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viernes, 13 de mayo de 2011

Sobrevivir a la vida

(Přežít svůj život, Jan Švankmajer, República Checa-Eslovakia, 2010)

El genio checo de la animación y el surrealismo regresa después de cinco años con algo que él mismo denomina una "comedia psicoanalítica:" comedia porque no hará reír a nadie, psicoanalítica pues un personaje es una psicoanalista (así lo dice el mismo Svankmajer en su introducción al filme, en el cual explica jocosamente que las películas animadas son muy cortas y por eso tuvieron que agregar una introducción, así como la razón para utilizar fotografías para ahorrarse el catering).

Svankmajer perdiendo la cabeza.

Recurriendo a una técnica de animación nueva para él, la animación con fotografías (reminiscente a la usada por Terry Gilliam cuando estaba con el Monty Python's Flying Circus), muestra sin embargo el mismo nivel de rarezas de que hace gala cuando usa el stop-motion. El filme está animado prácticamente en su totalidad, solamente los close-ups a caras, manos y pies, así como los extreme close-ups a bocas que hablan (como para resaltar la importancia de lo que dicen) muestran a los actores de carne y hueso.


De manera similar a La ciencia del sueño (La Science des rêves, Michel Gondry, Francia, 2006) la narrativa mezcla los sueños con la realidad. Pero Svankmajer es aún más transgresor: en lugar de simplemente hacer borrosa la barrera entre la vigilia y el sueño, aquí los elementos oníricos afectan y transforman la realidad no sólo del que sueña sino de todo su mundo tangible. Así, billetes aparentemente falsos cobran gran valor y es normal comprar boletos de lotería en un cine.


Evžen es un hombre común y corriente que vive un matrimonio monótono y tiene un trabajo monótono; esto se ve interrumpido cuando una hermosa mujer lo sigue en su sueño. Poco a poco empieza a obsesionarse y busca más encuentros, los cuales se dan en medio de serpientes gigantes, mujeres desnudas con cabeza de gallina y osos de peluche con penes gigantes. Al mismo tiempo, en la "realidad," comienza una terapia de psicoanálisis con el fin de poder acceder a sus sueños y tal vez entenderlos. Los retratos que su analista tiene en su despacho, de Freud y Jung, pelean constantemente y aplauden los logros de su discípula. Con esto, Svankmajer critica un poco al psicoanálisis pero también muestra su validez, su forma de ayudar a sanar vidas.


La primera mitad es muy graciosa y divertida, la segunda parte se vuelve un poco pesada sobretodo por el desarrollo de la historia con sus simbolismos e interpretaciones. No obstante, la conclusión tiene un gran poder emotivo y comunica algo que, a mi parecer, es universal. Analizando temas como la paternidad, la madurez, la forma de relacionarse con el mundo, la infidelidad y el suicidio, no se limita a la hora de hacer reflexionar al espectador.

Un beso "de lengüita" nada erótico.

Con un estreno limitado exclusivo a la Cineteca Nacional, todavía pueden verla este domingo y el próximo miércoles. Les recomiendo hagan lo posible por echarle un ojo.

lunes, 25 de abril de 2011

La sangre de un poeta

(Le Sang d'un Poete, Jean Cocteau, Francia, 1930)

Tuve el gusto de formar parte del público en una de las funciones musicalizadas de este clásico del Surrealismo. Ya antes había visto el mediometraje (en un maratón del Galerón, qué tiempos aquellos) pero esta vez contó con el atractivo adicional de la música compuesta por Steven Severin, quien fuera bajista de Siouxse and the Banshees. Como se nos dijo antes de la proyección, Severin ha musicalizado otras películas con anterioridad. La música que utilizó para la obra de Cocteau consistió principalmente en atmósferas electrónicas que evocaban sentimientos de rareza y estupefacción muy adecuadas al material en la pantalla.


Es difícil hablar de este filme pues, como toda buena obra surrealista, carece por completo de lógica y de sentido. Es común confundir al Surrealismo con el mero uso de una lógica onírica, pero esta corriente vanguardista iba mucho más lejos. La esencia del Surrealismo era la subversión, tanto política como social e intelectual. Es por esto que se buscaba deshacerse de la causalidad en la narrativa, para provocar reacciones violentas en el público.


La sangre de un poeta cumple con este cometido. Dividida en cuatro partes, las primeras dos nos muestran a un artista que tiene ciertas desventuras; la tercera parte cambia radicalmente a la historia invernal de un grupo de niños que termina en muerte y la última nos muestra una partida de póquer sobre el cadáver de un niño, bajo la mirada de aristócratas aburridos. Las interpretaciones que se pueden hacer de esta cinta son infinitas, aunque yo prefiero la postura de otro surrealista, Luis Buñuel, de disfrutar lo que se ve sin intentar descifrarlo de manera exhaustiva.

Lecciones de vuelo...


... ¡que sí sirven!