momentos de horror y efectos especiales que no han envejecido de la mejor manera, vale la pena ver esta película.

martes, 5 de abril de 2011

En el principio fueron los zombies...


Todo empezó con un comentario en un correo electrónico: "estaría bien hacer un maratón de todas las películas de zombies de Romero." Se empezó a planear el evento, se iba a llevar a cabo en diciembre de 2009, pero a la mera hora se canceló. Yo pensé que ya nunca lo haríamos, pero en enero empezamos a planearlo nuevamente y el primer sábado de febrero de 2010 nos reunimos unos cuantos amigos para ver películas de zombies toda la noche. A la mera hora no fueron sólo de Romero. La pasamos tan bien que decidimos volver a hacerlo el siguiente mes. Desde entonces, algún sábado de cada mes nos reunimos en casa de Kitty para desvelarnos y ver películas toda la noche. Pedimos pizzas, comemos botanas, tomamos café y uno a uno vamos cayendo. A la mañana siguiente, completamente estropeados, nos retiramos para volver a reunirnos treinta días después.

Si hablamos estrictamente, el aniversario se cumplió en febrero, pero no fue sino hasta marzo que pudimos festejarlo. Para conmemorar la ocasión decidimos, en lugar de escoger un tema para la programación de la noche, que cada uno de los miembros de la Neuropandilla escogería una de sus películas favoritas para compartirla con los demás.


Por situaciones de último momento, no pudimos contar con la presencia de Carlos pero sí lo tuvimos en espíritu a través de su sugerencia, 8 1/2 de Federico Fellini (Italia, 1963). Esta maravillosa película es una de las pocas que pueden considerarse perfectas. Mostrando de manera casi autobiográfica la vida y trabajo del realizador, incluyendo sus fantasías y sus dificultades maritales, esta cinta en glorioso blanco y negro nos cautiva de principio a fin y es obligatorio para todo cinéfilo verla al menos una vez en la vida.


Después continuamos con mi recomendación, Dentro de la piel (Dans ma peau, Marina de Van, Francia, 2002). Esta película, que podríamos considerar como "gore de arte", la conocí cuando empecé a ir a la Cineteca y podríamos decir que refleja mi relación con el cine: adictiva, obsesiva y hasta cierto punto autodestructiva. Me parece una de las películas más sensuales que he visto (ojo: no dije "eróticas") y es un disfrute verla, sobretodo por las reacciones que causa en el resto de los espectadores.


La tercera función fue elegida por Ana Paula. Se trató de Caracter (Karakter, Mike Van Diem, Países Bajos-Bélgica, 1997), película de corte bastante kafkiano que narra la retorcida historia de un joven, hijo ilegítimo de un prominente y temido recolector de impuestos, y sus terribles encuentros con su progenitor. El protagonista cuenta su vida a sus interrogadores, quienes lo arrestaron tras encontrar el cuerpo sin vida de su padre. En una nota más bien cómica, también podría decirse que es una versión alternativa de Star Wars, con todo y su Darth Vader...


A la hora más difícil de la noche vimos El cazador de trolls (Trolljegeren, André Øvredal, Noruega, 2010), recomendación de Óscar y Gaby. Inevitablemente comparada con The Blair Witch Project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, Estados Unidos, 1999), nos cuenta a manera de falso documental la historia de unos cineastas que siguen a un cazador ilegal, para descubrir que sus presas son criaturas míticas. Lo mejor de la película son todos los detalles folclóricos que se mencionan sobre los trolls. Nos pareció bastante entretenida... bueno, a los que la vimos completa, pues la mayoría cayeron rendidos.


Para terminar, Miguel aportó Tesis (Alejandro Amenábar, España, 1996). Es en definitiva una película "levantamuertos," a todos se nos quitó por completo el sueño. Nunca había tenido oportunidad de verla y no me decepcionó para nada, estuvo a la altura de las elevadas expectativas que tenía. Algo que me pareció impresionante es que, a pesar de no ser tan vieja la película, es una clara evidencia de lo rápido que ha avanzado la tecnología desde los años 90: discos floppy para la computadora PC, cámaras de vídeo gigantescas, cassettes de VHS y otros vestigios de hace apenas dos décadas nos hacen ver lo mucho que han cambiado las cosas. La historia de intriga y suspenso logra hacernos dudar de todos los personajes sin que caiga en el fastidio, el impecable guión ata todos los cabos y da material para reflexionar.

Y con eso terminamos, ahora empieza un nuevo ciclo de maratones caseros con el cual seguiremos compartiendo películas y veladas de mucho disfrute.