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martes, 29 de noviembre de 2011

Masacre en Xoco


No hay mejor manera de pasar las fechas de Halloween y Día de muertos que viendo películas de horror. En la Cineteca Nacional lo saben, es por eso que organizaron una masacre en el pueblo de Xoco por segundo año consecutivo. En 2010, la masacre tuvo un inicio modesto, con dos películas y una charla cada día durante tres días, cerrando con un maratón de seis películas a lo largo del último día. Esta vez, la carnicería creció: a lo largo de tres tardes y un día completo, se proyectaron un total de quince películas, entre clásicos en formato 35 mm y estrenos internacionales. A continuación reseñaré brevemente las películas que pude ver (las que no reseño es porque ya las había visto en otra ocasión).


El primer día fue nombrado "La violencia entre nosotros", con tres filmes que retratan a gente común y corriente que por algún motivo u otro deben recurrir a la violencia. En Dios me lo ordenó (God told me to, Larry Cohen, Estados Unidos, 1976) se explora el fenómeno tan común en Estados Unidos en la década de los 70: los francotiradores y asesinos anónimos que se dedicaban a matar transeúntes al azar, muchas veces diciendo obedecer designios divinos. Fue la respuesta de Cohen al Superman de los comics, retratando a un alienígena que llega a la Tierra pero con no tan buenas intenciones.

 

Al día siguiente, se revisaron algunos "Clásicos del horror mexicano," comenzando con El espejo de la bruja (Chano Urueta, México, 1960). Al igual que en otra de sus películas, El barón del terror (México, 1962), la historia es buena pero tiene algunos huequitos y los efectos especiales van en detrimento del disfrute de la cinta. Y la época no es pretexto, hay cosas de décadas anteriores que logran crear efectos realistas en mayor medida. Una mujer es envenenada por su esposo para poder casarse con otra. Su madrina, una bruja, usa sus poderes para facilitar la venganza de su protegida. Con una secuencia inicial reminiscente de Häxan (Benjamin Christensen, Suecia-Dinamarca, 1922), la película empieza bien pero después se cae un poquito.


Siguió Misterios de ultratumba (Fernando Méndez, México, 1958), del mismo cineasta que dirigió El vampiro (México, 1957), la cual es más conocida pero, a mi parecer, menos lograda. La película trata sobre un pacto entre científicos, por medio del cual acuerdan que el primero en morir le comunicará al otro qué hay en el Más Allá. Introduciendo varios personajes más en una trama compleja desarrollada con buen ritmo y excelentes manejos, los sucesos se van desarrollando hasta que se cumple un destino funesto que había sido vaticinado al principio, demostrando que la arrogancia científica debe conocer sus límites.


La tercera función de la tarde fue Santo contra las lobas (Jaime Jimpenez Pons y Rubén Galindo, México, 1976). Tal vez el intento más serio por hacer una auténtica película de horror con el Enmascarado de Plata, su estética realista que casi raya en lo documental ayuda a crear una atmósfera verosímil que, sin embargo, no logra mantenerse hasta el final. Vamos, si vemos una película del Santo no podemos esperar gran credibilidad y el humor involuntario nunca está lejos. El ritmo pesado de la historia pudo más que yo y admito, no sin vergüenza, que me perdí del final.


La tercera jornada fue dedicada a "El terror ayer, hoy y siempre". El ayer fue representado por Tarantula (Jack Arnold, Estados Unidos, 1955), uno de esos clásicos de los años 50 que marcaron el subconsciente colectivo de la humanidad con criaturas gigantescas que, hasta la fecha, siguen populando la pantalla de plata. A pesar de sus limitaciones, los fotomontajes y efectos especiales están muy bien logrados y crean la verosimilitud necesaria para que la historia de un arácnido de proporciones brobdingnaguianas nos absorba (a menos, claro, que el espectador carezca del criterio suficiente para contextualizar el filme con su época).


El cine de hoy fue representado por El sanatorio (Miguel Gómez, Costa Rica, 2010), película que cuenta con el privilegio de ser la primera obra del género producida en su país. Comienza francamente mal, con un humor demasiado bobo y un abuso de la palabra "mae" (en un afán por demostrar que el lenguaje autóctono no alienaría a audiencias de otros países). Este falso documental sobre un sanatorio supuestamente embrujado cambia inadvertidamente de tono, dejando la parodia para volverse comedia bien hecha, con buenos chistes y ocurrencias bien manejadas. También ayuda la inclusión del atractivo de Mariana, personaje que hace de investigadora y que, con su nubilidad, logró convencerme de no abandonar la sala de cine. Una vez más cambia el tono de la cinta, de nuevo sin que se sienta forzado, al auténtico horror sobrenatural. A pesar de que la secuencia final es innecesaria, la película en su totalidad se salva y puedo decir que valió la pena verla. Y no sólo por la chica guapa.


El cuarto y último día de la masacre fue un maratón que revisó distintas propuestas del cine de género. Arrancó con Sobre-natural (The mist, Frank Darabont, Estados Unidos, 2007), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Stephen King, de claras resonancias lovecraftianas. Bastante bien hecha, aunque en general no soy tan fan de ciertos elementos característicos de King. Me desagradan las posibles implicaciones del final y siento que la historia debería haber terminado varios minutos antes, pero de todas formas es recomendable.


Matar a un extraño (To kill a stranger, Juan López Moctezuma, México, 1982) es una cinta de culto a cargo de quien se dio a conocer con la controversial Alucarda (México, 1978). Alejándose del horror para explorar más bien el terror, nos presenta a Angélica María como una cantante italiana que decide reunirse con su marido en un país europeo no especificado, el cual está bajo el yugo de una brutal y represiva dictadura militar. Su coche rentado se accidenta en medio de la carretera y, en medio del camino, en un país extraño, sin hablar el idioma local, sin formas de comunicación (un recordatorio de que la gente no tenía celulares en alguna época), esta mujer recibe ayuda de un anciano. Pero éste, al llevarla a su hogar, demuestra no tener buenas intenciones. Un thriller implacable que obliga al espectador a preguntarse qué haría en una situación similar.


Dentro de la extensa filmografía de Tobe Hooper está Fuerza siniestra (Lifeforce, Gran Bretaña, 1985), que se niega a encasillarse en un sólo subgénero y rompe los límites entre ciencia ficción y horror. Plantea la existencia de una raza alienígena que dio origen al mito de los vampiros, quienes accidentalmente son traídos de vuelta a la Tierra y traen con ellos oleadas incontenibles de muerte. Con la impresionante presencia de Mathilda May -quien. por cierto, permanece desnuda durante casi todo su tiempo a cuadro-, la historia se desarrolla hasta alcanzar una victoria pírrica en nombre de la humanidad. O lo poco que queda de ella al final.


Otro estreno fue Sudor frío (Adrián García Bogliano, Argentina, 2010), película que no fue de mi agrado. Con un par de villanos que podrían dar para mucho más, los reduce a un par de viejos cascarrabias que desde chicos fueron sádicos y, al terminar su reino del terror como agentes del gobierno, decidieron torturar a la juventud para castigarla por su supuesta ignorancia. Retratando el choque generacional como algo vanal, abusando del diseño de audio para crear el efecto deseado en el público, recurriendo a excesos innecesarios y a desnudez gratuita (aunque de esa no me quejo tanto), me pareció francamente insufrible.


La última película que vi del maratón fue Masacre en el infierno (The Texas Chainsaw Massacre 2, Tobe Hooper, Estados Unidos, 1986), la cual se aleja muchísimo del tono de la primera entrega en esa saga (reseñada aquí). De por sí no me gusta mucho que digamos la original, esta secuela me pareció peor pues se reduce a secuencias en que una chica guapa corre gritando a todo pulmón, perseguida por un maniático con sierra eléctrica. Sí, eso me pareció un acierto en la primera película pues creó un cliché, pero repetirlo es otra cosa. Según Wikipedia, Hooper asegura que el tono de humor negro también estaba presente en la película original, pero los espectadores no lo notaron por el contenido realista e impactante. Tal vez, pero definitivamente los niveles de sátira se vuelven absurdos y ridículos en esta secuela y me dejaron con un mal sabor de boca.

Noctambulante - 3er Aniversario


Pareciera que fue ayer cuando el Galerón cerró sus puertas y, a los pocos meses, se anunció el modesto principio de un nuevo proyecto de Pánico de Masas: el Noctambulante. Todo comenzó una noche, en el jardín de una casa vacía en Coyoacán. La concurrencia fue limitada, pero la programación fue satisfactoria. Con el paso de estos tres años, nuestro pequeño mosntruo ha crecido desmedidamente. Nunca me hubiera imaginado que en alguna ocasión se rebasarían los mil espectadores en un maratón. A finales del mes pasado festejaron su tercer aniversario, el cual fue presagiado por el siguiente promo, dirigido por mi querido Carlos Meléndez y con un cameo de quien escribe estas palabras:


Repitiendo una de las sedes utilizadas anteriormente, se dio cita al público noctámbulo en el Centro Cultural Carranza -cuyas áreas fueron rebautizadas en honor a Vincent Price, Dario Argento, Tom Savini y George A. Romero. Las festividades dieron inicio el viernes 28, con la presentación de la revista electrónica conmemorativa del evento, con textos sobre cine, horror y demás intereses del público frecuente. Denle click acá para leerlo y/o descargarlo.


El atasque de películas comenzó con Llámenme Mike (Alfredo Gurrola, México, 1979) y contamos con la presencia del director para presentarla. Miguelito es un policía que asume la culpa por evidencia -cocaína- "desaparecida" por su superior tras una redada. En la cárcel es atacado por otros presos y termina con heridas craneales graves. Al recuperar la consciencia, se redenomina Mike (léase como "maik") y cree estar inmerso en intrigas internacionales contra los comunistas. Pero al enfrentar sus amenazas imaginarias, devela la red de corrupción que -aún ahora- está presente en todos los niveles de las supuestas fuerzas del orden.


Lo que vi a continuación fue el estreno oficial de El huésped, primer capítulo de la serie social de horror Herida abierta. Carlos Meléndez es también quien está tras este proyecto, el cual se propone hacer historias de calidad que giren en torno al horror sobrenatural en capítulos autocontenidos que se difundirán por medio de las redes sociales. En esta primera entrega, Abel y Aurora empiezan a vivir juntos en una casa que están restaurando, pero él empieza a sentirse mal: se siente observado, escucha ruidos extraños y su cuerpo empieza a mostrar cambios sutiles pero inquietantes. Rindiendo homenaje tanto a David Cronenberg como a Horacio Quiroga, esta historia versa sobre transformaciones orgánicas como reflejo de cambios psicológicos.


Posteriormente vi Hisss (Jennifer Lynch, Estados Unidos-India, 2010), que es una cosa extraña y no sé si me gustó. La hija de David Lynch sin duda tiene una forma peculiar de hacer cine, o al menos de escoger sus proyectos. Me gustó mucho Vigilancia extrema (Surveillance, Estados Unidos, 2008) y me emocionaba el prospecto de ver ésta, su más reciente obra, pero me llevé una decepción. Realizada como una producción comercial de Bollywood, esta historia sobre la Nagin -una especie de diosa/cobra hindú que busca venganza al ser separada de su reptílea pareja- podría caber perfectamente en la programación de Cinema Golden Choice, con todo y sus efectos especiales no tan bien logrados. No soy especialista en cine hindú, pero sí creo que Lynch le imprime una mayor dosis de violencia y sangre en su aproximación.


Debido a un cambio en la programación, terminé viendo una que no planeaba ver. Guinea Pig 3: He never dies (Masayuki Kusumi, Japón, 1986) es la tercera entrega en esta serie, infame por lo detallado y realista de los efectos especiales usados para mostrar violencia y mutilaciones diversas. Nunca me habían llamado la atención, el morbo no es uno de mis principales motores, pero al menos esta película tiene un tono más bien ligero. Un joven se encierra en casa para intentar suicidarse, pero al contarse y no sentir dolor sigue cortando y cortando hasta darse cuenta de que, como dice el título, no puede morir. Entonces decide utilizar esta dudosa ventaja para "torturar" a otros haciéndoles presenciar su automutilación.


La siguiente función la ocupó Dellamorte dellamore (Michele Soavi, Italia-Francia-Alemania, 1994), también conocida como Mi novia es un zombie o Cemetery man. Esta delirante película mezcla horror, comedia y erotismo de buena manera, contando la historia de un guardián de cementerio que se encarga de mantener a los muertos en sus tumbas cuando éstos regresan. Enamorándose de una viuda, su vida cambia drásticamente con la llegada de distintas variaciones de la misma mujer. Como me quedé dormido en una parte aparentemente importante de la cinta, no sé bien cómo interpretarla. No obstante, me gustó mucho y me parece muy buena, sin duda volveré a verla.


La última función de esta primera jornada fue Hobo with a shotgun (Jason Eisener, Canadá, 2011). Al igual que Machete (Robert Rodriguez & Ethan Maniquis, Estados Unidos, 2010), el origen de esta película fue el trailer "de a mentiras" que se hizo para Grindhouse (Quentin Tarantino & Robert Rodriguez, Estados Unidos, 2007) para después verse expandido a una obra completa. Similarmente, recurre a un guión al más puro estilo de las producciones de bajo presupuesto, a la violencia extrema y a los discursos improbables. Es divertida, ingenua y maniquea, aunque prefiero el idealismo moral que la ambiguedad sociopática que, por ejemplo, podemos ver en Super (James Gunn, Estados Unidos, 2010).


Pero aquí no acaba la cosa. Al día siguiente hubo más actividades, comenzando con pláticas a las cuales, lamentablemente, no pude asistir. También hubo más festín fílmico, comenzando con In the mouth of madness (John Carpenter, Estados Unidos, 1995). Quizá la más lovecraftiana de las obras de este director, incluso el título hace referencia a dos de las principales obras de Lovecraft, jugando con Innsmouth y las montañas de la locura. Un investigador para una compañía aseguradora analiza los casos alrededor de la supuesta desaparición de un prolífico autor de novelas de horror cósmico, develando un oscuro secreto que surgió como un engaño pero al poco tiempo se convirtió en realidad, amenazando a toda la existencia. Cada vez me gusta más y más este director, tengo ganas de revisar su filmografía completa.


The comedy of terrors (Jacques Tourneur, Estados Unidos, 1964) es una divertida comedia negra sobre un enterrador (Vincent Price) que intenta matar a su suegro (Boris Karloff) para quedarse con el negocio. Como de por sí las ventas no van bien, se dedica a matar gente adinerada para después enterrarlos, ayudado por su reticente secuaz (Peter Lorre) -quien en secreto está enamorado de la esposa de su patrón. Una serie de complicaciones macabras llevan a un desenlace por demás hilarante, si bien un tanto siniestro. Como dato adicional que puede ser de interés, es la penúltima cinta de Tourneur, pionero del cine de serie b.


Desde hace tiempo tenía ganas de ver La noche del terror ciego (Amando de Ossorio, España, 1971), concretamente desde que leí El horror en el cine y en la literatura, de Norma Lazo. También el director español César del Álamo la mencionó como una película de horror indispensable en la filmografía del género en su país. Con elementos que no pueden faltar en una buena película de horror (al menos en mi opinión), mujeres hermosas con poca ropa y tendencias bicuriosas, la historia es meramente un pretexto para mostrar caballeros templarios zombies. Obviamente tiene muchas deficiencias, pero no me decepcionó en lo más mínimo.


Por fin se me hizo ver la más reciente película de George A. Romero, Survival of the dead (Estados Unidos, 2009). Con algunos personajes de su cinta anterior, Diary of the dead (Estados Unidos-Canadá, 2007), Romero continúa con su reboot de la serie que le dio fama. Al igual que en el comic The walking dead, se nos presenta a grupos aislados de sobrevivientes tras el holocausto zombie que enfrentan a los redivios día a día, así como unos a otros. Como en todas las buenas historias de zombies, lo importante es lo que hace la gente en circunstancias extremas, no tanto el hecho de que los muertos se nieguen a permanecer muertos y que tengan un apetito insaciable. Romero nos demuestra que aún tiene el toque que lo convirtió en el rey de los zombies (figurativamente, claro) introduciendo elementos nuevos que mantienen fresca la franquicia en particular y el subgénero de muertos vivientes en general.


Aquí me toca poner una queja a los organizadores: tenía planeado ver Room 205 (Martin Barnewitz, Dinamarca, 2007) pero, debido a que les valieron los horarios y adelantaron su proyección, cuando llegué al área en que estaba ya llevaba veinte minutos de empezada. Y me niego a ver una película empezada. Molesto, no tuve más que dirigirme a otra área donde volví a ver Elukka (Tatu Pohjavirta, Finlandia, 2005), la cual ya antes había revisado en este blog. También pasaron Freaks (Tod Browning, Estados Unidos, 1932), la cual he visto muchas veces y, aunque me sigue pareciendo excelente, ya me la sé de memoria. Entonces decidí dormir un poco. También reseñé esta cinta con anterioridad, cuando estuvo en otro Noctambulante.


Y así terminaron los festejos, con mucho cansancio pero gran satisfacción. Supongo que todo el público que sigue fielmente al proyecto está ansioso por ver qué sigue, así como para seguir apoyando iniciativas como las playeras de colección Serie B, la renovación de la página de internet del colectivo y sus nuevas secciones (incluyendo una escrita por su servidor) y lo que sea que se les ocurra a continuación. Como quien dice, esto no se acaba con un FIN sino con un CONTINUARÁ...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Primeras partes (casi) siempre fueron buenas


El pasado mes de octubre, como es costumbre, la Neurobunch y allegados nos reunimos en la afamada KGB para llevar a cabo nuestro maratón casero de cine. Esta vez decidimos revisitar aquellas primeras partes de sagas que poco a poco fueron desvirtuándose o mutando hasta convertirse en algo que casi nada tiene que ver con sus orígenes.


Antes de arrancar, tuvimos una pequeña función especial. Nuestro querido Carlos Meléndez, director estrella, proyectó para nuestro beneficio el primer capítulo de la serie Herida abierta, titulado El huésped. Pudimos disfrutar de dicho trabajo antes que nadie, pero lo reseñaré con mayor detenimiento cuando hable de su proyección dentro de Noctambulante.


Ya entrados en gastos, vimos otro trabajo de Carlos: Foco rojo. Este cortometraje fue realizado como parte del 48 hour film project México, el cual reunió a catorce grupos de participantes y, sorteando géneros, dio ciertos lineamientos para realizar filmes de máximo siete minutos. Cabe mencionar que el resultado de los esfuerzos de Mr. Blue (la productora de Carlos) fue merecedor del premio del público, entre otros. Sigan esta liga si quieren verlo ustedes mismos.


Para entrar en materia con el tema del maratón, arrancamos con Viernes 13 (Friday 13th, Sean S. Cunningham, Estados Unidos, 1980). Como con casi todas las slasher films, es interesante ver la postura moralista que condena el sexo entre adolescentes. Debido a un descuido de jóvenes consumidos por la calentura de sus hormonas, un jovencito murió ahogado. Desde entonces, una presencia vengativa se dedica a exterminar a quienes dan rienda suelta a sus pasiones carnales. Y a los que no también. Curiosamente, esta primera entrega no recurre a elementos sobrenaturales y forma parte más bien del género de terror, el cual fue abandonado por el horror desde la segunda parte.


Luego tocó su turno a Pesadilla en la calle del infierno (A nightmare on Elm street, Wes Craven, Estados Unidos, 1984), la cual cuenta con la primera actuación de un Johnny Depp muy chavito. La primera vez que vi este filme, el año pasado, tenía tanto sueño que me sentía como los personajes, pensando "no te quedes dormido, no te quedes dormido." Esta vez pude disfrutar mucho más de la magia de Craven, el cual se ha convertido en principal portavoz del subgénero slasher desde hace varios años. De nuevo son adolescentes calenturientos quienes se ven acosados, pero esta vez la amenaza es de origen sobrenatural y busca vengar un crimen de los padres al invadir el espacio onírico de sus víctimas. Lo mejor de la película es el planteamiento de que un sueño nunca es sólo eso.


Continuamos con The Texas Chain Saw Massacre (Tobe Hooper, Estados Unidos, 1974), quizá la primera película en la cual un demente armado con una sierra eléctrica corretea a una chica que grita desaforada a través de un bosque. "Inspirada" en el caso real de Ed Gain, lo impactante de este filme es su nivel de realismo casi documental, el cual convenció a muchos espectadores en su época de que estaban presenciando algo verídico. Si bien no me encanta pues considero que le falta historia -se limita a presentar a un grupo de personajes que nunca se desarrollan y mueren rápida y brutalmente-, su importancia histórica es innegable.


Para terminar, vimos la primera de Chucky, el muñeco diabólico (Child's play, Tom Holland, Estados Unidos, 1988). Ignoro si ese era su título en español, pero así es como todos la conocemos. Holland, de quien también conozco Fright Night (Estados Unidos, 1985), hace un excelente trabajo experimentando con una cámara en primera persona desde la perspectiva del diminuto asesino. Un criminal de la peor calaña es herido mortalmente y, para preservarse, transfiere su esencia a un muñeco. Posteriormente, intentará hacerse con un cuerpo nuevo, eligiendo al niño que dichoso recibió al malhabido juguete como obsequio. En general, las siguientes dos secuelas me parecían bastante buenas también, pero esta primera parte es excelente y autocontenida. Me recordó esas tardes cuando la pasaban en el canal 5 y no podía evitar quedarme pegado al televisor.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Los comics van al cine (por tercera vez)


Los colaboradores de la revista Comikaze han estado organizando maratones nocturnos de cine de manera trimestral. No me enteré del primero, el segundo coincidió con un neuromaratón casero. No me iba a ser posible asistir al tercero tampoco, pero afortunadamente se pospuso el compromiso que tenía para esa fecha y pude darme una vuelta. Ya tenía rato -meses- de no ir a maratones nocturnos y buena falta me hacía. El evento aquí reseñado tuvo datos de trivia, café, regalos, revistas Comikaze (con un coqueto botón de Swamp Thing) y muchas cosas más. En general, fue una grata experiencia y ya quiero que organicen otro.


La noche arrancó con el primer episodio de la serie japonesa de Spider-Man, titulado algo así como Supaidaman: Time of revenge has come! Beat down Iron Cross group! En 1978, Marvel cedió los derechos sobre el personaje a la Toei, otorgándoles el permiso de hacer lo que quisieran con el mismo. El resultado fue una serie en la cual sólo se conserva el nombre del héroe y su traje de spandex, pero todo lo demás es radicalmente distinto: con poderes de origen extraterrestre, Takuya Yamashiro combate al grupo Iron Cross para vengar la muerte de su padre, enfrentando a monstruos gigantes asistido por su propio robot Leopardon, al más puro estilo Ultraman.


Luego vimos una auténtica antigüedad, el primer episodio del primer serial de películas de Batman, producido en 1943: The electrical brain. Dirigido por Lambert Hillyer, con Lewis Wilson y Douglas Croft como los primeros Batman y Robin de carne y hueso, este serial se apega mucho al espíritu de los orígenes del personaje, más como un vigilante pulp que como un superhéroe. Y combatiendo la amenaza amarilla tan característica de esa época.


La siguiente función fue Flash Gordon (Mike Hodges, Estados Unidos, 1980). Ingenua, ligera y bienintencionada, musicalizada por Queen, esta cinta es una auténtica joya. De esas cosas que, si hacemos a un lado la pedantería, podemos ver que son maravillosas por su espontaneidad que la acerca al cine de serie B, a pesar del gran presupuesto con el cual gozó. La edición que se proyectó incluye una breve entrevista con el ilustrador extraordinario Alex Ross, quien elaboró la portada para la misma (mostrada arriba), y que nos explica precisamente por qué es indispensable ver esta película al menos una vez en la vida.


Como el final del capítulo de Batman nos dejó tan picados, vimos el segundo episodio: The bat's cave. Lamentablemente, todos los episodios terminan en cliffhanger, por lo que habré de conseguir el resto del serial para verlo por mi cuenta. Pero vale la pena, es de esos clásicos que envejecen con dignidad.


En el momento más difícil de la noche tocó turno a Swamp Thing (Wes Craven, Estados Unidos, 1982). Cosa rara, atípica en la filmografía del reconocido director de horror, con un ínfimo presupuesto y un disfraz para el personaje que deja mucho que desear, padece de un ritmo lento y un tanto pesado, más aún a esas alturas de la madrugada. Preferiría por mucho volver a ver la serie televisiva que surgió a raíz de esta película.


Acercándonos al final, vimos Nick Fury: Agent of S.H.I.E.L.D. (Rod Hardy, Estados Unidos, 1998). Cinta hecha para televisión -y se nota-, con un guión a cargo de David S. Goyer -famoso hoy en día por sus guiones para los filmes de Batman dirigidos por Christopher Nolan- y la infame aparición de David Hasselhoff como el personaje titular. Lo que sea de cada quien, a pesar del bajo presupuesto y lo que podría esperarse de la participación del otrora "guardián de la bahía", el resultado es bastante cercano al espíritu de los comics de los 90. Vale la pena darle una oportunidad.


Para terminar la noche, vimos Super (James Gunn, Estados Unidos, 2010), película que nunca tuvo estreno comercial en nuestro país. Cuando vi el trailer, pensé que se tratar´¿ia de una especie de "Kick-ass meets Juno" por la estética indie y el tema de un vigilante urbano que decide hacer justicia por su propia mano inspirado por los superhéroes de las viñetas. No podía estar más equivocado. El realizador, quien comenzó su carrera escribiendo guiones para la Troma, nos presenta a gente enferma que se involucra en situaciones enfermas con desenlaces igualmente enfermos. Personas con moralidad más que ambigua, que pierden el control de lo que están haciendo y derraman sangre de manera preocupante. La violencia mostrada es muy realista y cruda, alejándose de lo que en un principio podría hacer sido graciosos y resultando francamente brutal. Inquietante y perturbadora, esta cinta amerita hablar a más profundidad de ella, cosa que haré más adelante.

Y así terminó una bonita velada de mucho spandex, superpoderes y datos geeks. Mis felicitaciones a los organizadores, se ve que saben hacer maratones nocturnos.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Something blue...


Con motivo de la próxima boda de mis queridos amigos Ana Paula y Miguel, la Neurobunch decidió dedicar el maratón del mes que termina a películas que giran en torno a uniones matrimoniales. O algo parecido. Podrían imaginarse que vimos pura comedia romántica pésima (sólo vimos una), pero es un hecho que hay bastante buenas películas del tema. Entre las que a la mera hora no entraron a la programación pero valen la pena está El hijo de la novia (Juan José Campanella, Argentina, 2001). También nos quedamos con las ganas de ver la versión original de El padre de la novia (Father of the bride, Vincente Minelli, Estados Unidos, 1950) y Matrimonio por conveniencia (Green card, Peter Weir, Estados Unidos-Francia-Australia, 1990).


Dimos por comenzada la noche viendo Conversando con la otra (Conversation(s) with other women, Hans Canosa, Estados Unidos, 2005), quizás la mejor película de toda la noche. Para empezar, tiene su lado experimental pues durante todo el metraje se recurre a la split-screen de una manera bastante inteligente: por lo general un lado de la pantalla la muestra a ella y el otro a él, aún si están juntos, creando una sensación de soledad y aislamiento además de reforzar las perspectivas que pueden ser prácticamente idénticas o radicalmente distintas; en otros momentos se usa una mitad de la pantalla para reflejar lo que alguno de los personajes piensa, imagina o recuerda. La película nos presenta a una dama de honor "de emergencia" invitada de último momento a una boda a la cual no quería ir, en la cual empieza a interactuar con un hombre que aparentemente quiere ligársela... ¿o será que se conocen de antes? Poco a poco la historia nos va revelando los papeles que juega cada uno hasta llegar a un clímax con mucha carga emocional, pasando por profundas reflexiones sobre el amor, el matrimonio, la infidelidad, las posibilidades futuras y las oportunidades desperdiciadas.


La segunda función fue de mi favorita Susanne Bier, Después de la boda (Efter brylluppet, Dinamarca-Suecia, 2006). Como todo en la filmografía de Bier, es todo un dramononón. Un hombre que dirige un orfanato en India que está a punto de quebrar es invitado a su natal Dinamarca para intentar conseguir un donador para apoyar a la institución. Ya estando ahí, el benefactor en potencia decide invitarlo a la boda de su hija el fin de semana, en lo que toma una decisión. Reencuentros amargos, secretos revelados, paternidad inesperada y mucho llanto es lo que les espera en esta cinta que reflexiona sobre el temor a la muerte, la humildad, la prepotencia y la compasión. Buenísima.


Luego continuamos con Viaje sin boda (Sveitabrúðkaup, Valdís Óskarsdóttir, Islandia, 2008) que, debo admitir, la recordaba mejor. Una pareja decide casarse en una iglesia rural en medio de la nada, para lo cual contratan dos camiones de pasajeros: en uno va la novia, en otro el novio y los invitados se reparten entre los dos. Llegan personas non gratas, se revelan indiscreciones, se desatan peleas, los anillos no aparecen y todo es un caos bastante interesante... si no son las tres de la mañana y hace un calor del demonio. Creo que todos nos quedamos dormidos en esta. La recomiendo solamente como una curiosidad y para verla sin sueño.


Para finalizar nuestra jornada cinéfaga vimos La mejor de mis bodas (The wedding singer, Frank Coraci, Estados Unidos, 1998). Nunca la había visto completa, solo algunos cachitos. Debo admitir que me hizo reír en algunas partes, me encantó el personaje del viejito borracho y me quitó el sueño. Pero también hay que admitir que es pésima, que Adam Sandler no sabe actuar y que perpetúa todos los clichés del amor romántico. Nunca en la vida volveré a verla.

martes, 9 de agosto de 2011

¡Cine psicotrónico en 3D!


El pasado viernes 29 de julio se llevó a cabo el maratón que organizó Jorge Grajales para el mes que terminaba. La idea era explorar algunas películas en tercera dimensión realizadas mucho antes de que dicho formato perdiera su relevancia por un largo tiempo antes de gozar del resurgimiento que actualmente tiene. La concurrencia fue mucho mayor de lo anticipado, por lo que los lentes de 3D no fueron suficientes para todo el público. El no-tan-respetable se puso demasiado inquieto, pero afortunadamente Grajales se portó como todo un profesional y logró de manera heróica que se repartieran las lentillas de una manera justa y ordenada.


Para comenzar el maratón, se proyectó una selección de cortometrajes pioneros en el uso de la tecnología de anaglifos, desde trabajos experimentales de los mismísimos hermanos Lumière (¡!) hasta fragmentos y trailers de películas de los años 30, 40 y 50. Uno de los cortos incluidos explica de manera bastante jocosa el funcionamiento de esta forma de proyectar imágenes.


A continuación vimos uno de los filmes "anunciados" en los trailers: Vinieron del espacio exterior (It Came From Outer Space, Jack Arnold, Estados Unidos, 1953). Basado en un relato de Ray Bradbury, fue en definitiva la mejor pieza de la noche. Lo único malo es que el numeroso público fue bastante impertinente y parece que nunca habían visto una película de CF de los 50: se reían de cualquier idiotez y no mostraban ningún respeto por la película. Como en otros relatos de Bradbury, la verdadera amenaza no es la visita de formas de vida alienígenas sino la intolerancia propia de los (apestosos) seres humanos.


La siguiente función fue otra cinta americana del mismo año, Las mujeres gato de la luna (Cat-Women of the Moon, Arthur Hilton, Estados Unidos, 1953). Francamente malona, con efectos visuales paupérrimos, malas actuaciones y una historia que sirve meramente de pretexto para usar la tecnología de 3D de manera más que deficiente, no pude evitar quedarme dormido. De cualquier forma, no se justifica el inmaduro comportamiento de la audiencia.


Luego procedimos con Aabra Ka Daabra, la escuela de magia (Shanu Singh, India, 2004), parodia bollywoodense a Harry Potter. Como en casi todas las películas de este tipo, se fusilan cosas de aquí y de allá y hay muchos números musicales. Se nota que muchas personas de las que asistieron nunca habían visto cine de la India, pues estaban risa y risa. Dentro de lo que cabe, la película entretiene. Aunque ya con sueño, dejé de poner atención a los subtítulos y me di cuenta de que los diálogos eran totalemente superfluos: se entendía perfectamente la acción aún sin las palabras. Y la actriz que hace de la villana está muy núbil.


Dados los retrasos al empezar la velada, se canceló una de las funciones programadas y nos saltamos a la última, Las aeromozas (The Stewardesses, Al Silliman, Jr., Estados Unidos, 1969). En su momento fue la película en 3D que más fondos recaudó por sus frecuentes reestrenos, los cual se explica al mencionar que se trata de una soft porno. En verdad es bastante aburrida y el uso de las imágenes que salen de la pantalla es bastante absurdo y risible. Aquí sí, en las escenas de sexo todos estaban bien calladitos.

No viene tanto al caso pero ¿a poco no está bien chido este vestido?

Y así termina mi reseña al maratón, que parece más denuncia del desconsiderado público. Ojalá y no vuelvan a ir (o que en su defecto aprendan a callarse y a no patear los asientos de adelante). Cada vez soy más neuras, pero no me molesta.