miércoles, 15 de junio de 2011

X-Men: First Class

(Matthew Vaughn, Estados Unidos-Reino Unido, 2011)

A pesar de que no he leído el comic del mismo nombre, sé que esta película no comparte con él más que el título. En esto de las adaptaciones de comics de superhéroes no se trata de ser fieles al material fuente, sino más bien de contar buenas historias con los mismos personajes, quizás inspiradas en las historias impresas durante la vastísima continuidad de éstos. Con esto en mente, la cinta aquí reseñada comparte el espíritu de su contraparte de papel y tinta de contar el cómo empezó todo.

Estableciendo una nueva continuidad que nada tiene que ver con los comics ni con la previa serie de películas, supongo que será un empezar desde cero al igual que hará Marvel Studios con las películas de Spider-Man. Dicho lo anterior, no tiene caso lanzar peroratas alegando inconsistencias con las edades de ciertos personajes o cosas similares. Es borrón y cuenta nueva.


En esta encarnación, por algún extraño motivo se decidió darle raíces británicas a Charles Xavier. Opuesto a todo lo que acostumbra su versión adulta, este hombre interpretado por James McAvoy (como dijera mi amiga Ana Paula, de unos "veintirricos" años) no sólo camina y tiene una espesa cabellera, sino que deja a un lado la solemnidad para ser ególatra y conquistador, aunque irremediablemente buena persona.

La otra cara a su moneda, el futuro Magneto, es el que se lleva la película. Protagonizado por Michael Fassbender, demuestra la profundidad que corresponde a tan complejo personaje. Sobreviviente de Auschwitz, donde perdió a sus padres; convertido en un arma humana, criado con odio; solo en el mundo, en busca de venganza. Es así que su camino se cruza con Charles, quien le hace ver que puede recorrer un camino con menos rencor y más compañía. Para ayudar a otros, se dedican a buscar a gente con facultades diferentes para reunirlos, protegerlos y enseñarles a usar sus dones para un bien común.


Ambientada en la década de los 60, con un diseño de vestuarios y escenografías impecables, logra plantear de manera verosímil la realidad que vio nacer al concepto de los X-Men: la búsqueda de aceptación, el conflicto de imagen, la discriminación, los ideales. Si bien hay muchos personajes y no a todos se les da un desarrollo completo, la cinta se enfoca en los principales y explica el origen de varios factores importantes en su futuro sin llegar a parecer un juego de "unir los puntos."


Por el lado de los villanos tenemos al Hellfire Club, liderado por Sebastian Shaw. Aquí deja su imagen de victoriano decadente por la de todo un dandy que quiere conquistar al mundo, por qué no. Su origen, ubicado en la Segunda Guerra Mundial, me dejó un tanto perplejo pero no lo suficiente como para quejarme. Su brazo derecho es Emma Frost, la White Queen, cuyo potencial fue bastante desperdiciado. Para un personaje tan maquiavélico y manipulador, se ve reducida a una femme fatale peligrosa pero hasta cierto punto hueca que se limita a obedecer órdenes y a verse increíblemente bien. Ojalá que en las secuelas exploten más su mente retorcida y su moral cuestionable. El resto de los villanos, Azazel y Riptide (este último casi ni habla), están meramente de relleno. Meh, no aportan nada pero tampoco estorban.


Si bien los efectos especiales no son el punto fuerte del filme, el guión está escrito de manera tan cuidadosa y con tanta atención al drama de los personajes que se le perdona. El balance justo entre escenas de acción y diálogos ayuda mucho. Y a la hora de mostrar violencia, no se pone límites mojigatos. El vestuario de Magneto al final me recordó mucho al que usa en Ultimate X-Men, otro replanteamiento de la saga de estos mutantes actualizada y desde cero.

En resumen, aunque no la promocionaron tanto como Thor o Captain America: The First Avenger, esta película parece ser la carta fuerte e inesperada de Marvel este año. Y qué bien se ve Jennifer Lawrence (y no actúa nada mal)...

sábado, 11 de junio de 2011

La cruda, parte II

(Todd Phillips, Estados Unidos, 2011)

No tengo mucho que decir sobre esta película. Siendo una supuesta secuela de La cruda, parece más bien un remake. O una copia "calcada" de la original. Porque los puntos argumentales y la estructura del guión son exactamente idénticos, los personajes son los mismos y las situaciones a las que se enfrentan son demasiado parecidas. No obstante, a pesar de parecer algo que ya vimos, las diferencias nos mantienen intrigados por descubrir cómo es que ocurrió el desastre esta vez.

En esta ocasión, los estragos son aún mayores: daños permanentes, una posible muerte, tratos con gente más peligrosa. Por ende, el hecho de que al final puedan regresar a su realidad cotidiana resulta aún más difícil de creer. Además, el papel que esta cinta (y la anterior) le otorga a las mujeres es bastante marginal y denigrante... aunque no se puede esperar menos de una película protagonizada (y creada) por hombres.

Generalmente, cualquier cosa que tenga un chango me resulta buena automáticamente. Aunque éste no sea el caso, hay que hacerle justicia al changuito diciendo que el desgraciado es una de las mejores cosas en el filme. Y no deja de ser divertida, aunque no me sorprendió tanto como la primera.

WildC.A.T.s Compendium


Corría el año de 1992 cuando el mundo de los comics se vio sacudido: los artistas más prominentes de la Marvel, cansados de la falta de libertad creativa y la imposibilidad de conservar los derechos sobre sus creaciones, abandonaron la editorial en grupo para fundar Image Comics, aparente paraíso editorial para el comic de autor. Fuera de los avances en cuanto a derechos de propiedad u derechos creativos, poco fue lo que aportó esta editorial en sus principios, además del boom en las ventas y en la especulación que luego casi terminaron con el mercado de los comics por completo. Las historias publicadas durante sus primeros años se caracterizaron por un arte excepcionalmente estilizado que perpetuó el estilo hiperrealista que se puso de moda cuando estos artistas estaban en las grandes ligas.


Por el lado de las historias, dejaban mucho que desear. Violencia, balaceras, mujeres sexys, tecnología incomprensible, tramas huecas y ropas noventeras eran algunos de los males de los que padecía su narrativa. Más que nada, como se puede notar leyendo el título aquí reseñado y el de Savage Dragon, eran como títulos de Marvel que permitían subirle el tono a la violencia o a la sexualidad. A pesar de tratarse de un universo nuevo, también padecía del "mal" de la continuidad pesada, al crear interconectividad entre toda la sarta de títulos lanzados (nuevamente, imitando lo que se venía haciendo en las competidoras establecidas). Lo que sí es que muchos nuevos talentos iniciaron su carrera en los estudios de Image y, hoy por hoy, han cambiado su línea editorial para brindarnos cosas de mucha calidad y de géneros variados.


Los WildC.A.T.s, que a ratos parecen un simple fusil de los X-Men por su estética, son un equipo de híbridos de humano con una especie alienígena llamada Kherubim, que se unen en la guerra contra la raza antagonista de los Daemonites. De este modo, nos presentan una nueva interpretación del conflicto entre el bien y el mal, el Cielo y el Infierno, con un giro de ciencia ficción. Con grandes dosis de acción y tramas pesadas que a ratos se sienten en exceso complejas, la historia no deja de ser entretenida (aunque no llegue a ser una joya) y me deja con las ganas de leer más del universo Wildstorm. De hecho, las siguientes encarnaciones de los Wildcats (ya sin los incómodos puntitos) se ven interesantes.

La portada del número cero, incluído de manera gratuita junto con el trade.

Al leer este trade (que también me incluyó como extra el número cero, con una especie de precuela) disfruté de la nostalgia que me trae ver el arte de Jim Lee, el cual me recordó la etapa cuando empecé a leer comics. Como todos, y a pesar de que ahora ya no los leo tanto, empecé con los comics de acción y superhéroes.

Marciano, vete a casa


Contrario a lo que cabría suponer, en verdad hay vida en Marte. Pero los marcianos no son seres terribles ni sofisticados, no poseen gran tecnología bélica ni poderes sometedores, no vienen a esclavizarnos ni a devorarnos. Al contrario, son los pequeños hombrecillos verdes que siempre sospechamos, y llegaron a la tierra para hacernos la vida imposible con su insufrible afán de seguirnos a todas partes, divulgar todos nuestros secretos y reírse de nosotros.

Esta es la premisa que nos planteó Frederic Brown allá por el año de 1955. A diferencia de otras novelas de esa década (como la incomparable I am legend, de Richard Matheson), ésta no tiene el afán de reinventar el género ni de presentar algo de una intelectualidad erudita. Es más bien un acercamiento satírico a la novela pulp de ciencia ficción. Y es bastante buena dentro de lo que se propone.

Como todo trabajo bien elaborado, el libro explora por completo las implicaciones de su premisa en la realidad, imaginando cómo una invasión de alienígenas impertinentes afectaría la vida en la Tierra desde la política internacional hasta la intimidad sexual, pasando por la industria del entretenimiento en particular, la economía en general y la literatura: dado que los extraterrestres se han vuelto una realidad cotidiana, ahora la gente prefiere leer novelas de vaqueros.

Me gustan mucho las obras -ya sean películas, comics o libros- en las que no se explica el cómo o el por qué, sino que se da más peso a lo que sucede después. Es así que nunca se aclara el motivo de la visita de los marcianos ni los detalles de su eventual partida. Respecto al final, sin arruinarle nada a ningún posible lector futuro, sólo diré que me resulta interesante la manera en que se lleva a cabo. Coincide con muchas de mis ideas sobre magia pop y la elección colectiva de la realidad. Tal vez, así como en la historia del comic Sandman titulada A dream of a thosuand cats, sólo se necesita que cierto número de personas deseen lo mismo, al mismo tiempo, con la misma intensidad, para lograr que se vuelva realidad. Pero, al igual que uno de los gatos en dicho capítulo, me uno al escepticismo o a la carencia de ingenuidad para creer que semejante solución podría ser posible para nuestra especie tan arrogante y contradictoria.

Ya para terminar, y como es costumbre en este blog, les dejo un fragmento de la novela:

     Todo lo referente a nosotros, como individuos o como grupo, les interesaba, les divertía y era motivo de burla para ellos. Sin duda, el verdadero objeto de estudio de los marcianos era el hombre.
     Los animales no les interesaban, aunque no vacilaron en asustarlos o excitarlos cuando tal acción podía tener el efecto indirecto de molestar o perjudicar a un ser humano.
     Los caballos fueron particularmente afectados, y el montar a caballo, ya fuese como deporte o como medio de transporte, se hizo tan peligroso que llegó a ser imposible.
     Mientras los marcianos estuvieron con nosotros, sólo las personas obstinadas se atrevieron a ordeñar una vaca que no se hallase firmemente sujeta, con las patas atadas y la cabeza amarrada a un poste.
     Los perros se volvieron frenéticos; muchos atacaron a sus dueños y tuvieron que ser eliminados.
     Sólo los gatos, tras una o dos experiencias iniciales, se acostumbraron a ellos, tomándoselos con calma. Pero es que los gatos siempre han sido diferentes.

Función doble de villanos: Megamind y Despicable me


El pasado fin de semana decidí ver dos películas que se estrenaron el año pasado pero, dadas las deficiencias de la distribución en nuestro país, no pude ver en su versión original hablada en inglés. Gracias a la magia de las ediciones en dvd por fin pude disfrutar de estas dos cintas animadas.


Megamente (Megamind, Tom McGrath, Estados Unidos, 2010) es una película bastante disfrutable. Por no estar dirigida específicamente al público infantil, siento que su alcance es mucho mayor. Tomando muchos elementos de la "mitología" de Superman, se nos presenta al personaje titular, el cual es arrojado de su planeta condenado (con todo y su secuaz, Minion) en una cápsula de escape. Tal vez su destino hubiera sido uno de grandeza, de no haber sido por un bebé del planeta vecino al cual le tocaron las cosas buenas en la vida y creció para convertirse en el hijo predilecto de Metrocity, Metroman. Habiendo caído en la cárcel en lugar de en una mansión lujosa, Megamind crece con una visión muy distinta de la vida.


Con el tiempo, ambos personajes -héroe y villano- desarrollan una enemistad típica en la cual Megamind planea acabar con su némesis para terminar siendo derrotado por este, sólo para escapar de la cárcel para intentarlo una vez más, llegando al extremo de lo monótono y lo predecible. Es así que, cuando logra su cometido, su vida pierde tanto objetivo como sentido. Entonces se plantea la necesidad de un campeón para hacerle frente a su acto de villanía, ya que hacer el mal no es tan divertido si no tienes a alguien que intente (y generalmente logre) frustrar tus planes.

Simplemente AMO esta parodia de Obama...

Pero las cosas no son tan sencillas en la realidad. A la vuelta del tiempo, Megamind se encuentra cuestionando su papel como villano en un mundo que no parece necesitar de uno. Más que nada, la película se trata de cómo uno tiende a hacer lo que el resto de la gente espera, independientemente de si es lo que quiere o no. Con varios giros que resultan francamente inesperados, le da la vuelta al subgénero de superhéroes y nos da una historia fresca, divertida y a la vez emocionante. También el soundtrack rockero es digno de mención.


Mi villano favorito (Despicable me, Pierre Coffin & Chris Renaud, Estados Unidos, 2010) es, más que una película de supervillanos, una de espías malvados. Gru, el protagonista, es un tipo antisocial que se divierte haciendo el mal porque le da la gana. Los villanos en este mundo se dedican a cometer proezas de maldad dudosa, como robar monumentos y cosas similares. Para hacerse de gran fama y renombre, Gru decide robar la luna, crimen que opacará al resto de la comunidad maligna.


Pero Gru tiene un pequeño problema: una nueva generación de villanos con juventud y nuevas ideas está acaparando la escena. El Banco del Mal (reí sin parar con este concepto) se muestra renuente a otorgarle un préstamo para llevar a cabo sus planes, con justificaciones que hablan de eficiencia y oportunidades en el mundo competitivo de hoy en día. Así las cosas, debe enfrentarse a Vector, quien es a Gru lo que la Mac es a la PC (al igual que el binomio Eva/WALL-E). Para este fin, incluye como parte de su plan adoptar a tres adorables huérfanas para infiltrarlas en la guarida de su enemigo.


Con lo que no contaba era que los encantos de las niñas probarían ser demasiado para su corazón de piedra. Sus actividades paternales empiezan a interferir con su plan, por lo que el Doctor Nefario las quita del camino. En una lección que nos enseña que el triunfo no es nada sin seres queridos con los cuales compartirlo, la película nos muestra una transformación en el personaje principal que en realidad no lo es: en lugar de hacer una transición de malo a bueno, en realidad pasa más bien de incomprendido a aceptado. Gru en ningún momento deja de ser un malhechor, simplemente se da cuenta de que se divierte más haciendo sus "travesuras" acompañado. Al igual que la otra película aquí reseñada, las expectativas de otros juegan un papel muy importante en el comportamiento de los personajes.

Esta pivellina es Miranda Cosgrove, quien prestó su voz a la pequeña Margo.

También la música de esta película es notable, a cargo de Pharrell Williams de los Neptunes. La canción del inicio, con el mismo nombre de la película, es muy agradable con su mezcla de elementos del sonido del cine de espías, el R&B y el hip hop contemporáneo. Y los minions, esas extrañas criaturas amarillas que cumplen las órdenes de Gru, se llevan la película y ocasionan más de una carcajada. Y debo agregar que la versión en español, con el talento de Andrés Bustamante, no está nada mal... pero siempre preferiré ver las películas en su idioma original.

lunes, 6 de junio de 2011

Apocalipsis zombie


Una vez más, los amigos de Pánico de Masas cosecharon otro gran éxito. El maratón nocturno de cine correspondiente a este mes rompió el récord de asistencia con más de mil espectadores amantes de los zombies. A pesar de las dificultades presentadas por el reto de seleccionar una programación de películas de muertos vivientes sin llegar a ser repetitivos, me parece que el menú ofrecido logró ser propositivo, diverso y más que satisfactorio. Originalmente se planearon tres distintas áreas de proyección, pero dada la cantidad de gente que decidió acudir se improvisó una cuarta, logrando que la mayoría, si no es que todos, salieran contentos.


El lugar del evento, el Centro Cultural Juan Bosco, resultó una excelente opción: con un auditorio enorme, una alberca en cuyo fondo se ubicó una pantalla, un amplio jardín donde los sleepings y las tiendas de campaña se instalaron y una explanada bastante apropiada para reunir al público, brindó comodidad a los asistentes (esto sin mencionar las áreas que estuvieron cerradas al público, como la capilla, las mazmorras y el estacionamiento). Yo opté por escoger una sola área donde hubiera más cintas que no había visto y otras que no me molestaba volver a ver, así que pasé la noche entera (con un poco de frío) en la alberca.


Arrancamos con Bride of Re-Animator (Brian Yuzna, Estados Unidos, 1990), secuela directa a Re-Animator (Stuart Gordon, Estados Unidos, 1985) y ligeramente inspirada en el cuento Herbert West: Re-Animator, de H. P. Lovecraft. A diferencia de la primera cinta, esta no recurre tanto a la comedia para contar su historia. Con buenos momentos de gore e influencias de Bride of Frankenstein (James Whale, Estados Unidos, 1935), es buena pero llega a ser demasiado.


Luego se proyectó Boy Eats Girl (Stephen Bradley, Irlanda, 2005), la cual se va más por el lado de la comedia que no hace reír gran cosa para presentarnos a un tímido joven de prepa al cual le falta el valor para declarársele a la amiga de la cual lleva enamorado largo tiempo. A su favor se puede decir que mezcla bien al zombie "moderno" con el más tradicional con origen en el vudú. También me gustó la manera en que reflejan los conflictos emocionales típicos de los adolescentes. No obstante, los personajes son completamente planos, las "reglas" no son del todo claras y la resolución cae en el cliché, haciendo de esta película una más del montón.


Después se dio paso al maravilloso clásico The Beyond (Lucio Fulci, Italia, 1981). Nunca antes había podido ver ninguna película de Fulci y resultó ser tan bueno como esperaba. Con un soundtrack ochentero que, sin embargo, no nos saca de la película, crea ambientes de horror mezclados con fantasía, muy característicos del cine italiano de género. A pesar de llegar a ser un poco confusa, el filme está lleno de escenas que harán los deleites de los fans del horror, con tarántulas asesinas, posesiones, presencias fantasmales, libros misteriosos y cantidad de cadáveres putrefactos que se levantan al abrirse una de las siete puertas del infierno. Con un final nada complaciente, es indispensable echarle un ojo.


Proseguimos con Otto; or Up With Dead People (Bruce LaBruce, Canadá-Alemania, 2008), quizás la función más esperada en esta área. Anteriormente la había visto cuando estuvo en el FICCO hace unos años y, en esa ocasión como ahora, me pareció que es una muy buena propuesta en un terreno que más bien se llena de repeticiones de fórmulas probadas. Si no me equivoco, es la primera cinta que pone al zombie como una minoría marginada en lugar de un mal al cual debemos atacar, usándolo como símbolo de protesta en búsqueda de la aceptación de la comunidad gay. Mezclando el gore con el cine de arte y el experimental, incorporando elementos políticos y críticos y agregando un documental metaficticio (la película dentro de la película), Otto brinda una perspectiva refrescante en un sub-subgénero por demás trillado. Nos mantiene preguntándonos si el personaje titular es realmente un zombie o sólo un joven desequilibrado con el corazón roto.


Y simplemente AMO al personaje de Hella Bent (desde el nombre), novia de la directora del documental que siempre aparece como personaje de película muda, con todo y las líneas en la pantalla y los intertítulos para los diálogos. La directora misma, Medea Yarn, también es un personaje encantador, encontrando mensajes elaborados en todas las cosas. Eso sí, si son homofóbicos mejor ni la vean, pues hay muchas escenas muy explícitas.


A la hora más difícil de la noche, algo ligerito: Junk (Atsushi Muroga, Japón, 2000). Totalmente noventera, desde las gabardinas de los ladrones hasta los celulares-tabiques, con todo y balaceras excesivas y explosiones improbables. Se siente más como una película de acción gringa con influencia de John Woo, trata de unos ladrones de joyas que se ven con unos mafiosos para venderles el botín en un laboratorio abandonado. Lo que ninguno de ellos sabe es que dicho laboratorio está repleto de zombies que intentarán (con bastante éxito) devorarlos. Uno de los redivivos es particularmente inteligente (e inexplicablemente cambia de color de cabello espontáneamente). Mucho humor involuntario, es más bien malona pero entretenida.


Y siguiendo en esa línea de "tan mala que es buena," terminamos la noche con Zombie King and the Legion of Doom (o con los títulos alternativos de Zombie Beach Party o Enter... Zombie King, Stacey Case, Canadá, 2003). Una bizarra mezcla de cine de luchadores con zombies, se acerca más a las películas del Santo que a las de Romero. Un bajísimo presupuesto y pésimas actuaciones apenas disimuladas por las máscaras, esta película es realmente cheesy (ridícula)... pero también tiene mucho cheesecake (haciendo referencia a la estética de pin-up, con muchas chavas guapas, en este caso con un look decididamente rockabilly). El soundtrack se música surf es muy disfrutable, pero no alcanza a levantar un guión ingenuo y a la vez absurdo. Como nunca he sido fan de la lucha libre, las secuencias de acción me parecieron tan aburridas y falsas como dicho deporte/espectáculo. Divierte lo suficiente y no es fastidiosa, aunque nunca la volvería a ver (ni siquiera por la desnudez ni las escenas lésbicas gratuitas).

domingo, 5 de junio de 2011

The Exterminators


En 2006, el sello editorial Vertigo lanzó este título sobre la lucha entre la humanidad y la naturaleza, esta última encarnada por los insectos y animales considerados pestes en nuestro planeta. ¿Y cuál es la única línea de defensa de la humanidad? Pues los exterminadores.

La premisa inicial es que la delgada línea del equilibrio entre los seres humanos y su entorno, entre el orden y el caos, se ha roto definitivamente. Por este motivo, los seres pestilentes y repugnantes que han asediado a la humanidad a través de la historia declaran una guerra abierta a la misma, incluyendo actos terroristas organizados que nadie percibe más que los encargados de combatir a estas criaturas. Desde las típicas cucarachas, pasando por distintas variedades de roedor e incluso mapaches, el ex convicto Henry James y sus compañeros de Bug-Bee-Gone hacen frente a los gritos de auxilio de la desprevenida sociedad de Los Angeles.

Los protagonistas del comic.

Una de las cosas más interesantes de la serie son sus personajes. Podemos suponer que quien acepte un trabajo para matar todo tipo de seres rastreros no puede tener muchas opciones laborales... y que además es probable que cuente con uno que otro desequilibrio. De este modo conocemos a Stretch, un budista que se la pasa hablando en citas de Sun Tzu y otros filósofos; Kevin, un hombre que se alimenta de insectos y por las noches usa una máscara de luchador para pelear a muerte contra las ratas bajo el nombre de El Muerte Negra; Nils, el dueño de la empresa, cuyo padre oculta secretos relacionados con un socio que practicaba rituales ocultistas; Saloth Sar, el científico residente, quien escapó al juicio por crímenes de guerra cometidos en Camboya. Además de los empleados, también están los intereses amorosos de Henry: su novia Laura, escaladora social por excelencia, y la joven Page, prostituta literaria que se dedica a recrear las fantasías de bibliófilos.


Como si fuera poca la riqueza en personajes, la trama también se ve favorecida por la introducción de un veneno para cucarachas con propiedades adictivas (a la William S. Burroughs), un culto egipcio-Nazi de resurreccionistas, intrigas corporativas, supremacistas blancos que quieren eliminar a las otras "razas" como si fueran pestes y un pasado oscuro del protagonista. Si a todo esto le agregamos el contenido que Vertigo hace posible, como sexo y malas palabras, y la mezcla resultante no puede fallar.

Un ejemplo del arte de Tony Moore.

Cuando empezó a publicarse el título, una reseña en la Wizard me hizo comprar los primeros dos volúmenes, pero luego dejé de comprar comics y los guardé por un buen rato. La serie fue cancelada con el número treinta, por lo que sólo hay cinco volúmenes. Con el fin de ver si realmente eran buenos para contemplar la posibilidad de conseguir los demás, leí los dos libros que tenía. De tan buenos que son, corrí a buscar los demás. Desafortunadamente, sólo encontré el tercero. La historia es muy intrigante y, aunque se tarda un poquito en arrancar, vale la pena seguirla. Ahora haré lo posible por conseguir el resto de la serie.

Si pueden, vean la versión "censurada" y completa de esta portada...

Advertencia: dado el alto contenido gráfico de la serie, ésta no es para gente de estómago sensible. desde tripas de mapache hasta gerbilinos que explotan, el arte (a cargo en su mayor parte de Tony Moore, para quien no es novedad dibujar cadáveres llenos de insectos pues participó en el primer volúmen de The Walking Dead) es muy explícito. Y sus cucarachas mutantes están lejos de ser entrañables como la de WALL·E (Andrew Stanton, Estados Unidos, 2008).